El tamaño sí importa (XXXI): ‘Näkin Laulu’, de Tenhi

A finales del siglo XX todo parecía esencialmente distinto. Nunca antes y nunca después en la historia de las sociedades occidentales los hombres y mujeres que habitaban el mundo a principios de una centuria serían tan distintos, su mundo lo sería, de aquellos que pisaban la tierra en los últimos estertores del ciclo de cien años. Eric Hobsbawn bautizó al siglo XX como el siglo corto, porque sus extremos no tenían consonancia con los casi ochenta años de guerra, ideologías radicales, totalitarismos, masacres, postguerras y democracia que habían transformado el mundo para siempre. A finales de la década de los ’90, con el fin de la Unión Soviética y el inicio de las guerras fratricidas en los Balcanes, moría un siglo determinante.

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“Tenhi” es un hombre a mitad entre dos mundos que contribuye a conectar el mundo de los vivos con el de los muertos. El misticismo sombrío de ‘Näkin Laulu’ encuentra resonancia en esta idea

Hagamos un ejercicio de abstracción total y situemos a Kauan (Prophecy, 1999), el disco debut de Tenhi, al final del mapa de atrocidades, vidas sesgadas y tecnología floreciente del siglo XX. En concreto, a la maravillosa y delicadísima canción que abre la brillante serie de LP’s que desde entonces y hasta ahora han engalanado la carrera de un grupo tremendamente especial. ‘Näkin Laulu’ parece, visto en perspectiva, un cierre perfecto para el rastro de melancolía, de oportunidades perdidas y estados alterados, que había dejado tras de sí el siglo XX, una centuria repleta de cargas emocionales insostenibles que, en manos de Tenhi, ahora, se transformaban en un relato de más de siete minutos cargados de afectación sincera.

En la elaboración del relato sonoro del siglo XX entrarían en juego muchos matices, pero siempre he querido ver en el primer disco de Tenhi, publicado en el último año del primer siglo de mi vida, un elaborado resumen de la esencia del siglo XX, trágica y bella a un mismo tiempo. La propia mitología de la que Tyko Saarikko, Ilmari Issakainen e Ilkka Salminen se rodearon desde sus inicios, empleando elementos del folclore finlandés, cantando en lengua finesa, ayuda a ello: “tenhi”, como han explicado ellos en más de ocasión, es un “medium”, un hombre a mitad entre dos mundos que contribuye a conectar el mundo de los vivos con el mundo de los muertos. El misticismo sombrío de ‘Näkin Laulu’ encuentra una resonancia fantástica en esta idea, paseando por el mismo lago nublado, por los mismos bosques azulados de la portada de Kauan.

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‘Näkin Laulu’ es especial, además, gracias a la técnica vocal empleada por Saarikko, diferente al resto de las canciones del disco. Lo mismo se puede decir de la producción, distinta no sólo al conjunto de Kauan, sino a la carrera posterior de Tenhi, más delicada y perfecta, con menos rastro orgánico pero mucho más detallista y ortodoxa. Aquí, sin embargo, Tenhi se embadurnan de sintetizadores quebrados, guitarras disonantes y una atmósfera cruda. El ritmo, la dinámica, los susurros, los coros finales, todo hace de ‘Näkin Laulu’ no ya un elemento de paso entre las maquetas originales del grupo y su posterior profesionalización, sino, en mi imaginación, entre la niebla sangrienta del siglo XX y los tiempos por venir del nuevo milenio. Entre dos mundos diferentes condenados hablarse por el resto de la eternidad.

La sensación de transición, de punto a mitad de camino entre el no retorno y el mundo de ayer, “lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer”, es capital para entender — en mi orden mental, ya digo — la emoción tranquila y nerviosa a un mismo tiempo de ‘Näkin Laulu’. Su belleza inmarcesible y su testigo de oro del fin del siglo corto, del XX, de un conjunto de historias fascinantes, terribles y oscuras, maravillosas y apasionantes al igual que Tenhi, en su mística tenacidad, lo son en esta canción.

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