El sector cultural se está viendo especialmente apurado en estos momentos de pandemia. La imposibilidad de llenar recintos ha obligado a tomar medidas para garantizar la seguridad de los asistentes mientras se mantiene la viabilidad de los espectáculos en vivo y de los músicos que necesitan esta parte del negocio para poder tener ingresos, pero las administraciones y ayuntamientos no lo están poniendo fácil, como se ha visto en el caso del Tomavistas.

Muy criticada en este sentido está siendo la gestión de José Manuel Rodríguez Uribes, actual Ministro de Cultura y Deporte, que por si fuera poco muestra poca voluntad por apoyar al sector. El ministro ha declarado lo siguiente en una entrevista para la Voz de Galicia al respecto de un posible rescate a las salas de conciertos:

Soy consciente del problema. Los conciertos de clásica o en espacios abiertos se están celebrando en una relativa normalidad. Pero es muy difícil, por no decir imposible, que los conciertos en vivo de rock o pop se puedan celebrar en este momento. No podemos imaginar un estadio o un pabellón de deportes con mucha gente. Sería muy difícil garantizar que no haya contagios. Cuando haya vacuna todo cambiará. Las ayudas generales (ERTE, ayudas por cese de actividad, desempleo…) deberían servirles.

Se descarta, por tanto, unas medidas extraordinarias como si están tomando otros países del entorno. Uribes tampoco parece consternado ante la manifestación organizada por los profesionales del sector ante la inacción por parte de administraciones y del Gobierno, ante las que reacciona diciendo “está bien que se manifiesten para que contemplemos sus necesidades plenamente. Trataremos de optimizar las respuestas y soluciones al sector”.

También habla de un gran pacto por la cultura y de incluir a la misma en la Constitución Española como un derecho fundamental:

Con esta crisis hemos comprobado que la cultura es un bien de primera necesidad y quizás lo que debamos hacer –porque es lo más óptimo y la protege más desde el punto de vista normativo– es reconocerla en algún momento como un derecho fundamental. En la Constitución del 78 la cultura está relegada y no existe como derecho fundamental. En algún momento, en ese gran pacto por la Cultura que he propuesto con comunidades autónomas, gobiernos locales y sectores culturales y partidos políticos, debemos impulsarlo.

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