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Fasenuova — Aullidos Metálicos

Casi treinta años después de que se llevara de moda, los duetos que únicamente se servían de uno o dos teclados se han extinguido salvo honrosas excepciones. Algunos, veteranos; otros, parte de una amalgama de valientes, nostálgicos o simplemente raros. Quizá en esta última acepción es donde mejor encajen Fasenuova, aunque su propuesta tenga poco de rara o nueva. Pero las caras o expresiones que dejan a su paso durante y tras sus actuaciones en las salas siempre es digna de mención, su música es a veces tan brutal que te deja impactado, sin saber cómo reaccionar. Y eso que sus sonidos no son pioneros, a pesar de lo actuales que suenan, pero el cruce entre el minimal synth y la cold wave están tan enterrados hoy entre un público masivo, que a cualquiera que le pillen en directo a pie cambiado les parecerán, en efecto, ‘raros’. Y sin embargo, ahí llevan ya diez años como Fasenuova, fuera de la manada, innovando su técnica para sobrevivir, como un lobo solitario que atraviesa la oscuridad de la noche con aullidos.

Aullidos Metálicos (Humo, 2016).

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Como es lógico en la carrera de un artista, Fasenuova han ido evolucionando con el paso de los años, alejándose de una electrónica más bruta y primigenia, llegando en estos últimos años a su mejor nivel, excepcional, tanto en Salsa de Cuervo (Discos Humeantes, 2013) como en este nuevo álbum. Pero siendo puro fasenuovismo, este está cortado por un patrón diferente. Aunque les ha pasado en discos anteriores, este tiene un magnetismo especial, una belleza extraña, difícil de explicar. Deben ser los teclados cortantes, la sangre que se hiela cuando vomitan su dramática y visceral lírica. O debe ser quizá la soberbia producción de Óscar Mulero. Casualmente, en el periodo de 2015–2016 puede que hayamos tenido los dos mejores LPs que han firmado sendos proyectos. Y seguramente no podríamos entender este magnífico Aullidos Metálicos sin el trabajo de Mulero y su Muscle and Mind (PoleGroup, 2015), ambos unidos por ese juego con las ambientaciones y el músculo, manipulando tus emociones.

Narraciones para helar la sangre

Fasenuova forjaron sus teclados en el mismo horno fundidor que los seminales Esplendor Geométrico, adoptando su contundencia, y a veces suenan tan incómodos como los transgresores Throbbing Gristle. A esa experimentación, de raigambre industrial pero cortada por la fina hoja de la minimal wave y su intrínseca oscuridad, hay que sumarle la capacidad del dúo asturiano para dejarte aturdido en cada disco, de congelarte el aliento en temas tan intensos como el que abre este cuarto LP, ‘Hell Angel’, un corte que ejemplifica lo que son las ocho canciones: atmósferas que te constriñen en callejones donde sólo quedan letras para la inquietud. Como manda el reglamento geométrico, parcos en palabras pero directos, y a dejar que sea el peso de la cacharrería analógica el que haga el resto. Con todo, a pesar de la claustrofobia y los paisajes perturbadores que su música dibuja, es interesante ver cómo las letras hacen contrapeso a ese sonido. A pesar de la dureza de su propuesta, también hay porción para el romanticismo, unas veces disfrazado de caparazón para abstraerse de un mundo sin sentido, y otras bañadas en pura angustia vital en temas preciosos como ‘Carretera Fluorescente’ o ‘Me Da Vueltas Todo Lo Que Dices’. Una vez más, una propuesta excitante como pocas — o ninguna — en nuestro país.

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8.2/10

Pero no todo es perderse por el ambiente frío y secuencias estremecedoras, incluso cuando Fasenuova se vuelven más pop, ofrecen aristas que pocos pueden alcanzar. De hecho, ‘Bailas Perfectamente’ puede que sea el mejor tema del disco, el más ochentero, y que esconde, de nuevo, ese excitante ritmo magnético, perfectamente acoplado a la voz de Ernesto. Asimismo, también hay hueco para las partes más ambientales y relajadas, barbitúricas, que no habían explotado así anteriormente — y esto parece claro sello de Mulero, algo que utilizó muy bien en su último LP — . Piezas como ‘Naves Desiertas’ son la belleza de las frecuencias. Sea como sea, en esos páramos, en la noche de bosques asturianos con la tensión de los temas más duros como ‘Te Quieres Pirar’, Fasenuova han esculpido un trabajo que sigue sonando genuino, con tremenda personalidad, rezumando poesía desgarradora, con todo ese desfile de teclados tensos, excitantes, que te golpean en bucle continuamente, fascinado por la curiosidad de lo oculto. A pesar de lo cortante y pesado de su propuesta, en Aullidos Metálicos hay algo de desasosiego, sí, pero también de belleza dentro de esas viscerales idas y venidas. Pasan de la ternura al sudor más frenético y agobiante en lo que tarda en sonar la siguiente canción. No hay tregua. Sólo nos queda aullar.

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