El tamaño sí importa (XXXIII): ‘Wake Up’, de Mad Season

Una línea de bajo y un poco de ruido blanco, ruido de ese que ya no se filtra porque el futuro es aséptico y plastificado. Algunas notas llegan tarde, los acordes ídem, los golpes de caja los ejecuta un fantasma — Barrett Martin de Screaming Trees — . Eperen, hagamos una cosa: andar describiendo aquello que van a escuchar es una idiotez tremenda. Mejor hablemos de por qué esta canción es mi elección para ‘El Tamaño’ y por qué, en esencia, es una canción que no se volverá a repetir.

Transformando el grito individual en coro colectivo

En los ’90 hubo un revival de ese concepto timorato llamado superband. Primero fueron las amalgamas megalómanas de sinfónicos y progresivos y, hacia la década del grunge, a una reformulación bastante más humilde: juntar amigos artísticos e intelectuales bajo el mismo techo. Una forma franca de transformar los gritos en coros comercialmente fútiles pero de intensa belleza.

Mad Season, como Temple of the Dog, nació de una voz, la de Layne Stanley — otro fantasma, esta vez literal — . Igual que aquel proyecto liderado por Chris Cornell aunaba a miembros de Pearl Jam y Soundgarden, éste hacía lo propio con el cantante de Alice in Chains, John Baker Saunders de los Walkabouts, el citado baterista de Screaming Trees y, de nuevo, Mike McCready de Pearl Jam a la guitarra. Above (1995, Columbia Records), debut y único álbum publicado, de portada grecolatina — en tanto a composición y disposición de los dos modelos, el masculino y el femenino — , va de poner las cosas encima de la mesa, de situar lo que está soterrado justo enfrente, tanto para quienes desean mirar como quienes prefieren eludir cualquier responsabilidad.

https://www.youtube.com/embed/GlhpGUtzAeM

Volviendo al principio: ¿por qué Wake Up? ¿Por qué una canción de apertura lánguida, la más extensa del disco, que nos insta una y otra vez a no darnos por vencidos, despertar de nuestro lento y continuo suicidio y empezar a tomar decisiones en consecuencia, que no existe futuro per se porque el futuro lo componemos nosotros con esas decisiones? Es fácil: estamos ante una súplica generacional, no una solicitud o recomendación formal, sino ante otro grito en forma de himno pidiendo que movamos el culo. Sí, es irónico viniendo de un vocal que murió de sobredosis de speedball, una forma próxima al suicidio, y de una banda que luchaba perpetuamente contra sus demonios interiores — todos ellos o bien se conocieron en rehabilitación o bien estaban en proceso — , pero precisamente por esto la vida clama ante el último aliento y la experiencia nos dice que nuestros errores podrían, al menos, servir a futuras generaciones.

Wake Up no es la mejor canción del disco, ni remotamente, pero sí es el mejor exponente de su género, aquel donde cabrían Creed y la dupla que conforman Down in a Hole con Black Hole Sun. Estilísticamente comparte más con el Hallelujah de Leonard Cohen que con el grunge formal y heredero del punk y el heavy metal. Como decía, los gritos del alma y la calle se transformaban en coros, una forma de blues sin ornamentos que nos remite al gospel más primitivo: la palabra de Dios por medio del hombre. De hecho, Above nunca ha ocultado su raíz jazzy y popular, sus efluvios decididamente intimistas, de belleza fugada y fragilidad vital. Aunque, a su vez, esto no deja de ser retorno al tópico literario carpe diem/memento mori, de aquel fugit irreparabile tempus — el tiempo pasa irremediablemente — , donde más nos valdría espabilar, que todo mal trago es sólo fase de un tumor y, si lo dejamos metastatizar, entonces sí, será cáncer terminal.

https://www.youtube.com/embed/V5Ok7_KFuZw

Wake Up no es un capricho auto-indulgente de emos llorones, sino el espumarajo de gente joven en horas bajas, gente descuidada que no sabía del todo bien lo que hacía, presos de una desidia irreparable, un estar fuera de lugar si no es con un instrumento al hombro lejos del ojo clínico de adultos apoltronados en su visión segura y acomodada del mundo que les rodea. Evidentemente, Wake Up habla de heroína, de estar enganchado y saber, ay Señor, que aunque te esté matando no puedes despegarte de ella. Pero las palabras no destilan miedo, acaso frustración, y deseo real de salir de ese perpetuo y meridiano noviembre. También habla de la niñez, de pérdida de la infancia por medio de un divorcio accidentado y que, de nuevo, es hora de tomar las riendas del caballo, de domeñar su salvaje temperamento.

Han pasado más de veinte años — compuesta en el verano de 1994 — y seguimos con la misma duda: ¿podremos despertar, vamos a salir de ese pozo que, mal nos pese, muchas veces nos cavamos nosotros mismos y, la mayoría, nos cavan alrededor casi sin darnos cuenta?

Playlist | El tamaño sí importa

https://embed.spotify.com/?uri=spotify:user:hipersonica:playlist:77goeTnnkJfan4P4Z8eyGe

Anuncios