Muchos hemos visto palpable ese síndrome vertiginoso que se suele producir cuando a un artista o grupo novel le toca afrontar su segundo disco tras haber pegado un petardazo importante a nivel de crítica y público con el álbum debut. Ejemplos en los últimos años los hemos visto a patadas, pero aún así no es un concepto realmente actual, lleva pasando desde tiempos inmemoriales. Músicos ante la encrucijada del “¿Y ahora qué hago?” y una crítica impaciente que se termina ensañando a poco que el sucesor no tenga tanta magia como el disco que les hizo ser revelación, en muchas ocasiones haciendo un despiece injusto.

Ante semejante papeleta se tuvo que enfrentar un icono musical (y de la vida) como es Patti Smith, que vio que tras el tremendo clamor recibido por un disco ampliamente reconocido como uno de los mejores de la década (y de todos los tiempos) como es Horses (Arista,1975) le tocaba consolidar su figura. La recepción de su Radio Ethiopia (Arista, 1976) fue principalmente negativa, empleando términos como autoindulgencia o vendida para describirlo, aunque hubieron varios que supieron apreciar ese toque de crudeza y de fuerza en la producción de Jack Douglas y también la energía y actitud de la cantante.

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Sin duda no hay mejor ejemplo de la mezcla de sensaciones que produjo el disco que el propio tema homónimo, una animalada de diez minutos donde las reacciones van desde una gran bola de conformismo hasta un desafiante ramalazo expandiendo los horizontes sonoros de la artista de Chicago eternamente ligada a Nueva York. Sobra decir en qué bando me posiciono yo, pero es que este tema me puede por completo y me parece una de las mejores muestras de lo completa que era Patti Smith más allá de las piezas que primero vienen a la cabeza de la mayoría de la gente.

Esa sensación de pura anarquía, de energía libre fluyendo por cada ramificación de tu sistema nervioso, con la salvaje arrancada, esos aires tribales en la percusión y las estruendosas guitarras dominando junto a la voz de Patti. Toda una embestida hasta que a mitad de tema se van dejando llevar por una maraña de ruido y caos con gran profundidad y que sencillamente me deja perplejo. Sobran los motivos para amar a Patti Smith, y diría que ‘Radio Ethiopia’ es uno de los míos junto a muchos otros.

Playlist | El tamaño sí importa

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