Hablar de canciones en un universo tan expansivo, denso y complejo como el Metal extremo tiende a ser una tarea poco gratificante. En el caso del Black Metal, por ejemplo — sin entrar en la exorbitante duración de los temas propios del Doom Metal — , lo más habitual es que las canciones de cada disco se alarguen con facilidad por encima de los siete u ocho minutos, incluyendo larguísimas introducciones que se recrean en sus propias atmósferas, cambios dinámicos por doquier, secciones dedicadas casi en su totalidad a instrumentos no habituales dentro del género y aún más extensos pasajes de guitarras abrasivas, repetitivas y preñadas de trémolo. Todo en una sola pieza. Tratar de condensar un mensaje así de forma directa es, en el mejor de los casos, una tarea complicada.

Por eso los discos suelen ser más importantes que las canciones. En el todo, las partes encuentran su sentido, se hablan las unas a las otras, pertenecen a una narrativa consciente que supera con mucho las andanzas temáticas de la mayoría de discos Pop. En el caso de los canadienses Gris, misterioso proyecto que va camino de la década de existencia, no hace falta rebuscar las letras — en francés — por los rincones más remotos de la red para darse cuenta que los motivos conceptuales que adornan su epopeya Black Metal recorren lugares tan agradables como la muerte, la depresión, la misantropía y una profunda, total y absoluta melancolía. No estoy exagerando: uno de los seis temas que dan vida a Il était une fôret… (Sepulcharal, 2007) se titula ‘Profonde misantrophie’.

Otros se recrean en lo fantástico — ‘La Dryade’, composición Dark Folk de más de diez minutos, un juego de instrumentos de cuerda verdaderamente exquisito — y otros, como ‘Cicatrices’ tienen un perfil mucho más clásico. ‘Veux-Tu Danser?’, el tema que nos ocupa hoy, se encuentra a mitad de camino entre todos los elementos que definen el especial sonido Black Metal de Gris. Desde paisajes oscuros y tocados al ralentí donde una lacónica guitarra acústica ejerce de hilo conductor hasta estallidos de furia, rabia y electricidad donde las voces — gritadas, por supuesto — se sumergen en una maraña de guitarras destartaladas y salvajes. Son casi diez minutos, no obstante, y en ellos tienen ocasión de incluir — muy al final de la canción — incluso pequeñas gotas de piano.

‘Veux-Tu Danser?’ acaso podría servir de epítome al trabajo de Gris allá por 2007, antes de que las influencias Dark Folk tomaran de forma más evidente la conducción de su motor creativo. Todo ello culminó en el muy reivindicable y justamente aclamado À l’âme enflammée, l’âme constellée… (Sepulchral, 2013), último disco del dúo franco-canadiense hasta la fecha. Poco sabemos de sus planes de futuro dado que, al igual que muchos otros grupos de Black Metal, Gris esconden su identidad con celo, no permitiendo la promoción de sus fotografías como banda ni desvelando sus nombres reales.

¿Importa todo ese atrezzo a la hora de entender y empatizar con el universo abrasivamente emocional de Il était une fôret…? La verdad, bastante poco

¿Importa todo ese atrezzo a la hora de entender y empatizar con el universo abrasivamente emocional del grupo? La verdad, poco. Es cierto que la parafernalia de oscuridad y misticismo de la que Gris se envuelven puede contribuir — no me cabe la más mínima duda de que lo hace — a que muchos potenciales oyentes salgan espantados o, por pura pereza, se alejen de ellos. Sus portadas, su música grandilocuente y repleta de motivos para cortarse las venas o colgarse de un árbol, el exagerado volcado emocional — en Il était une fôret… es común escuchar jadeos y llantos al inicio de las canciones — , y las barreras que de forma natural un género como el Black Metal interpone entre sí mismo y el universo pueden contribuir a que haya quien interprete a Gris como una autoparodia del sí mismos.

Y quizá tengan razón. Pero al mismo tiempo estarán profundamente equivocados. Alejados de toda la retórica estética de la que se embadurnan, en este Il était une fôret…, en la larguísima letanía de ‘Veux-Tu Danser?’, se esconde un universo fascinante y un viaje apasionante a través de lo más tenebroso del alma humana. Y merece la pena mucho despojarse de todos los prejuicios y caminar de su mano por los lugares más remotos de la imaginación.

Playlist | El tamaño sí importa

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments