EMA — The Future’s Void

Es difícil esperar mucho de un disco de un artista joven cuando crees que lo mejor que podía dar lo ha hecho con un trabajo anterior. Esa capacidad para sacarse de la manga un gran álbum y no sólo estar a la altura, sino superarlo, es la que marca las diferencias. Este año, con su tercer disco, The Future’s Void, la estadounidense EMA tenía la oportunidad de desmarcarse de varias compañeras de generación, amigas de discos que empiezan (muy) bien pero que se desinflan pronto. No ha logrado superar su gratificante álbum anterior, pero se la ha jugado introducido cambios en su arquitectura sonora y le ha salido bien. Pero simple y llanamente, no ha conawguido llegar al nivel de su disco de 2011.

Es cierto que a veces nos obcecamos con la comparación de álbumes anteriores en vez de jugar a la obra actual únicamente, pero analizarlo apoyándonos dentro del contexto de su trayectoria ayuda -y es necesario- a ver con una mejor perspectiva el trabajo en cuestión. En este sentido, ni por asomo ha consumado un desastre, simplemente ha intentado salirse de su propia zona de confort para seguir buscando nuevos sonidos. Y le ha dado nuevos e interesantes matices a su música. Lo cual es un claro punto a favor. Por contra, ha perdido algunas de sus características que más sorprendían.

En 2010, Erika M. Anderson debutaba con Little Sketches on Tape (Night People, 2010), un LP en el que se le intuían maneras, pero aún tenía mucho por pulir. Demasiadas ideas inconexas. Sin embargo, un año después, con Past Life Martyred Saints (Souterrain Transmissions, 2011), pulía todos aquellos detalles y los superaba con una facilidad inusitada. Y todo en un año solo. Aquél era un disco con garra, un trabajo en el que había buenas maneras de rock independiente, pero sobre todo, y más importante, en el que adoptaba unos tintes de cantautora de mucha raza. Erigiéndose como una PJ Harvey con su joven desparpajo. Parecía que iba a ser una de las jóvenes predicadoras del momento y compuso alguna canción que te llevaba en volandas.

Nuevas instrumentaciones y menos clasicismo solista

Sin embargo, con The Future’s Void, EMA ha dejado apartada esa vocación de solista más clásica, para entrometerse en caminos más arties en los que hay experimentación, capas sonoras más robustas y también, por qué no decirlo, un rock más digerible y enfocado a las masas. Será cosa de haber fichado por Matador. En cualquier caso, a cambio de ese toque más comercial en cuanto al guitarreo, tenemos esa incursión en terrenos electrónicos y con una mayor instrumentación. El resultado son canciones con bastante poso como ‘Cthulu’ o ‘Nueromancer’.

Eso sí, sus registros vocales sigue siendo una constante a lo largo del disco, unas veces exhibiéndolos poderosamente y otras modulados con algún filtro. En cualquier caso, no deja de ser otra forma de exploración de su sonido. A pesar de estos atrevidos cambios, aún guarda algo de ese gancho de cantautora con mucha personalidad. El ejemplo lo tenemos en una de las mejores piezas del álbum, ‘So Blonde’, donde se disfraza de una moderada Courtney Love, o en la sencilla y frágil belleza de ‘When She Comes’, donde expone su áspera voz.

7.3

En resumen, un buen disco de EMA en el que ha introducido nuevos cambios en su música, lo que ha ido en detrimento de esa figura de solista que parecía que podía hacer de ella una referencia en este sentido. Por otra parte, también es justo reflejar que en los resquicios que deja de esos postulados, sigue forjando buenas canciones, aunque tengan un toque más accesible. En cualquier caso, Anderson ha decidido apostar por nuevos formatos sonoros y la apuesta le ha salido bien. No es un álbum tan reconfortante ni que te lleve en volandas como el anterior, pero sigue siendo sin duda un buen trabajo.

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