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Faith No More — Sol Invictus

Creo que parte del éxito proviene de no haberle dicho a nadie que estábamos haciéndolo. Lo hicimos a puerta cerrada y no tuvimos ninguna expectativa exterior. No había nadie más involucrado salvo nosotros cinco. Así que hicimos lo único que somos capaces de hacer, que es sonar a nosotros mismos. Teníamos la intención de ir de vuelta hacia nuestras raíces. Estoy bastante seguro de que conseguimos llegar a ello (Roddy Bottum).

Podemos pensar con facilidad que tendemos a sobredimensionar los hechos y experiencias que vivimos en pleno directo y que adquieran mayor valor que los que cuando los observamos a posteriori o cuando nos los cuentan terceras personas. Sí, seguramente no sea lo mismo ver por primera vez El Imperio Contraataca en el momento de su estreno original que décadas más tarde, cuando ya te han contado mil personas lo peliculón que es, pero quién dice que no la puedas disfrutar igual o incluso más. No es imposible, siempre y cuando tu mentalidad esté abierta con respecto a productos de otras épocas.

Lo reconozco, yo a Faith No More llegué más tarde, lejos de su momento auge o del boom del nu metal del que fueron una influencia capital. Es más, cuando los descubrí llevaban años separados. Y aun con esas, se han convertido en una de mis bandas preferidas de siempre aún siendo un nombre fuertemente ligado a la década de los noventa. Así de grande es su brillantez y su grandeza, capaces de seguir captando con el paso del tiempo acólitos cuya mente explota con su enorme cantidad de ritmos locos, riffs explosivos y canciones únicas.

Faith No More retomando desde donde lo dejaron

Con todo eso, aquí estamos con Album of the Year (Slash, 1997) a punto de tener edad para beber, conducir y votar y por fin ha salido su sucesor. Todos y cada uno, tanto seguidores veteranos como los más recientes, estábamos casi sin uñas para poder ver con qué nos iban a sorprender Mike Patton y compañía a estas alturas y sin necesidad alguna de tener que demostrar y publicar nada. Igual no teníamos necesidad de un disco de Faith No More en pleno 2015, pero es indudable que lo queríamos escuchar ipso facto en cuanto soltaron sus intenciones.

Claramente los planes se les han torcido y un mes antes de lo previsto ya podíamos escuchar su séptimo trabajo de estudio. Una sonrisa enorme va esbozando nuestra cara al ver que Sol Invictus (Reclamation, 2015) está finalmente en nuestros discos duros. Abrimos nuestro reproductor habitual, ponemos el disco y con cierto grado de nerviosismo nos preparamos para darle al play. La incógnita sobre qué habrá en su interior ronda por el aire, ya que los adelantos no fueron completamente esclarecedores al ser el primero un giro de rumbo a modo de declaración de intenciones y el segundo un cañonazo con todo el ADN del grupo.

Igual no teníamos necesidad de un disco de Faith No More en pleno 2015, pero es indudable que lo queríamos escuchar ipso facto en cuanto soltaron sus intenciones

Pero una vez hemos terminado de recorrer sus diez nuevos temas queda claro que aquí no se ha venido a tomar el pelo a nadie. Desde la primera a la última nota se escucha a Faith No More en toda su idiosincrasia, como directamente retomando el camino desde lo dejaron en 1998. Habrá quien vea elementos más cercanos a Tomahawk, uno de los innumerables proyectos en los que Patton presta su portentosa voz, pero aquí no hay ni trampa ni cartón, sino puro Faith No More. Claro que no tendría demasiado sentido volver y directamente poner patas arribas los esquemas del metal mainstream. Sol Invictus nació de manera natural cuando sus miembros vieron superado el momento nostalgia tras su regreso y también porque querían demostrarse a sí mismos que, si querían, podían. Y vaya que si han podido.

No estamos ante un disco con la dispersión de un Album of the Year, ni tampoco ante uno tan locamente y brillantemente desquiciado como un King for a Day… Fool for a Lifetime (Slash, 1995) ni con tanta energía y rabia funky como la que posee un Angel Dust (Slash, 1993). Será este último, sin embargo, el que más características comparte con este nuevo disco, pero sin tanto jitazo inmediato. De hecho, si algo destaca en las primeras escuchas a Sol Invictus en la ausencia casi total de singles propiamente dichos, sino que cada canción termina estableciendo una fuerte unión con su predecesora y con la que le sigue, dando la sensación de estar ante un disco que destaca más por su conjunto que por sus piezas por separado.

