Muy poco se ha hablado de Estirpe en la prensa musical de nuestro país. A pesar de lo aficionados que somos en España a ignorar y minusvalorar a aquellos que cuentan con valía como para tener eco incluso fuera de nuestras fronteras (independientemente de la disciplina de la que hablemos), debo deciros, que no entiendo por qué los andaluces no han adquirido más fama, más reconocimiento del que actualmente cuentan, habiendo vivido durante toda su carrera en un pseudoanonimato que a mis ojos les ha acabado convirtiendo en banda de culto.

Supongo que el hecho de que Estirpe sean una banda que no sepan estarse quietos, que tienen por costumbre tocar la mayor cantidad de palos posible y que, durante el transcurso de su carrera, y tal y como podemos ver en su evolución artística, hayan acabado decantándose por unos géneros tan poco cañís y tan impropios de las bandas patrias, ha jugado en contra de que acabasen logrando la fama y el eco que, sinceramente, considero que merecen.

Obviamente no tienen una discografía perfecta y cuentan con algunos temas que, pasados más de 10 años, me producen sarpullidos, sin embargo, esos temas, no son argumento suficiente como para restar peso a los aciertos que se encierran en los 5 discos de la banda (6 si contamos a El Sentido de la Calma) y sí son la prueba patente de esa búsqueda de una identidad propia que acabó desembocando en un disco tan brillante como Buenos Días Voluntad.

Idolos de Papel

Impropio de una banda formada por músicos que apenas alcanzaban la mayoría de edad (si es que la superaban, ahora ya no lo recuerdo), los cordobeses Estirpe lanzaron en 1997 el que para mí es uno de los mejores discos que el Rock patrio nos dio en la década de los 90. Con una madurez y un aplomo que no volvieron a mostrar hasta su disco del año 2009, Estirpe presentaron un disco en el que el espíritu del Rock Andaluz compartía espacio con el legado de The Real Thing de Faith No More.

Rock increíblemente bien compuesto y algunas de las letras más inteligentes que he podido escuchar en el Rock patrio sirvieron de base para el lucimiento de Manuel Ángel Martínez, interpretación que le sirvió para erigirse como el vocalista español más prometedor de ese momento. Además, es el disco con la atmósfera más conseguida de todos los lanzados por la banda hasta la fecha, jugando la pobre producción a favor de este hecho, haciendo que el factor nostalgia lo erija con mi disco favorito de la banda.

Como nota curiosa, recuerdo que la publicidad que su discográfica de entonces, Avispa, vendió a la banda como un cruce entre Faith No More y Pearl Jam. Lo del grupo californiano lo compro e incluso lo vendo yo mismo, pero lo de Pearl Jam no se sostiene se ponga como se ponga Paco Ventura.

Víctimas del mismo Sol

Muy alto tenían el listón Estirpe cuando se pusieron a trabajar en su segundo disco. Confiados en la fama de un vocalista que no paraba de crecer y en que la apuesta por el numetal (odio este término) podría darles la fama que consideraban se merecían, en el año 2000 presentaron su disco más irregular hasta la fecha, disco que significó la renuncia a muchos de los aciertos de su álbum de debut y, sobre todo, la sospecha por parte de muchos de que esa madurez mostrada en 1997 fue casi más fruto de la coincidencia que del talento de los cordobeses.

A pesar de que el tono más directo en lo musical y letrístico no hizo ningún bien a Estirpe (así lo he visto pasados los años aunque en su momento disfruté el álbum), siguen quedando muchas cosas que rescatar en el disco, dejando claro además que en los aspectos técnicos los cordobeses eran impecables ya por aquel entonces. Un tono más juvenil y reivindicativo podría haberles servido para ganar algo de público a corto plazo, sin embargo, muchos de los que se entusiasmaron con su debut sintieron cierta decepción.

