Hay veces que el tamaño importa, hay otras que se puede suplir con otras virtudes; y hay otras en las que directamente lo es todo. Lo es todo como los casi nueve minutos de techno de la vieja escuela, de requiebros house y acid, de antros oscuros y de raves ilegales. Nueve minutos de historia. Eso es el ‘Positive Education’ de Slam, la carta de presentación con la que los escoceses Stuart McMillan y Orde Meikle pasarían a la memoria colectiva, de la que ya se habían ganado una parte al ser cofundadores de Soma, uno de los sellos europeos que se preocupó de importar el techno americano y proyectarlo en unas coordenadas cercanas a las del house de Chicago.

Si tuviéramos que hacer una lista de clásicos electrónicos de los últimos 25 años, de esos que puedes colar en una sesión hoy y seguir partiendo la pana, con el personal volviéndose loco, uno de ellos sería sin duda ‘Positive Education’. Una píldora tech house de paladar ácido que siguió abriendo la brecha para el desarrollo del progressive house que años después se desarrollaría con un mayor éxito comercial. Y del propio tech house sobre todo. Estaba incluida en el primer 12" Positive Education / Intensities In-Ten-Cities (Soma, 1993) y era sin duda la protagonista del single, la que lo abría con ese bombo seco que anunciaba desenfreno mientras entraban por abajo las cajas de ritmo y las pinceladas ácidas, que años atrás habían sido indiscutibles protagonistas del movimiento rave.

A partir de ahí, con todos los agentes invitados a la fiesta, Slam se dedican a jugar con ella; a quitar una pista y a añadirla después, a parar la canción y a aguantar el resto de recursos para después soltarlos a la vez… Todo mientras la voz grave te azuza en el subconsciente, explicándote cuál es la educación positiva. Una montaña rusa con vibrantes sonidos que van y vienen con el estéreo, que a pesar de la antigüedad y sencillez estructural de la pieza, hoy siguen siendo capaces de petar cualquier pista de baile.

Un clásico que por el sonido y sus patrones seguía el espíritu de aquellos años de construir temas hedonistas, para abrir la mente, con el único motivo de pasarlo bien. Y Slam lo hacían, además, aportando su grano de arena — vía sus canciones, vía su sello — , para seguir desarrollando nuevos hitos en la historia de la música electrónica moderna. En definitiva un himno por y para los estados superiores de conciencia, como después diría Josh Wink. Nunca mejor dicho.

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments