Pero, ¿qué pequeño trastorno de circular pensamiento sobre nuestras cabezas?

Hace no mucho a Julio de la Rosa lo nominaron a los Goya. Concretamente, por hacer la banda sonora de la notable La isla mínima. Parece que el mundo del cine ha tardado menos en darle el reconocimiento merecido que lo que está tardando el mundo de la música, que no acaba de tratar al gaditano con toda la gratitud que merece. Desde los tiempos de El Hombre Burbuja, Julio de la Rosa ha ido entregando trabajos muy notables, de cierta repercusión, pero que no acabaron de captar la atención merecida en festivales y esas cosas.

Hace ya un tiempo, en 2013, publicó Pequeños trastornos sin importancia (Ernie Producciones, 2013) un repaso a las relaciones de pareja en las que, al menos uno de los dos, sufre un trastorno de personalidad, y que acabó desgraciadamente estando más en boga por la foto elegida para la portada (en plena época de polémica por el machismo en el indie) que por lo que contenía. De los diez cortes que componen el quinto disco en solitario de Julio de la Rosa, que antes había grabado tres con El Niño Burbuja y uno en aquel experimento notable que fue Fantasma#3, sobresale una canción de largo metraje y mayor inspiración, ‘La fiera dentro’.

De inicio ruidoso y poco definido, como si te abandonasen por un trastorno casi límite, que te exaspera, que crea cierta anestesia afectiva, que impulsa a producir algún daño para reconocer, al final, que uno sigue vivo, van surgiendo las voces, grandes protagonistas de la canción. De esa canción que es la mejor canción del mejor disco de Julio de la Rosa. Aquí no me molesta siquiera que esté alguien tan odioso como Bunbury a lo lejos, en los coros.

Esas voces, es cierto que con unas melodías notables, elegantes y rabiosas, pero esas voces son las que van construyendo esta pequeña barbaridad sin importancia. Al final uno, interiormente, pretende huir de los discos o canciones de amor y desamor, por tema recurrente. Pero de lo que se trata es de encontrar canciones de amor y desamor (esta es ambas a la vez) en las que algo te toca. El click emocional, parte 23. Aunque no sepamos de qué va el juego, aunque nos odiemos cuando el otro se va, porque nos puede el animal. Aunque después queramos saltar si saltas. Aunque queramos cosas que exigen un contraste tal que acabar angustiado sea no ya una salida, sino la única salida dentro de la cordura. De la cordura presente en los pequeños trastornos sin importancia.

Una auténtica maravilla, tanto en la versión en estudio como en el directo.

Playlist | El tamaño sí importa

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