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Especial Fuzzville: The Pandoras

Uno de los grandes puntos que se ha marcado el Fuzzville este año dentro de ese muy notable cartel ha sido traerse como fecha única en España (y primera visita a nuestro país) la reunión de The Pandoras, el mítico grupo de garage punk liderado en los 80 por Paula Pierce, una de esas bandas de historia tumultuosa y fugaz, de las que cabe preguntarse cómo es posible que dieran de sí tantos dramas y tantos cambios de rumbo (algunos francamente equivocados) en tan breve espacio de tiempo. En sólo cinco años conocieron múltiples formaciones, sacaron dos discos fantásticos, uno que ya tal, otro que nunca salió y uno que lanzaron como álbum en directo porque ya no se podía esperar más. Son uno de los grandes reclamos del festival y su presencia despierta, más allá de alguna suspicacia, al menos una enorme curiosidad y desde luego una considerable expectación.

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Hay grupos con los que puede haber discusión sobre por dónde empezar con ellos. No es el caso: ‘It’s About Time’, ese single perfecto que apareció primero en el EP I’m Here I’m Gone, que les editó Moxie Records, y luego en su primer e imprescindible disco (del mismo título), no sólo es el vehículo perfecto para explicar qué fueron y qué hicieron mejor The Pandoras, sino que suele ser de hecho la puerta por la entran en su mundo la mayoría de los que luego acaban hechizados por ellas: parte de una escena garage revival particularmente activa en esos años, pero con el atractivo añadido de incorporar otros sonidos de los 60 más allá de esa escena. El fuzz y el sonido ratonero les da la base, pero el elemento psicodélico y de los girl groups las hace simplemente irresistibles.

Pierce había montado el grupo unos meses antes. Tenía muy claro lo que quería (participar exactamente de esa corriente y montar otra banda de garage punk) y reclutó a la también californiana Deborah Mendoza. Cada una se trajo a otra socia (Gwynne Kelly y Casey Gomez) y juntas formaron la primera de sus numerosas alineaciones. Llevar la cuenta de todas las mujeres que pasaron por allí es agotador, así que resumiremos la historia explicando que para cuando publicaron el primer disco Mendoza ya se había largado, que Pierce es el único nombre que se mantuvo mientras la banda estuvo en activo y que llegaron a producirse situaciones tan surrealistas como que Bambi Conway, sustituta de Mendoza, y Gwynne Kelly llegasen a girar como The Pandoras sin Pierce aprovechando los días que ésta tardó en reformar la banda utlizando el nombre que por derecho le pertenecía.

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Sorprende la cantidad de música (y de disputas internas) que fueron capaces de producir en tan corto espacio de tiempo

Ninguno de estos vaivenes, eso sí, afectó al rendimiento del grupo en sus buenos tiempos. It’s About Time (Voxx Records, 1984), lejos del mero ejercicio de estilo, es una auténtica bomba de sonido destartalado con la diversión como principal objetivo. Les roban riffs a los Kingsmen y a quien haga falta: aquí la cuestión es que la cosa funcione. Por su parte, Stop Pretending (Rhino Records, 1986) es su particular fábrica de hits: ‘In and Out of My Life (In A Day)’, ‘That’s Your Way Out’, la propia ‘Stop Pretending’ que las deja más cerca que nunca del powerpop… Es un disco facilísimo, en el mejor sentido del término: entra perfecto, las canciones parece que van saliendo solas y van poco a poco formando una colección imbatible. Las diferencias respecto al debut son evidentes desde el primer segundo (la producción está mucho más cuidada en todos los sentidos), pero no desaparece en absoluto la frescura y el constante y muy sano objetivo de ante todo pasarlo bien. De esta época no hay que perderse ni el doble single Hot Generation / You Don’t Satisfy (Voxx Records, 1985), que da cuenta de cómo la inspiración en aquellos días parecía hasta sobrarles. El primero, versión de una remota banda de garage australiano de los 60, incluso les hace conseguir un relativo éxito en el momento.

