Especial Smashing Pumpkins: Mellon Collie and the Infinite Sadness

Con Especial Smashing Pumpkins: Siamese Dream, los Smashing Pumpkins ya habían empezado a obtener un notable reconocimiento entre el mainstream del momento, pero el verdadero éxito estaba por llegar, y lo haría de la mano de un disco que es ambición en estado puro. Desde luego, que el propio Corgan se atreviera a compararlo con el inconmensurable The Wall de Pink Floyd es un atrevimiento considerable.

Pero Billy estaba crecido, tanto que se permitió el lujo de componer más de cincuenta canciones para este álbum, de las que finalmente “sólo” veintiocho pasarían el corte, dos más en la versión en tres vinilos que también se puso a la venta. Solamente James Iha le echaría la mano con la creación de Farewell and Goodnight y Take Me Down. Eso sí, al menos las tiranteces en el estudio que surgieron durante la grabación del anterior álbum quedaron momentaneamente aparcadas, consintiendo Corgan esta vez que los otros miembros pudieran grabar sus instrumentos.

Mellon Collie and The Infinite Sadness y la montaña rusa

Este ostentoso álbum conceptual es un enorme repaso, o más bien un homenaje, a las emociones, a los sentimientos, al hombre en sí. Armonía, rabia, belleza y pasión se suceden de una canción a otra, y a veces incluso dentro de un mismo tema, conformando así las dos mitades del disco: Dawn to Dusk y Twilight to Starlight. Imposibles de separar, suman uno de los discos más soberbios de todos los tiempos.

Bullet With Butterfly Wings fue el primer single publicado, y bien podría ser considerada como la mejor canción del disco, de no ser porque es casi imposible dar ese título a ninguno de los muchos y muy buenos temas que lo pueblan. Comienza con la advertencia de Corgan, “The world is a vampire”, que da paso a una melodía sencillamente irresistible, y que crece hasta explotar con un estribillo demoledor.

https://www.youtube.com/v/wrivjzw0RlI

El siguiente turno en la lista de singles fue para la segunda mitad del disco con 1979, infinitamente más calmada que la anterior, casi demasiado. Un melodía extremadamente onírica, que parece traer recuerdos borrosos a la memoria del oyente. Un discreto jugueteo con la música electrónica, con la que más adelante compartirían palabras mayores en el discutido Adore. Pero eso es harina de otro costal.

La dureza volvería con la chirriante Zero, tema emblemático donde los haya, ya no sólo por la descomunal fuerza que desprende ese riff de guitarra y esa amenaza desesperada que profiere Corgan a mitad de la canción, sino también por esas características camisetas negras con el nombre de la canción y la estrella que hoy en día todo el mundo relaciona con la banda. Sin duda alguna, uno de los mayores iconos de los noventa.

Tras la sencilla pieza de piano que da nombre y comienzo al álbum, empieza a desplegarse este inmenso himno de rock moderno que es Tonight, Tonight, canción que viaja sobre el ritmo que le impone una orquesta compuesta de 30 instrumentos de cuerda como sobre una nube, dando al tema una toque casi colosal. El videoclip que se rodó para el tema, de gran belleza, es uno de los más conocidos y representativos de la década.

https://www.youtube.com/v/EsZYqaSc4cU

El último single publicado fue este Thirty-Tree que recupera ese tono soñador y melancólico de 1979, con esas sencillas siete notas de piano que se repiten una y otra vez, y que suponen la guía melódica para una canción que no cuenta con la colaboración del batería Jimmy Chamberlin. De hecho, este single fue publicado tras ser éste despedido por sus problemas de drogas durante la gira de presentación del disco.

Aparte de estos singles, Muzzle y Here Is No Why son otros dos temas que tuvieron protagonismo en las radios, aunque hay otro buen número de joyas a extraer de esta inmensa cantera musical. Me encanta la furia de Fuck You (An Ode To No One), con la que verdaderamente dan ganas de mandarlo todo a la mierda, así como la sonrisa que te arranca la cómica We Only Come Out at Night, y la pretendida suciedad de Where Boys Fear to Tread.

Un disco de verdaderos contrastes, que vapulea al oyente haciéndole pasar drásticamente de la alegría a la melancolía, y acto seguido a la rabia o a la emoción. Un disco grande en todos los sentidos, tanto en su duración como en su calidad, y capaz de disputarse el título de mejor álbum de la banda con el Siamese Dream. En mi opinión, en dicho combate vence el Mellon Collie and the Infinite Sadness a los puntos.

Discografía de Smashing Pumpkins

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