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Entrevista Fernando Alfaro: “Fue Nacho Vegas el que me dio el empujón para decidirme a tocar en solitario”

Con motivo, hace ya unas semanas, de la celebración del Festival do Norte, de cuyo cartel formaba parte, Fernando Alfaro tuvo a bien respondernos unas cuantas preguntas. En realidad, mantener una entrevista al uso con Alfaro resulta, afortunadamente, casi imposible. El albaceteño, referencia del pop-rock estatal de las últimas décadas y con el reciente Saint-Malo (I*M, 2015) en el mercado, es de los de disfruta hablando de música. De la que hace él y de la que hacen los demás. De la que lleva en las tripas y lo define casi como persona entera, dentro de esos mundos internos que salen tan a menudo en sus particulares letras. Nos recibe minutos antes de que también charlásemos con Neil Halstead. Nos ofrece amablemente una cerveza, y empezamos a hablar.

Hipersónica: Tras dedicar unos cuantos meses a girar con Chucho, ¿tenías ganas de volver a retomar tu carrera en solitario o lo de estar recordando viejos tiempos te invitaba a seguir con tus antiguos grupos?

Alfaro: Yo siempre estoy haciendo canciones, es con lo que disfruto. Y ahora también disfruto mucho tocando, cosa que al principio no pasaba. Éramos como aquellos grupos indies, que odiaban los directos, que solo querían hacer discos. Pero a mí lo que más me gusta es hacer canciones y, como paso lógico, grabarlas y hacer discos. Este disco ya estaba pensado antes de la gira con Chucho, venía trabajando en él con la gente con la que toco, en Barcelona, que a efectos artísticos también es una banda, como las que he tenido siempre. Se ha formado un grupo con todo lo que ello implica, con sus corrientes emocionales internas y todo eso. A mí me gusta tocar en grupo. Cuando estoy grabando solo me he sentido siempre como desamparado. El disco estaba casi listo, pero se interrumpió por la gira con Chucho. De todo salen cosas buenas, pues hay canciones que un año antes no estaban, y que llegaron al disco.

HS: En Saint-Malo vemos canciones más propias de tu última etapa, pero también otras piezas que recuerdan a tus años con Surfin’ Bichos o Chucho. ¿Hubo algo en esa gira, o en tu gira recordando los 25 años del lanzamiento de La luz de tus entrañas, que te hiciese dar algún giro a las canciones?

“Hemos intentar que entre fácil, como el buen pop de toda la vida y, después ir fijándose ya más en algunos detalles, y que el disco vaya creciendo”

A: Antes de la gira con Chucho este disco ya tenía una pinta muy parecida a la que acabó teniendo. No creo que influyera prácticamente nada. Estaba todo hablado en cuanto a producción y todo eso. Tenia muy claro que quería que sonase muy simple. Las canciones ya eran lo suficientemente distintas entre sí como para andar con subrayados de producciones. Las dudas eran si hacerlo muy crudo, en plan guitarra acústica y poco más, o tener sonido de más rock, más versátil, con una banda, por lógica… De repente puedes sonar a una balada años 50, al Elvis Costello del 78. Podíamos ser mucho más versátiles con lo mínimo, sin perder el carácter del disco, que pretendía contar mucho con muy poco. Intentar que entre fácil, como el buen pop de toda la vida y, después ir fijándose ya más en algunos detalles, y que el disco vaya creciendo. Hay discos a los que les he cogido adicción con el tiempo, y me parecen increíbles, pero luego está ese tipo de discos que ya te entran a la primera, que te enganchan… es muy difícil llegar a ese punto. Y en eso Darío Vuelta (el productor) ha tenido mucho mérito. El disco tiene mucho trabajo del que parece. Parece grabado en una semana, que es lo que queríamos, pero luego tiene muchísimo trabajo detrás en cuanto a mezclas y todo eso. Todas las canciones tienen varias mezclas.

https://www.youtube.com/embed/CqXnwj8u2Gc

HS: ¿Y con las letras pasa lo mismo? ¿Cómo es el proceso compositivo de las letras? ¿En qué momento Fernando Alfaro se le viene a la cabeza “cucurbitácea” y la mete en una canción?. Tus letras siempre han sido muy características. Es fácil, leyendo solo los versos, que sepamos que estamos ante Fernando Alfaro.

A: Es una mezcla, sin método alguno, de trabajo con ocurrencias, casi (risas). Es como dar palos de ciego, buscar a tientas, ¿sabes? Intento mantener el punto emocional, como agarrarte a la mano de tu madre cuando eras pequeño. Por el camino vas encontrando de todo. Hay momentos en los que no encuentras las palabras, y entra el trabajo. Antes me presionaba más para acabar las canciones, vivía en una dinámica de grupo, había que lanzar disco… Aún así, creo que he hecho muy buenas letras trabajando bajo presión, letras muy dignas. Pero yo prefiero lo que hago ahora. Las termino de forma mental, estoy por la calle, y de repente siento que la tengo. Lo de “cucurbitácea”… yo qué sé, a lo mejor una palabra que aprendí de pequeño en biología, no sé. Pero es que al final creo que explica la canción de forma más absurda, pero la explica bien. Ese momento en que encuentras esa última palabra o frase que redondea esa canción es… no sé, imagino es como los yonkis que buscan sentir lo mismo que con el primer pico que se metieron a los dieciséis. Es un vicio hacer canciones.

HS: Decías que al principio, con el grupo no te sentías muy bien tocando en directo, que era como un trámite. Ahora además, tocas mucho en solitario. ¿Cómo afrontas eso de tocar solo, sin esa banda que necesitas como apoyo casi emocional?

A: A mí me costó mucho empezar a tocar solo, fue Nacho Vegas el que me dio el empujón para decidirme. Yo, a mi vez, le dí el empujón a David, de La Estrella de David. Me decía Ana Fernández Villaverde (La Bien Querida), que David tocaba muy chulo. Hicimos una gira, aquella de Veo Monstruos, David, Remate y yo. Cada uno tenía su parte y luego tocábamos juntos, desde ahí está tocando solo. A mí ese atrevimiento, superar ese acojone, me lo dio Nacho Vegas. Yo sabía que podía funcionar. Toda la vida he compuesto en casa con guitarra acústica y voz, a pelo. Pero no me atrevía a subir así a un escenario. Y entonces fue Nacho Vegas quien me hizo decidirme, en el año dos mil y poco. He encontrado… ¿cómo explicarlo?. Es como estar a gusto en dos habitaciones muy distintas de tu casa. De tipo práctico, tocar en solitario es más fácil. Te escuchas mejor, la gente escucha mejor tu voz, las letras. Coges una guitarra, una maleta, y te vas en avión, coche o barco adonde quieras. Da más libertad. Pero por otro lado, la intensidad que te da un grupo es otro rollo, es muy distinto. Ahora bien, cuando he estado tocando mucho tiempo solo, he echado de menos a una banda. En general, no solo en el momento de tocar. La convivencia es algo que se echa en falta.

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