Especial Metallica: ReLoad

El giro musical dado por Metallica tuvo un primer capítulo fabuloso con su álbum homónimo, el cual tal y como comentaba en su análisis hace unos días, fue para mí el último gran disco de la banda californiana. El segundo capítulo, divido a su vez en dos partes, no me parece ya tan brillante, pero algo de interesante sí que hay en él.

Como bien es sabido por todos, Load y ReLoad fueron incialmente concebidos como un álbum doble, pero diversas circustancias provocaron que éstos fueran finalmente publicados con poco más de un año de diferencia. No obstante, forman dos partes de un todo, y eso se nota.

Personalmente Load me parece un disco bastante potable, con algún que otro tema bastante decente, y otros tantos que no me dicen lo más mínimo. Sin embargo, reza un famoso dicho que segundas partes nunca fueron buenas, y si encima estamos hablando de la secuela de un producto que conseguía un aprobado justo, la cosa se pone más complicada.

No creo que asuste a nadie si digo que ReLoad fue el peor disco de Metallica cuando fue lanzado, título que perdería con la llegada unos años después del inefable St. Anger. En líneas generales, las composiciones de este disco siguen profundizando en ese metal fuertemente inspirado en sonidos blues, llegando incluso a mostrar nuevas trazas experimentativas, como los sorprendentes violines y zanfonas de ‘Low Man’s Lyric’.

En ese sentido no puede ponérsele la menor pega al cuarteto, ambiciosos en lo que a mezcla y experimentación se refiere; pero sólo de buenas intenciones no vive un disco. Y es que ReLoad no sólo repite los errores de Load, sino que en buena medida los hace más evidentes. La duración (76 minutos del ala) vuelve a hacerse excesiva, y se hace difícil pasar de la mitad del disco sin desear que se acerque a su final.

Y lo más grave es que empieza la mar de bien, con dos grooves fortísimos, y que además han conseguido convertirse en dos de las canciones más representativas de la banda. Y es que prácticamente todo aquel que haya oído una guitarra eléctrica en su vida sabría qué responder si le decimos eso de “Gimme fuel, gimme fire…”

Un temazo como la copa de un pino para arrancar el LP con fuerza, seguido de otro gran corte como es ‘The Memory Remains’, marcado por la inolvidable participación de Marianne Faithfull y su característica voz. La tercera pista da el giro hacia tempos más lentos con ‘Devil’s Dance’, lo cual no le impide seguir manteniendo el listón de calidad impuesto por sus predecesoras.

Sin embargo, a partir de aquí comienza el bajón, y pocos de los momentos que nos separan del final conseguirán destacar mínimamente. El arranque para esta particular travesía sonora por el desierto lo da ‘The Unforgiven II’, una canción que en ningún momento hace justicia a la grandiosa pieza de la cual pretende ser secuela, perteneciente al disco negro.

Hay, como dije anteriormente, una intención de hacer las cosas bien, de no estancarse y presentar un álbum de metal que se aleje de clichés y convencionalismos; pero los resultados no están a la altura, y las canciones se suceden sin pena ni gloria, despertando poco o ningún interés en el oyente.

No obstante, a en mitad del camino encontramos alguna razón para no pulsar el botón de stop, como ‘Bad Seed’ , que sin ser nada del otro mundo, ameniza bastante, especialmente con esos breves pero intensos subidones a doble bombo.

Y ese es el retrato de ReLoad, un quiero-y-no-puedo con unos pocos momentos de lucidez aislados, que quedan enmarcados en un conjunto grisáceo y poco inspirado, situándose muy por debajo de su álbum gemelo, que tampoco era ninguna maravilla.

Siempre he pensado que, si no fuera porque detesto escuchar los álbumes a retales, y cuando me pongo con uno, me obligo a escuchar absolutamente todas las pistas, me contentaría con coger las pocas que me gustan de ambos trabajos y formaría un único disco que sería bastante más decente que ambos en conjunto. Quizás es eso lo que Metallica debieron y no se atrevieron a hacer en su momento.

Discografía de Metallica

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