“SimonBalthazarFanfarlo” src=”http://img.hipersonica.com/2012/05/fanfarlocantante.jpg" class=”centro” />

Cuando se habla de música, hay algo peor que una etiqueta, sea o no justa: una comparación de la que no te puedas despegar. Y no sólo eso: el grupo al que “te pareces” es tan inalcanzable tanto en repercusión como en talento que acabas con el sambenito de ser un “marca blanca” de ESE grupo. Ante eso, puedes arrugarte, deprimirte y darte a la bebida (aquí el orden de los factores no altera el producto), o puedes convivir tranquilamente bajo esas circunstancias e intentar aprovecharte de su rebufo. En este caso, Fanfarlo prefieren no esconderse bajo su ala protectora, aunque compartan paleta de colores y tonalidades, y pese a la mayor densidad de Rooms filled with light respecto a su predecesor, progresan adecuadamente hacia un lugar propio en el espectro del pop épico o indie de salón.

My Dear Flotsam: bebiendo de la NME

En cambio, ciertas comparaciones sí que pueden lastrar, especialmente al inicio de sus carreras. En el caso de los teloneros, My Dear Flotsam, con algún miembro de Palma, en los 45 minutos que dispusieron para su concierto, dejaron bastante claras sus intenciones, virtudes y defectos. Contagiosos, con ganas de agradar, mantuvieron durante su actuación una intensidad y una actitud dignas de un grupo más rodado, con un notable nivel técnico e instrumental, y un variado abanico estilístico, como queriendo cubrir todo el espectro del rock alternativo británico de la década pasada. Que si esta recuerda a Franz Ferdinand, que si esta parece de Snow Patrol, que si aquí pretenden sonar como… (y así todo el concierto). Cuando se ponían bailables agradaban más a las chicas (alguna canción era MUY Two Door Cinema Club), y cuando buscaban intensidad, agradaban más a los chicos.

“Hipersónica vota 6,8” src=”http://img.hipersonica.com/2012/05/notashipersonica_seisochenta.jpg" class=”derecha_sinmarco” />La impresión era positiva, con una contundencia bien equilibrada y un entusiasmo que remitían directamente a los primeros Lori Meyers, pero también la misma sensación de déjà vu de otras bandas que perdían trascendencia al parecer sucedáneos de otras bandas contemporáneas, como The Blows o los primeros CatPeople. Su EP, Manalive, incita a no perderlos de vista, y su directo, a perdonar su manía de meter tantos coros uoooooh, ah, eh eh, yeah y ciertos tics de intensidad vetustamorliana. Aún teniendo en cuenta que su propuesta no era tan compatible con el grupo principal como debería, hacía bastante tiempo que no disfrutaba de unos teloneros tan resueltos y solventes.

Fanfarlo: deconstruyendo su esencia no pierden consistencia

Vi en directo a Fanfarlo hace 2 años, en una de las ediciones del Festival Do Norte que recuerdo con más cariño. El disco que por entonces presentaban, Reservoir, invitaba al optimismo, pero el retraso con el que habían empezado y el orballo* de aquella noche hizo que nos acabasen ganando, convirtiendo su remontada en una preciosa celebración colectiva. Obviamente, superar esto en una sala de aforo más reducido, sin el ambiente festivalero ni lo mucho que une cualquier tipo de precipitación en un espectáculo deportivo o musical, era algo imposible.

Rooms filled with light sonó casi al completo, y acaparó un importante bloque inicial, sentando las bases del nuevo sonido del grupo: las canciones van pasando de opacas a translúcidas, pero en pocas ocasiones se alcanza la nitidez de Reservoir. Las texturas son más densas, la instrumentación más sobria, y ahora los desarrollos cambian inmediatez por complejidad, como si los temas en vez de ser espontáneas y descontraladas combustiones juveniles, ahora se controlasen estequiométricamente desde la pizarra, calibradas desde la frialdad y exactitud más matemática y no desde la impulsividad emocional. Incluso las pocas canciones que sonaron de Reservoir durante el concierto traían consigo una asepsia calculada, como encorsetadas en unos nuevos patrones de tempo más pausado y calculado.

“BajistaFanfarlo” src=”http://img.hipersonica.com/2012/05/Fanfarlobajista.jpg" class=”centro” />

Digamos que el grupo ha cambiado una macedonia (de fruta, no una chica de Skopie) por un postre nuevo, deconstruido, más latoso de hacer y que, aunque despierte quizá más curiosidad intelectual, no sacie de una manera tan temprana, eficaz y refrescante como la primera. Hay más mano de obra, más técnicas y más recursos en las nuevas canciones, pero la espontaneidad en la música, al igual que en la cocina, debería exigir un resultado óptimo siempre que se renuncie a ella.

¿Y eso cómo repercute en un concierto? A juzgar por el comportamiento del público, mejora la “experiencia de usuario”. Más atención del público, menos interrupciones, interpretaciones en las que tanto los músicos como los asistentes invierten más atención y dedicación. ¿Riesgos? Que los segundos se cansen, se empiecen a distraer y se aburran. La elaboración requiere más concentración y una correcta fermentación necesita más paciencia que una rápida ebullición. Los clímax de ‘Replicate’, ‘Tunguska’ o ‘Bones’ se espacian más que cuando suenan ‘Fire escape’, ‘Finish line’ o los ases guardados para cerrar la primera parte de la actuación (‘Harold T. Wilkins, or how to wait for a very long time’) y los bises (‘The walls are coming down’), pero cuando se desmelenan (genial ‘Tightrope’) o coquetean juguetones (‘Feathers’) y salen de la rutina, ilusionan de una manera inesperadamente bienvenida.

“SaxoFanfarlo” src=”http://img.hipersonica.com/2012/05/Fanfarlo3.jpg" class=”centro” />

Aún así, un menor dinamismo permite detenerse en la complicidad entre las voces de Simon y Cathy, en ese violín cada menos participativo pero más protagonista, en la calidez de su trompeta y su saxofón, en la polivalencia instrumental que, una vez más, hace que nos recuerden a Arcade Fire… de marca blanca: más baratos, más alejados del foco mediático, y tocando, en esta gira de Heineken Music Selector, por ciudades y aforos reducidos, consiguiendo experiencias mejores que en los últimos conciertos de los canadienses en España (MadridBilbao).

Ser secundario no tiene por qué ser malo si es honesto; no tiene por qué ser triste si resulta satisfactorio, y no debe estar tan infravalorado cuando es tan reconfortante. Hagamos como Luis Piedrahita y disfrutemos de las cosas pequeñas, porque mientras nos sigan dando noches como la del pasado sábado, tus discos de platino me importan un pepino.

Imágenes | Concierto de Fanfarlo el 15.11.11. Cedidas por HeinekenPro. Autora: Carla Mir

 

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