Hoy se cumplen exactamente diez años de la muerte de una de las figuras indispensables para comprender la evolución de la música popular en general y del rock en particular. Diez años de ausencia en los que el vacío dejado no ha podido ser llenado por nadie, aunque también es cierto que aquellos que veneramos a Johnny Cash no habríamos aceptado sustitutos eventuales. Muchos han sido los candidatos, tanto en el mundo del Country como en el mundo del Rock, para sucederle, pero todos ellos carecen de varias de las cosas que convirtieron al de Arkansas en un músico único, un músico que, desgraciadamente, va a ser irrepetible.

Tal es la ascendencia de Johnny Cash sobre el mundo del Rock anglosajón, con el que comenzó a coquetear justo al mismo tiempo que la industria flirteaba con la Americana, que no quiso abandonarnos sin dejar para la posterioridad su sentido homenaje al Rock, un género que nunca fue suyo pero al que influenció sobre manera, tanto por actitud como por talento. Aquejado de una severa diabetes y del síndrome Shy-Drager, Cash se unió a Rick Rubin para dar a luz al canto de cisne de un artista elegante pero transgresor, mucho más comprometido de lo que marca la norma Country y un profundo amante de la música, sin dejar que las fronteras estilísticas fuesen una barrera para él.

Hoy se cumplen diez años de su muerte y así es como pretendo homenajearle. Declarando mi admiración hacia un músico, y sus últimas obras, que lo fue todo para el Rock mientras la música lo fue todo para él:

“Estimado John Ray, diez años se cumplen hoy desde que nos dejaste, diez años en los que el mundo de la música no ha sabido cómo sobreponerse a esa hecatombe que se avecinaba cuando tú decidiste que era hora de rendirle un sentido homenaje. En estos diez años tu efigie, siempre negra, sigue presente en la imaginería popular mientras tu fama no ha decrecido un ápice, aunque sé que eso nunca te ha importado. Tu último regalo hacia nosotros, esa demostración de valentía en forma de colaboración con Rick Rubin y multitud de artistas que a ti te lo deben todo, te confirmó como ese padre que el Rock nunca tuvo, ese que llenó el espacio dejado por los canónicos Chuck Berry o, tu rival, Elvis Presley.

Muchas cosas han sucedido en estos diez largos años de ausencia, pocas han sido las ascensiones a la fama y muchos los descalabros aunque, afortunadamente, el Rock aún sigue vivo a pesar de que muchos parecen empeñados en matarlo. Tú acabaste reconociendo de forma fáctica la importancia que el Rock tuvo para ti, permitiéndote utilizar sus cánones para marcar tu propio camino, un camino que al fin y al cabo es el del Rock en su evolución y en su adaptación, siempre darwiniana, a los nuevos tiempos.

Jóvenes bandas, en comparación con tu veteranía, y algunos amigos tuyos, pusieron sus obras a tus pies con el fin de que las reinterpretases, sirviendo tal acción como reconocimiento a su calado y como ofrenda a tu talento, un talento que sirvió de referencia a todas ellas. Algunos siguen ahí donde los dejaste, mientras otros han visto como su estrella se ha ido apagando mientras la tuya cada vez brilla con más fuerza en el firmamento.

Finito ha acabado siendo el repertorio que dejaste grabado con Rick Rubin, del cual hemos tenido noticias hasta el año 2010. Imprescindible como radiografía del Rock, en su vertiente clásica y contemporánea, pero sobre todo por llevar tu sello, te ha mantenido con vida en nuestras mentes pasados ya 10 años de tu muerte. No es más que una minúscula muesca dentro del inmenso repertorio que has generado en toda tu vida artística, pero sirvió de perfecto epílogo para una carrera a la que muchos veneramos aunque, debido a su inmensidad, muy pocos dominan.

Homenaje a referentes como Hank Williams, reconocimiento a ases del Rock Sureño como Tom Petty o The Eagles, aprobación a la obra de artistas aparentemente opuestos a ti como Beck, Nine Inch Nails o Depeche Mode y respeto a algunos de los artistas más grandes de la actualidad, como Nick Cave, Tom Waitts o Bruce Springsteen. Eso son las American Recordings, una obra póstuma en parte pero que te mantiene con vida, diez años después de que la diabetes significase tu verdugo fortalecida, probablemente, por la pena que te invadió tras la marcha de tu amada June Carter.

Quien sabe, quizás algún día el mundo del Country haga justicia con el legado de tu esposa. Sirva esta breve misiva como humilde empujón para que tu legado siga manteniéndose donde está, en lo más alto de la historia de la música popular.

Muchas gracias por todo John, por lo que fuíste, y por lo que nos has dejado”.

Johnny Cash en Hipersónica

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