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El tamaño sí importa (XXXII): ‘Tell me a Tale’, de Michael Kiwanuka

Nacido en Londres tras huir sus padres de la cruel dictadura postcolonial de los años 70 en Uganda, Michael Kiwanuka es un artista joven pero acostumbrado a mirar atrás, desafiando continuamente al mito de Edith y su huída de Sodoma y Gomorra. Su campo de actuación es el Soul de corte clásico, heredero del maestro Otis Reding, y aderezado con pinceladas Folk que remiten a tiempos del pantalón de campana y la lucha en contra de la discriminación racial.

Obviamente el crecer en la Inglaterra reciente le ha permitido conocer una realidad distinta a la experimentada por sus progenitores, pero esa inocencia, la nostalgia que desprende tanto su voz como sus composiciones, tienen mucho de homenaje al sentimiento pretérito y al espíritu de supervivencia que dio con sus pies en el primer mundo. En respuesta a todo esto ha construído su breve carrera, ensamblando un entorno idílico, un mundo cálido y preciosista desde el que canta a la victoria en un mundo feliz, ataviado con flores en el pelo y dulces que va regalando de aquí para allá.

‘Tell me a Tale’ es la carta de presentación de su primer largo Home Again (Polydor, 2012), un álbum que más allá de estrictamente recoger lo mejor de lo ofrecido en sus dos EPs anteriores lo ensalza, permitiendo que los poco amigos de los cortos disfrutemos de cortes que podrían extenderse durante toda la eternidad sin importar lo más mínimo.

Precisamente esto es lo que sucede con la canción que hoy nos ocupa y su versión en directo, el formato en el que la voz de Kiwanuka tiene el tiempo suficiente para abrazarnos con fuerza y reconfortarnos, relatando historias de una infancia ficticia en la que no hubo lugar para el plomo ni para el hambre, en la que la huida no fue otra cosa sino un viaje en busca de la felicidad. Los cuatro minutos de la versión de estudio se convierten en ocho pero podrían ser ochenta perfectamente, pues aunque el espíritu más jazzy del directo pueda apuntar lo contrario, la desnudez de la original se apoya en la flauta travesera y la ecuatorial improvisación para reforzarse, para lanzar el arrullo que de la mano del acento afro de Kiwanuka amplifica el mensaje de nostalgia por un pasado que no es el nuestro pero que podría haberlo sido.

El resto del maravilloso Home Again mantiene ese espíritu que nos remite al galeguismo morriña, demostrando que cuando Michael Kiwanuka fue considerado por la BBC como el mejor artista del año 2012 había argumentos de peso para ello. Aún nos tiene esperando a que llegue su segundo largo, escuchando ‘Tell me a Tale’ uno logra parar el tiempo y no percibir una espera que, esta vez sí, puede prolongarse de forma innecesaria.

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