Especial Alice in Chains: Facelift

La semana pasada nos llegaba la noticia de que Alice in Chains se encontraban en la fase de mezclado del que será su primer disco lanzado tras el fallecimiento en abril de 2002 de su mítico cantante, Layne Staley. Cuál será el futuro de la banda con William DuVall al micro es algo de lo que aún no podemos hablar, pero sí de su brillante pasado.

Por ello, doy comienzo al repaso que durante las próximas semanas realizaremos a la obra de la formación más singular del movimiento grunge, tanto para compartir los buenos recuerdos con los que ya seáis seguidores suyos, como para dar a conocer esta imprescindible formación a los que no esté familiarizados con ella.

Y para empezar, demos forma al contexto en que surgió este grandioso Facelift. Estamos en Seattle, es 1990 y eso sólo puede significar una cosa: grunge. A pesar de las pretensiones alternativas del género, un año antes Soundgarden se habían convertido en la primera banda del movimiento en fichar por una gran discográfica, y Nirvana no tardarían mucho en seguirles, para iniciar la preparación del disco que un año después pondría el sonido de Seattle en boca de todos, el Nevermind.

En medio de esta vorágine, cuatro chicos de la ciudad atrajeron la atención de Columbia gracias a una maqueta llamada The Treehouse Tapes (en alusión al estudio donde lo grabaron y que fue cerrado durante la mayor redada en busca de marihuana de la historia del estado), y firmaron con la discográfica para ponerse a las órdenes del productor Dave Jerden, quien ya había demostrado su buen hacer trabajando con Jane’s Addiction, para la grabación de este impresionante debut.

Pero por mucho que os pudiera contar, nada os prepararía para la avalancha de guitarras que se nos viene encima la primera que ponemos este disco y empieza a sonar ‘We Die Young’ (YouTube), un tema que bebe directamente del sonido metal de los 80, pero que suena lo suficientemente único como para no deber nada a nadie.

No obstante, la banda empezó a tener verdadera relevancia con el lanzamiento como single del segundo corte del disco ‘Man in the Box’, donde sí que podemos encontrar el sonido grunge que no aparecía en el trallazo de apertura. Eso sí, un grunge único y difícilmente comparable al de cualquiera de sus coetáneos, pues se sustentaba en el heavy metal en lugar del rock.

Temas como ‘Sea of Sorrow’ (YouTube) o ‘I Can’t Remember’ se amoldan más a los cánones del género, al menos de manera superficial; pero aun con todo hasta los temas más convencionales siguen contando con solos y ritmos que los diferenciaban del resto de bandas.

Pero la ambición de la banda va mucho más allá, tal y como demuestran al atrevese a mezclar la lastimera voz de Staley con animados ritmos hard-rock en cortes como ‘Put You Down’ o ‘I Know Somethin’ (‘bout You)’, dando resultados que suenan mucho mejor de lo que podría parecer a simple vista.

Aunque la gran mayoría de temas que forman este elepé pasan con holgura el sobresaliente, lo cierto es que algunos cortes bajan hasta un nivel notable, que aunque es algo que sigue estando muy bien, es la muestra de que a estos primerizos Alice in Chains aún les quedaba tiempo para madurar y concebir discos de mayor entereza y cohesión.

Pero que no suene esto negativo, porque no es mi intención. Facelift es uno de los mejores discos debuts de las dos últimas décadas, una sensacional carta de presentación para uno de los grupos más determinantes, auténticos y potentes de los 90, y de la historia de la música rock en general. Una banda imprescindible que, a pesar de quedar constantemente enmarcada en el contexto de la oleada grunge, rompió ambiciosamente con esa etiqueta y sobrepasó con mucho cualquier comparación que se les hiciera.

Alice In Chains: Discografía