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Elephant Stone — The Three Poisons

Y de repente, una mañana, te das cuenta de que ya no eres quien solías. Hay momentos en los que la vida parece desacelerar hasta parar toda la inspiración, toda la alegría, toda la felicidad que tuviste tiempo atrás. Los caprichos del destino suelen ser inescrutables, y la decadencia imperceptible es en ocasiones más cruel que los golpes repentinos. En la caída estrepitosa hay, al menos, un atisbo de dignidad, de épica camuflada en fracaso. Nada de eso subyace bajo los motivos que te han llevado a jugar peor al fútbol, a escribir peor, a idear peores diseños, a estar de peor humor, ser peor amigo o a publicar discos que ya no importan a nadie. Elephant Stone han hecho de The Three Poisons (V2, 2014) todo eso.

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De ellos no esperábamos el firmamento pero sí algo más que este disco aburrido y, lo pero de todo, molesto. Hay algo en la mayoría de las canciones que Elephant Stone han reunido aquí que les convierte en un grupo irritante, tratando ser lo que no son pero lo que les gustaría ser. Lo peor es que Elephant Stone no han patinado porque hayan jugado a ser algo que no eran, sino que este debería ser su terreno y allí donde su anterior disco, el más que correcto Elephant Stone (The Reverberation Appreciation Society, 2013), les llevara a estadios más elevados. Al contrario, The Three Poisons es una lenta y pesada decadencia, la muerte a fuego lento, sin gracia ni relato. A ratos ni siquiera parece un accidente, lo que les redimiría.

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4/10

La decepción es total y sólo la salva ‘Wayward Son’, que, por cierto, parece haber sacado la melodía de una canción de Love of Lesbian. Y eso está bien si te gusta Love of Lesbian, pero no tanto si esa misma melodía trata de sostener por sí misma todo un disco repleto de histriónicos pedales y coros gospel a destiempo. Elephant Stone parecen hablar en ‘Wayward Son’, con gran laconismo, de lo que fuimos y no volveremos a ser. De lo que hemos perdido casi sin darnos cuenta. De habernos hecho viejos, mental y físicamente. De una tristeza tan honda, tan real, que aterra imaginarla. ‘Wayward Son’ es una canción fantástica: todo lo que no es The Three Poisons. Su mejor error.

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