Demians fue, desgraciadamente, un one hit wonder del panorama progresivo. Nicolas Chapel ha seguido trabajando con paciencia y tenacidad germánica, llevando a cabo otros dos álbumes de dispar factura, pero nada como su debut ‘Building An Empire’ (InsideOut Music, 2008). El virtuoso de Lorraine compuso, cantó, grabó cada instrumento, editó y hasta diseñó el concepto artístico del disco, grabación avalada por el mismísmo Steven Wilson y celebrada por cada crítico y revista que lo estudiara. Su contoneo entre el alternativo primerizo de Creed o Radiohead con el Doom Metal, o sus influencias directas Folk Pop en las que Anathema, Porcupine Tree o Oceansize se sienten tan a gusto, sitúan a Demians en un estrato extraño, una tierra de nadie donde ser ellos mismos.

Sapphire comienza sobre unas notas de piano etéreas, el lastre cinematográfico del anterior corte — ¡un disco progresivo no lo es del todo si no se compone como un puzle lleno de puñetas conceptuales! — . Pronto se desprende del bagaje mediante un acorde limpio donde un Fender Bass acompaña minuciosamente. Entra la batería y, dos compases después, estalla la melodía central. Violines, capas de guitarras, pads electrónicos, un todo que barre la pista hasta el siguiente acto. Dos minutazos tarda, como si el tiempo fuese gratis, en entrar la melodía vocal. Nicolas nos habla de ambición y derrota, de cómo el padre construye imperios para el hijo y, al final, toda obra está condenada al fin último de ser ruina. Pero bajo los mismos términos el imperio también es hogar, núcleo familiar donde crecer — y creer — , y es aquí donde la pieza se detiene para llenar de significante el recipiente:

I think I’m getting used to — the fear of getting used to you
I think we’re getting used to — the fear of living for two

A través del azul zafiro, Chapel dibuja ambientes de calma comedida, glaciares en descomposición y estructuras sobre la terrible visión que atenaza a toda entidad viva: morir. Y lo hace con elegancia, sin histrionismos rancios. Siete minutos y medio, sí, pero dosificando el cóctel con temple. El bretón ni concibe su trabajo fuera de su propio home studio, pero no por una cuestión de ego. Como ha llegado a decir “se trata de artesanía y pasión”. Un orfebre que reviste cada estrofa de distintas gradaciones, glissandos elusivos, vocales que mueren y renacen sobre el mismo verso, armónicos tratados digitalmente, secciones de violines afilados y la oferta de tomar o dejar su oferta:

Follow me here I’m on my way back home,
you can bury me here or take my hand back stronger…

Hacia el final, una amplia coda ambiental en Re Mayor deshace el entuerto: partículas de polvo posándose paulatinas tras la estampida de dobles bombos y cuerdas desaforadas. Hacer un ‘El Tamaño’ con Demians es, como mínimo, tramposo. Prácticamente todos sus temas superan los cinco minutos, abogando por desarrollos calmos y ricos en instrumentación. Pero la diferencia fundamental es que Chapel no cae en escenarios masturbatorios de solos interminables, ni en el vicio de alargar secciones que no pegan ni con cola: todo aquí está dispuesto con una meta concreta, no hay escasez de ideas disfrazada de languidez impostada. Demians sabe lo que quiere contar y el timing con el que quiere contarlo. Observar de cerca a Sapphire es contemplar los vestigios de un reino pretérito, donde la esperanza crecía verde como el trigo. Una perspectiva cenital de la supervivencia.

Playlist | El tamaño sí importa

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