Especial Fuzzville: Juventud Juché, fuego en las gradas

Comenzamos aquí el repaso a algunas de las bandas más interesantes del próximo Fuzzville, que tendrá lugar el primer fin de semana de septiembre en Benidorm. No se nos ha ocurrido mejor modo de hacerlo que acudiendo a una de los grupos españoles que más nos vuelan la cabeza y que en mejor momento se encuentran. Hablamos de Juventud Juché, cuyo Quemadero (Sonido Muchacho, Gramaciones Grabofónicas, 2013) se coló con todo justicia dentro de nuestra lista de los mejores discos nacionales del año pasado. Sobraban los motivos, especialmente si en el contador final también teníamos en cuenta los siete (¡siete!) soberbios minutos de su primer EP, impagable carta de presentación. Juventud Juché son aquí ya hora, no sólo por su inmediatísima música, sino porque, a las puertas de su segundo LP, podrían estar en ese momento.

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El momento en el que pasan de ser un trío divertidísimo a una banda esencial. Pase o no, tanto Quemadero como Juventud Juché EP (Sonido Muchacho, Discos Walden, 2012) son sobrada excusa para poner patas arriba cualquier escenario. En directo, Juventud Juché transforman sus ya de por sí encendidas canciones en incendios de minuto y medio las menos extensas, tres minutos largos las más. A priori, debería ser sencillo: esto es más o menos Punk. En realidad, no lo es tanto, precisamente porque esto es más o menos Punk. Juventud Juché es un grupo más complejo que lo que el minutaje de sus canciones pueda dar a entender. La interpretación salvaje y esquizofrénica del Rock ‘n Roll se lleva aquí por los mismos caminos tortuosos de Talking Heads o Mission of Burma, por citar sólo a dos grupos Punk que no eran tan Punk.

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Problema derivado y no demasiado evidente: en directo, las canciones retorcidas e intricadas de Juventud Juché, si bien agresivas, podrían perderse en su propio laberinto, algo distantes. Resultado real: todo lo contrario, a Juventud Juché se les escapan las llamas de los dedos en cada acorde, en cada grito lanzado al vacío, la transmisión y conexión con la audiencia es, ha de ser, inmediata y cálida. Chispas que derivan en el quemadero del que ellos mismos hablan. Como es lógico, funcionan muy bien los temas cardíacos del EP (ninguno supera el minuto y medio, ¡’John Wayne’ in memoriam!), pero también aquellas canciones menos inmediatas, algo más pausadas (y también más creativas, véase la tremenda ‘Restos de un incendio’ o ‘Haz la mantis’).

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Vienen con un estupendo single debajo del brazo, y con las doce canciones de Quemadero aún calientes, incandescentes, publicadas en el suspiro final de 2013. Suponen un contrapunto excelente a la mayoría de grupos del festival (¿Garage? No aquí) y sus conciertos son dinamita, casi tanto como el resultado de su trabajo en el estudio. Subrayado, en negrita y resaltado con rotulador fosforito: una de las citas del festival.

Hipersónica es medio colaborador del Fuzzville 2015.

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