Eleventh Dream Day — Works For Tomorrow

Es uno de esos nuevos discos que te encuentras de rebote, con los que no esperabas. Algo normal cuando cuentas con que grupos como Eleventh Dream Day ya han dado todo lo que tenían que dar, a pesar de que sigan en activo sin hacer mucho ruido, publicando discos con bastante tranquilidad. Y así es como ha llegado el nuevo trabajo de los estadounidenses, sin hacer mucho ruido pero marcando los puntos sobre las íes, algo que hicieron moderadamente con Riot Now! (Thrill Jockey, 2011). Works For Tomorrow (Thrill Jockey, 2015) es un LP que se defiende bastante bien en líneas generales, y que en sus instantes marca el territorio de forma sobresaliente.

La suya es una historia que se ha repetido bastante en el espectro del underground americano, aunque a diferencia de otros compañeros de generación, ellos siguen en un relativo anonimato. Eleventh Dream Day empezaron su actividad musical a finales de los ochenta, publicando trabajos bastante buenos y llevándose buenas críticas, lo que les llevó a acabar firmando por una multinacional en la que no tuvieron mucha suerte. La historia común con otras formaciones, esa atracción de las multis, pero sobre todo, el lanzar buenos álbumes y no vender muchas copias.

El valor de la veteranía

Desde hace unos años, el conjunto opera en Thrill Jockey, desde donde siguen jugando su partido tranquilamente, en los márgenes, donde no tienen que preocuparse de conseguir cierto éxito para poder seguir adelante. Fruto de esa tranquilidad y la inexistencia de presión, propio de alguien que no tiene que demostrar nada, llega este Works For Tomorrow, que le quita las pegatinas con holgura a su álbum anterior. Se trata de un disco breve, lo suficiente para trazar algunas de las líneas maestras del indie rock. Y sobre todo, de qué va en manos de unos veteranos que no se han dejado amilanar y arrastrar durante el paso del tiempo.

Siguen vivos, y de qué forma, los guitarheroísmos de Rick Rizzo, el prominente bajo de Doug McCombs y los vocales con personalidad de Janet Beveridge Bean, que los sigue alternando con Rizzo en buenos duetos. De hecho es ella la que empieza cantando en el empuje que tiene el primer tema, ‘Vanishing Point’, con un corte rock más clasicista hasta que Rizzo empieza a afilar su guitarra, a retorcerla y cambiar de ritmos en la segunda parte de la canción. Una caña que sigue adelante en el siguiente corte, ‘Works For Tomorrow’, en el que ya empiezan a cantar los dos a la vez, y vuelven a recrear esos ritmos frenéticos y convulsos de sus mejores trabajos. La perfecta muestra de que esta vez Eleventh Dream Day han vuelto mucho más enchufados que en su irregular anterior álbum.

A lo largo del disco mantienen un músculo que levanta esos muros de guitarra de antaño, aunque esta vez muchas veces con un toque más clasicón, fruto de esa veteranía. Una actitud que se percibe en el cuerpo de canciones de cabecera como ‘The People’s History’. Por otra parte, no todo son intentos de demostrar que aún pueden aumentar las revoluciones del coche. De hecho, en los instantes finales del disco encontramos dos regalos con revoluciones más bajas; medios tiempos perfectos como ‘The Unknowing’, que saben a despedida — aunque no lo sean — después de toda una vida dando guitarrazos, y otros más encantadores como ‘Deep Lakes’.

7.4/10

En resumidas cuentas, un trabajo notable por parte de una de esas formaciones que no tuvieron todo el éxito a pesar de estar dentro de la ola que cambió muchos patrones. Works For Tomorrow es un grito de auto reivindicación, de probar que aún tienen cuerda para componer buenas piezas de indie rock. Y ahí está, como prueba, el colosal cierre con ‘End With Me’, con la perfecta sincronización entre la batería de Janet Beveridge y el pesado bajo de McCombs, preparando el terreno para el majestuoso e impoluto solo de Rizzo para finalizar la canción, pura marca de la casa. Ha merecido la pena volver para impartir clase(s).

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