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A partir de aquí empiezan a pasar cosas más raras. Firman por Elektra Records y realizan mil y un intentos de grabar un disco que teóricamente se iba a titular Come Inside, en medio de (de nuevo) varios cambios en la formación, esta vez sí más comprensibles viendo la evolución sonora y estilística en la que estaban inmersas. Para cuando el disco estuvo terminado, a finales de 1987, el tipo que les había contratado ya había sido despedido y el álbum ya no entra en los planes de los nuevos dirigentes, con lo cual jamás llega a ver la luz. Pese a todo, las demos son tan de dominio público que el disco pirata Psychedelic Sluts, que incluye la mayor parte de ese material, ya se considera prácticamente parte de la discografía oficial del grupo. Es interesante escuchar la fotografía sonora del grupo en aquel momento de transición, pero cuesta hacerse una idea de por dónde habría ido el álbum en concreto, por cuál de las numerosas rutas que aquí se apuntan habrían tirado de haber tenido que descartar necesariamente unos cuantos de estos 21 cortes.

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Porque si en esa recopilación oficiosa hay momentos tan lúcidos como ‘Hard On Me’, también empezamos a ver en muchos otros cortes como ‘Nobody’ síntomas de lo que estaba por venir, y no era bueno. The Pandoras, aquel grupo que había nacido subiéndose a un carro para sacar lo mejor de sí mismas, había decidido subirse a otro, cogiendo lo peor de él. Lanzan el miniálbum Rock Hard (Restless Records, 1988) y de repente se ven atrapadas en el peor cliché del hard rock ochentero, incluyendo unas letras que quieren ser descaradamente sexuales y sólo dan un poco de risa. La laca lo llena todo atrofiando por completo aquella frescura y todo para unos resultados muy escasos: ‘Run Down Love Battery’ consigue una cierta difusión pero no las hace estrellas ni mucho menos, mientras que cabrean comprensiblemente a sus fans antiguos y se limitan a entregar un EP vulgar donde la única sorpresa es el horrible pegote ‘Close Behind’ donde parecen querer pillar también algo a costa de The Bangles ya que pasaban por allí.

El cambio de tercio obligaba a buscar rápido nuevos apoyos y para eso hacía falta más material. De ahí que apenas unos meses Pierce permitiera, pese a no estar demasiado convencida del resultado, la edición de Live Nymphomania (Restless Records, 1989), la muy regulera grabación de un concierto que dieron en Dallas mientras trabajaban en la creación de nueva música. La calidad del sonido no es la mejor, la banda se equivoca en más de una ocasión y Paula desafina como una condenada al menos en un par de temas: otro paso en falso. Este directo se ha quedado a día de hoy para redondear las reediciones de Rock Hard en plan dos por uno para tener en un solo sitio (y bajo control) todos los vestigios de esta prescindible etapa del grupo.

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Un poco más tarde, en agosto de 1991, la muerte (una muerte, por cierto, muy poco rock’n’roll: falleció de un aneurisma mientras se duchaba) sorprendió a Paula Pierce mientras hacía lo que se había pasado haciendo la década anterior: buscar nueva gente para reformar la banda por enésima vez. Fue el triste final de un proyecto que ahora recuperan a modo de homenaje algunas de sus excompañeras, con Kim Shattuck (bajista desde la era Rhino) al frente. Hace unas semanas, después del primer concierto de reunión, Shattuck se mostraba en una entrevista feliz (y ligeramente cínica) con el resultado: “vinieron muchos fans y bastantes de ellos no daban grima ni nada. Bueno, aunque a lo mejor muchos de ellos son unos pervertidos, nunca se sabe. La gente a la que le gustan las bandas de chicas es distinta a los fans normales”. En todo caso, ¿qué puede salir mal? Lo peor que puede pasar es que un grupo de fans recuerde los éxitos de un grupo quizá irregular pero que, en lo suyo, cuando fue bueno, fue de los mejores. Disfrutadlo los que podáis.

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