Ya imagino vuestras mentes pensando que ya estamos haciendo trampas otra vez en El tamaño sí importa y estamos yendo a lo fácil, a géneros donde el arte de hacer canciones largas no es brillante momento circunstancial sino la tónica habitual, el pan de cada día. Cierto es que la gracia de esta sección tan longeva (muy raro por estos lares, lo sé) está en explorar piezas de géneros menos habituados a las minutadas, pero no nos engañemos porque sabíamos que géneros como el rock progresivo o el jazz iban a terminar asomando la patita más tarde o más temprano, guste o no.

Y maldita sea, que cualquier excusa es más que buena para hablar un rato de Herbie Hancock, maestro en los terrenos del jazz con una buena carrera a su espalda, no sólo por ser un músico prolífico en cuanto material publicado, sino también por su valentía a la hora de probar a combinar ese género con otros estilos, experimentando con sonidos de vanguardia y con otros más arraigados en la música negra. A principios de los setenta se marcó una triada de discos de corte más renovador y avant-garde, pero con su duodécimo disco de estudio decidió dar una buena vuelta de tuerca.

Empecé a sentir que había pasado demasiado tiempo explorando la atmósfera superior de la música y el más etéreo estilo de material más allá del espacio. Surgió la necesidad de hacer algo más terrenal y sentirme más atado, conectado con la tierra… Empecé a sentir que estábamos tocando este tipo pesado de música y me cansé de que todo fuera pesado. Quería tocar algo más ligero.

Con Head Hunters (Columbia, 1973) se da uno de esos casos donde un músico se prueba en un nuevo registro y, si me permitís la expresión jocosa fácil en relación con su instrumento, da con la tecla adecuada. Explotando más esos pianos electrónicos en un sonido orientado hacia el rhythm and blues y especialmente hacia el funky, sin dejar de lado el jazz, dando una combinación con mucho picante en su sabor y mucha incitación hacia el movimiento indiscriminado de bullate, al bailoteo desenfadado. Qué mejor muestra de la enormidad de su contenido que esa explosión de sabor en forma de sonido de su tema inicial.

Chameleon’ es el más extenso de los cuatro cortes de Head Hunters, prologándose con facilidad hasta los quince minutos, que ha logrado hacerse inmortal por muchos motivos. Se ha convertido en una de las piezas más elementales del jazz versionada por infinidad de artistas gracias, por ejemplo, a una línea de bajo hiperpegadiza que a los pocos segundos ya nos está haciendo mover el esqueleto. El grupo luce garbo y desparpajo cuando en el primer tramo Hancock improvisa alocados ritmos electrónicos con el sintetizador. Tras los primeros siete minutos y medio cambio total del tempo hacia algo más suave pero sin perder el sublime toque funky que cuaja estupendo con la vena más clásica y jazz de Herbie. Tras esta elegante muestra, el cuerpo les pide recuperar el sonido del inicio para despedirse con la misma energía con la que empezaron mientras nosotros seguimos bailando.

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments