Father John Misty — I Love You, Honeybear

Sobre las decepciones post-hype se han escrito poco menos que tesis doctorales. Esperar la llegada de un disco, libro o película, y, una vez catado, quedarte con la sensación de que el resultado final está lejos del esperado. Pasa millones de veces, quizás cada vez más. De lo que se habla menos es del supuesto contrario: querer hacer sangre de algo que esperas con cierta rabia contenida y, al final, no poder hacerla porque su degustación calma tu sed de venganza. No sabría decir cuál de las dos hipótesis es más frustrante, la verdad. Ninguna, en todo caso, acaba dejándote un buen sabor de boca, que digamos.

Father John Misty escurriendo el bulto

A I Love You, Honeybear (Sub Pop, 2015) yo lo esperaba con ganas. Pero no porque supusiese que iba a ser un disco sobresaliente, no. Más bien porque su predecesor, Fear Fun, me había gustado bastante en unas primeras escuchas para, poco a poco, ir dejándolo caer en el olvido y, a día de hoy, reducirlo a unas pocas canciones meritorias, como ‘Fun Times in Babylon, ‘Hollywood Forever Cementery Sings’ o ‘This is Sally Hatchet’, pero con un resultado final de álbum perfectamente prescindible. Es por eso que quería que llegase este disco para poder, ya desde un principio, ajustar cuentas y decirle a J. Tillman que sí, que muy guapo, muy majo y tal, pero que me dejase un poco en paz.

Pero no me ha dejado. El muy capullo ha lanzado un disco bastante agradable. Tampoco mucho más, no vayáis a pensar. Pero no sirve para hacer sangre. I Love You, Honeybear no hace que pierdas el tiempo. Lo pones así, de fondo, y en lo que dura, pasas un buen rato. Ya no es que no vaya a ser uno de tus discos favoritos desde hace un tiempo, es que posiblemente ni te acuerdes de él dentro de unos meses. Pero en el tiempo en el que sus once canciones pasan por tu cerebro a través de la puerta de entrada de tus oídos, lo cierto es que Father John Misty consigue entregar un trabajo de los que se deja escuchar varias veces de buena gana. Inocente y algo anodino, sí. Pero de lo más ameno y amable también.

Father John Misty consigue entregar un trabajo de los que se deja escuchar varias veces. Inocente y algo anodino, sí. Pero de lo más ameno y amable también.

Te pones a escuchar algo tan previsible como el tema que abre el disco y, de paso, le da nombre, y no puedes evitar estar más o menos a gusto. Ni sonrisa malévola de “ahora te voy a joder” ni leches. Y la sensación no muta en los siguientes diez cortes, ni en el toque mexicano de ‘Chateau Lobby 4 (in C for Two Virgins)’, ni en el cariz electrónico de ‘True Affection’ o en la apariencia más de crooner clásico, en la que Father John Misty parece encontrarse más en su salsa, con ‘When You’re Smiling and Astride Me’. Nada molesta pero, al final, solo conseguimos encontrar cosas que nos emocionen muy de cuando en cuando. Alguna ruptura de rutina como ‘The Ideal Husband’ que sienta bien, de hecho muy bien, posiblemente el corte más inspirado del álbum, pero sin que eso sirva para acercar al resultado total a la notabilidad.

6.3/10

Al final, con algún toque curioso como las risas enlatadas de ‘Bored in the USA’ quedan pocas ganas de poner al segundo disco de Father John Misty patas arriba, ya que el hombre no te ha hecho pasar un mal rato. En todo caso, sigue quedando el poso de que J. Tillman no va a conseguir sumarnos a la causa como militantes, sino a lo sumo como simpatizantes ocasionales, en lo que no acaba de ser un objetivo especialmente ambicioso. Una despedida al son de ‘Holy Shit’ deja ese sabor de boca agradable. Como si fuese domingo y, en lugar de ponerte culto y estupendo con el cine francés, te apeteciese más ver la comedia ligera que ya has visto diez veces, pero que siempre te entretiene. Un disco de fondo de armario, con todo lo bueno y lo malo que en ello queráis ver.

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