Ciencia

Con la lección parcialmente aprendida regresaron en el año 2002 con Ciencia, disco en el que siguieron moviéndose en terrenos vinculados al legado de Faith No More pero eliminando cierta carga metálica en su sonido a pesar de mantenían ciertos pepinazos. Con este álbum comenzaron a demostrar que el paso del tiempo les sentaba más que bien, presentando unas composiciones más elaboradas y unas letras que aún mantenían las constantes de rebeldía juvenil y crítica social y política pero desde una perspectiva más sutil y seria que en el álbum anterior.

Sin embargo, el principal acierto de este Ciencia es que sirvió para que Estirpe volvieran a coger la senda que parecía pretendían recorrer tras su debut. Es cierto que el Rock Andaluz no había vuelto a tener presencia (ni la tendría hasta ocasiones esporádicas más adelante), pero ya comenzaba a atisbarse, gracias a determinados temas, que los cordobeses sabían ponerse serios y reflexivos si la ocasión lo pedía y acompañando a esta faceta con composiciones más equilibradas, sobrias y efectivas.

Inventarse el Mundo

3 años tardaron en regresar con el que sería su mejor álbum hasta la fecha y la verdadera constatación de que, aunque la evolución de Estirpe aún estaba lejos de terminar, ya eran el grupo más innovador del Rock de nuestro país. Desligados definitivamente del Metal, Estirpe ofrecieron en el año 2005 un disco de ‘puro y duro’ Rock Alternativo (este término tampoco me gusta) que perfectamente podría haber plantado cara a los superventas internacionales de haber sido cantado en inglés.

Las letras más cuidadas desde su debut y una apuesta por los aciertos mostrados en Ciencia fueron el armazón de un disco muy sólido que les debería haber colocado en la vanguardia del Rock patrio, el cual estaba monopolizado por bandas bastante menos interesantes que ellos. Una evolución sonora que hizo que lo que antes eran referencias claras pasasen a ser solo una fuente de inspiración junto a las ideas propias de la banda acabó convirtiendo a Estirpe en una banda única a nivel estatal, teniendo, probablemente, la personalidad más marcada de todo el país. Y mientras esto sucedía, Manuel Ángel Martínez seguía demostrando que era uno de nuestros mejores vocalistas.

Buenos días Voluntad

Como había sido norma en anteriores ocasiones, Estirpe se tomaron bastante tiempo para lanzar el que sería su quinto disco y último hasta la fecha. Tras 12 años de carrera discográfica, fueron capaces de refrendar todos los elogios obtenidos por su debut con Buenos días Voluntad, un álbum en cierta medida continuísta con lo mostrado en Inventarse el Mundo pero cuya grandeza reside precisamente en los matices que lo diferencian del anterior.

Plenamente conscientes de una madurez que al fin alcanzaron, los cordobeses no introdujeron cambios significativos en su sonido más allá de unos desarrollos más ricos y pausados (probablemente reflejo de la experiencia de El Sentido de la Calma), siguieron potenciando la vertiente melódica y grandilocuente de su sonido y, sobre todo, apostaron por las composiciones más pausadas y sobrias de toda su carrera a pesar de mantener intacta la apertura de mente por la que son reconocidos.

No habían vuelto al Rock Andaluz (aunque sí coquetearon en parte con el Rock Sinfónico) pero al fin el espíritu de los primeros Estirpe había regresado (o al menos el espíritu que yo esperaba desarrollasen). No se trataba tanto de un retorno a sus raíces estilísticas como el hecho de que fueran capaces de refrendar el resultado de su maravilloso debut. Cuando nadie lo esperaba, lo demostraron. No eran los mismos pero eran ellos.

De cara a su nuevo álbum parece ser que van a mantener su constante evolución y por lo que he podido leer a Manuel Ángel Martínez, puede que nos traigan alguna sorpresa. Habrá que estar atentos, quizás decidan cerrar el círculo regresando al lugar en el que llevo esperándoles tanto tiempo.

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