Con Nacho Vegas siempre llego tarde. Le dejé pasar en su momento y no fue hasta que se juntó con Bunbury cuando yo me encontré con él. No pasa nada, afortunadamente siempre se puede rebobinar e ir descubriendo una a una todas las joyas que este asturiano ha ido esculpiendo a lo largo de su carrera. Es lo que convierte a alguien en un artista, que el paso del tiempo no deteriore lo más mínimo su obra.

Mentiría si digo que introducirme en su particular universo me ha hecho pasar momentos felices. No es su estilo y al contrario, en más de una ocasión he tenido que apagar el reproductor ante el miedo de deprimirme demasiado. Es tal la crudeza y el pesimismo de muchas de sus letras que no es un plato apto para estómagos delicados. Pero no siempre buscamos diversión y entonces es cuando Nacho Vegas te atrapa. Será que en el fondo todos somos un poco masoquistas y nos regocijamos en el sufrimiento y el dolor, será que todos tenemos los mismos temores, que nos atraen más las malas compañías y que que pocos consiguen transmitir tanta carga emocional en sus canciones como este maldito chaval.

Ahora llego tarde también a este monográfico que le estamos dedicando en Hipersónica. Bueno, aquí le pillo por los pelos justo antes de que se lanzara a acompañar a Bunbury y a Christina Rosenvinge y de que volvierá el año pasado renovado, nos recordaba, aún pesimista, que Esto no es una salida.

Publicado en el 2005, el mismo año en el que lanzaba su esperado tercer disco Desaparezca aquí, este mini LP es una de esas piezas raras que tanto gusta a fetichistas y coleccionistas. Esto no es una salida se editaba en vinilo de 12” en una cuidada presentación que incluía un relato inédito del artista e iba acompañado de su correspondiente edición en CD digital. Un regalo para todos sus fans, que en este momento ya eran muchos gracias a una crítica musical totalmente rendida a sus pies.

Seis canciones, cuarenta minutos que pueden ser considerados descartes de su anterior disco. De hecho salieron de las mismas sesiones de grabación junto a su banda perfectamente engrasada Las Esferas Invisibles y Paco Loco como productor. Cinco nuevos temas y para abrir ‘Nuevos planes, idénticas estrategias‘ recuperado del disco anterior y nexo de unión con aquel.

Y yo prefiero verlo así, como una serie de material extra que complementa su tercer disco y que se agradece que salga a la luz antes de perderse en el olvido. Seguramente no encontremos aquí sus mejores canciones, pero sí una mayor libertad a la hora de adentrarse en otros palos no tan habituales en él, como la rumba en la que se transforma ‘Mi Marilyn particular‘ con las palmas, cajón y guitarra española de Ratón de Los Delinqüentes.

Y aunque no eras rubia,
y aunque no hablabas inglés,
y aunque eras más que estúpida,
y aunque no sé ni si eras mujer,
en fin, serías tú mi Marilyn particular

También es la oportunidad de que al fin se editara alguna canción que ya había interpretado en concierto y que sus fans echaban de menos como es la desgarradora historia que hay tras Hablando de Marlen. Es duro pensar en esas dramáticas vidas con las que nos tropezamos a diario sin darnos cuenta, personas a las que en vez de ayudar damos la espalda o algo peor:

Marlén dio en trabajar por las noches en un club,
el Huracán 72, por dos duros y habitación.
Algunos por allí la conocieron bien,
decían “Ven, mudina, hazme feliz.
Ven y, ya que no hablas, chupa aquí”

Los momentos más pausados y confesionales del cantautor asturiano se reservan aquí a dos de esas baladas en las que siempre se defiende tan bien. Son ‘El último baile‘ a la que sus fans ya habían bautizado como Padre y ‘Con amor y absurdidad‘ y sus multiples lecturas.

Y dicen que incluso Caín tuvo una buena razón,
y que su causa oculta no era otra que la revolución.
Con todo, no puedo afirmar con seguridad
si era Caín o era Abel quien te pedía piel para llevarse algo más

Y llegados al final del callejón ya no hay vuelta atrás, no queda otra que rendir cuentas. ‘Cosas bien hechas‘ (Imeem) son nueve minutos de blues, de rock electrizante, una válvula de escape a toda la energía que aún queda dentro. Es un grito con todos nuestras fuerzas al paso del tren donde más importante que lo que se diga es la sensación de desahogo que queda cuando regresa el silencio.

Ahora toca romper ese muro, buscar aliados para continuar y esquivar las trampas que nos va colocando esta vida. Buscar nuevas salidas.

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