Traspasar las tres décadas de carrera musical continuada no debe producir otra cosa más que satisfacción. Si aún encima no muestras ningún signo de agotamiento, entonces también puedes concederte algún momento de autoelogio y alimentar un poco tu ego. Yo La Tengo tienen mucha historia a sus espaldas, también tienen un buen séquito de fans pendientes de sus pasos o el respeto de la crítica mundial, pero ni con todo esto se consideran imprescindibles. Cuando en 2013 sacaron nuevo trabajo, Fade, Iron Kaplan, guitarrista y vocalista de la banda, afirmaba que terminar un disco siempre era quedarse en tierra de nadie, sin saber qué iba a pasar después, ¿volvería la inspiración otra vez más? También contaba en algunas entrevistas cómo habían sido fieles a sí mismos durante todos estos años y por qué comprendía que hubiese quien no se quisiese parecer nunca a ellos.

Así, sin sucumbir a expectativas ni a etiquetas siguen tan puros e incorruptos como hace 30 años, cuando desde un pequeño pueblo de Nueva Jersey empezaban a vestir y desvestir melodías que aún hoy son la mejor compañía para celebrar la vida. Sus discos son tormentas de ruido que recogen una gran variedad estilística, porque treinta años les han permitido sonar mucho, siempre distintos, pero siempre iguales. Siempre a Yo La Tengo.

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Durante la vorágine de los 90, Painful llegó y no trajo consigo calma. La banda estaba en uno de sus momentos más delirantes, musicalmente hablando y este disco fue una montaña rusa de sonidos, ritmos y distorsiones. En él, podríamos encontrar a unas cuantas canciones protagonistas para el relato de hoy, pues las composiciones largas, lentas, con desarrollos circulares e hipnóticos siempre han sido una constante en la historia de los de Hoboken. ‘Big Day Coming’ es la muestra de cómo encontrar abrigo en un lugar desolado y de la melancólica e instrumental ‘I Heard You Looking’ nadie ha conseguido salir. Pero entre ellas, ‘Nowhere Near’ suena más cercana que ninguna otra. Escasos seis minutos en los que un único patrón para la guitarra y el teclado se vuelve el manto perfecto sobre el que la voz de Georgia casi nos recita eso de Do you know how I feel, how I feel about you? Las distorsiones llegan sin dejar que ‘Nowhere Near’ se rompa, pero de una forma impecable, sin alterar nuestros sentidos, los acordes iniciales vuelven, tan volátiles que parecen deshacerse mientras se va apagando el sonido.

Su música sin complejos es la muestra más sincera que tienen para los que quieren seguirles. Disfrutan lo que hacen y sus melodías ya se pueden considerar eternas. Y todavía siguen siendo el antihéroe de una novela que tiene capítulos por escribir.

Playlist | El tamaño sí importa

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