Pocos singles pero muchos ganchos

Pensaréis que esa máxima la rompe ‘Superhero’, single de este disco y que además es muy directa, pero claro, también es cierto que ya la teníamos bien mascadita antes de escuchar el disco entero y, si algún tema tenía que actuar como single, esta tenía más papeletas que ninguna. Y al final, escuchada en su contexto, termina plegándose al servicio del conjunto como el resto, enlazando la gentil bienvenida de ‘Sol Invictus’ con una ‘Sunny Side Up’ que recuerda a una ‘Evidence’ pasada por el tamiz del Angel Dust. Por otro lado, y volviendo a ‘Superhero’ como single, resulta más representativo de lo que es el disco que lo que mostraron mucho antes con ‘Motherfucker’, probablemente el tema más atípico de todo el álbum y que a más de uno le dejó WTF, dejando a los más entusiastas el deber de rendirse ante su épica.

Aun a pesar de lo dicho, no creáis que de primeras es un disco que pasa sin pena ni gloria con las primeras vueltas que se le da, o que directamente te deja frío. Que no estemos ante una colección de temazos inmediatos no quiere decir que no haya puntos, momentos que captan nuestra atención, que nos causan fascinación. Esos pequeños ganchos están muy presentes en el disco, y conforme vamos volviendo al mismo vamos tirando de ellos y sacándoles todo el jugo hasta comprobar que hay varias canciones extraordinarias, de las que sólo Faith No More son capaces de sacar.

Pienso por ejemplo en ‘Separation Anxiety’ y su aroma tan oscuro, cierto grado esquizofrénico y un estribillo lleno de fuerza y expansivo que golpea directo a nuestro mentón, así que si estáis medio noqueados al escucharlo es normal. El grupo deforma todo lo que hay a tu alrededor para ir jugando con tus sentidos, se apoderan de la atmósfera y van incrementando la tensión hasta que hacen estallar todo para deleite nuestro. Pienso también en ‘Cone of Shame’, menos intrincada, quizá lo más Tomahawk del conjunto pero encaja como un guante en lo que plantea la banda en el disco, además de ser otra enorme muestra de cómo Patton va dominando la canción mediante su versatilidad vocal, transmitiendo en un mismo tema toques retorcidos y arranques de pura energía.

Pienso también en cómo siguen siendo capaces de sacar composiciones punzantes, que se te terminan clavando y acabas irremediablemente rendido ante ellas. De cómo con tempos alocados y con ese punch tan característico y tan metal terminamos desgañitándonos en estribillos como el de ‘Black Friday’. Pero sobre todo en lo que pienso es en la gran triunfadora de este trabajo, esa canción que ya por sí sola vale un disco y un regreso como este. En esa donde Faith No More echan el resto, firman una exquisitez de película y una destreza extremadamente certera. ‘Matador’ lo junta todo, los sublimes teclados de Roddy Bottum, el poderoso combo de cuerdas entre Billy Gould y Jon Hudson, el mojo de Mike Bordin con la batería y un Patton omnipresente y excelso. Seis minutos increíbles, que de primeras pasan por tu lado como esa despampanante morenaza que sólo has visto de refilón, mientras se cruzaba contigo, pero te ha dejado impactado aunque ya estés demasiado alejado de ella para observarla mejor. Y a cada regreso a esa canción se hace más espectacular, aún más llena de magia y completamente arrolladora.

Sol Invictus ha cumplido varios de sus objetivos: no sonar prescindible y ofrecer un rato estupendo a cualquiera que le guste mínimamente el grupo

Cuando vemos que ‘From the Dead’ se ha marchado con la misma placidez con la que empezó el tema homónimo al disco, ambos como prólogo y epílogo de este conjunto, nos damos cuenta de lo corto que llega a hacerse este disco, puesto que no llega a los cuarenta minutos de duración, y creo que hasta que es de agradecer para no llegar saturando tras tanto tiempo y terminar siendo contraproducente con 14–15 temas. Hay que reivindicar más esta clase de discos ligeros y bien medidos.

8/10

Dejando a un lado el entusiasmo propio de la novedad y también del fanatismo, fríamente toca decir que no se acerca a los mejores Faith No More y no va a alcanzar un lugar trascendente con respecto a otros discos. Tampoco hablamos de el mejor disco del año, pero no me cabe duda de que Sol Invictus ha cumplido varios de sus objetivos: no sonar prescindible y ofrecer un rato estupendo a cualquiera que le guste mínimamente el grupo. Tiene momentos fantásticos, pero no es redondo. Y aun con todas estas pegas que le estoy poniendo, me gusta lo suficiente el disco para ponerle un 8. Son así de grandes estos malditos bastardos.

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