A pesar de que aterrizamos el jueves en las tierras del Festival Internacional de Benicàssim, las horas intempestivas a las que terminamos de instalarnos y controlar dónde estaba todo nos impidieron disfrutar como es debido de los conciertos que se celebraron como apertura del festival. Pudimos escuchar, de lejos, a unos Dorian pletóricos tras su último paso por el festival hace cuatro años, y alcanzamos a ver los finales de Crystal Fighters y The Streets, que lograron congregar a una cantidad ingente de incondicionales a sus pies. Vamos, que no había quien pasase por allí.

Pero el viernes comenzaban los primeros platos fuertes de este FIB 2011, con un escenario Maravillas imperdible en el que se juntaron Nudozurdo, Elbow, The Strokes y Friendly Fires como fin de fiesta. Pero antes hubo tiempo para pasear por el escenario FiberClub y dedicar un rato a The Marzipan Man por recomendación de nuestro gurú de estilo Roberto.

Atom Rhumba

La tarde comenzó con Atom Rhumba, la banda afincada en Bilbao desde 1996 encargada de inaugurar el escenario Maravillas en el día. Rock ruidoso, tremendamente crudo, directo y ácido que congregaba a un público inicial bastante sustancial, pero que en gran parte se trataba de los primeros incondicionales que decidían colocarse a escasos metros del escenario.

Rober!, el cantante de Atom Rhumba, se encargó en todo momento de que la atmósfera no se viniera abajo, recurriendo sobre todo de cara al final a ciertas florituras vocales que no pude evitar que me recordaran a las que practica con tanta asiduidad Raphael. Pero ida de olla momentánea aparte, se agradeció la entrega y el comienzo fuerte. Lo mejor, sus palabras finales:

Rock & Roll, hostia, Rock & Roll.

O Emperor

O Emperor han sido una de las sorpresas más gratas — las ha habido bastante decepcionantes — del día de hoy. El grupo de origen irlandés plantearon un concierto sin grandes sobresaltos, uniforme pero con un crescendo que se percibía claramente en la manera más bien tímida de comenzar y en su asentamiento sobre el escenario conforme discurrían las canciones.

Son una banda de rock, o como tal se definen, pero difieren radicalmente de sus competidores en horario paralelo, los ya mencionados Atom Rhumba. Lejos de escalarse en una vorágine por crear un ambiente opresor que rompa en un determinado momento, O Emperor fueron desgranando poco a poco sus historias, apoyados en un instrumental pausado, muy cuidado en los detalles pero sencillo y nítido. Uno de los descubrimientos más interesantes de lo que va de festival.

The Marzipan Man

Aunque The Marzipan Man les roban ese primer puesto. La primera sorpresa la da la peculiar pero poderosísima voz de Jordi Herrera, que encarna este proyecto después de pasar relativamente desapercibido con su banda hace ya unos cuantos años, The Satellites. Su registro alto va deslizándose historia a historia, con la dejadez estudiada del que cuenta una y otra vez su historia, pero siempre con una sonrisa en la boca y un guiño para el público congregado, al principio escaso pero que terminó siendo nutrido.

The Marzipan Man no necesitó de un gran escenario ni de una parafernalia descomunal para cautivar poco a poco a cuantos por allí pasaban. Su repertorio derrochaba sensibilidad comedida, alejado en todo momento de los recurridos lloros que otros ejercen sin pena ni gloria, y haciendo uso de una honestidad tremenda encima de las tablas. Al final va a ser verdad que voy a tener que hacer más caso a Roberto

Nudozurdo

Con cuarto de hora de diferencia en el horario respecto del proyecto de Jordi Herrera, se hizo bastante complicado sacar algo en claro del concierto de Nudozurdo. En el escenario Maravillas el público ya era numeroso en la zona central y fue algo que vino estupendamente a la banda de Leopoldo Mateos, cuyo rock despierto y eléctrico animó a los allí reunidos, lo estuvieran o no por ellos.

Lo mejor, los momentos instrumentales donde Leopoldo y César, el segundo guitarra de Nudozurdo, se marcaban auténticas odiseas mano a mano.

Brandon Flowers

Y llegamos a la parte fuerte de la noche. Todo comenzaba con la noticia — que ha resultado ser una práctica habitual por su parte — de que Brandon Flowers, el primero en abrir la veda, no dejaría entrar fotógrafos al foso. Lo cual, como podéis ver, no ha sido óbice para ninguno de los allí presentes a la hora de retratar su puesta en escena, y cómo no, su persona.

Flamingo no ha sido el mejor disco de 2010. Lo volví a escuchar otra vez antes de venir al FIB y me volvió a parecer lo mismo que en su día: una compilación resultona de canciones muy sosas. Y cuando lo único que tienes para presentar una de las noches grandes de un festival es un puñado de medios tiempos, muy sentidos y muy currados, nadie lo discute, pero a fin de cuentas, medios tiempos bastante tranquilitos, el resultado es un público atento pero lejos de estar entregado a tiempo completo.

Muy distinto de como se comportó el personal cuando Brandon Flowers cerró su actuación con uno de los temas por excelencia de los mejores tiempos de The Killers, ‘Mr. Brightside‘. La energía del lugar cambió radicalmente, la gente — y en especial la horda ingente de ingleses con quemaduras solares de tercer grado — enloqueció y lo dio todo. Quizá fuera percepción mía, pero el gesto del cantante a contemplar el cambio radical de actitud de su público fue bastante hosco, al menos durante unos instantes.

Es comprensible si tenemos en cuenta que allí era él quien mandaba. La banda, muy eficiente, estaba colocada en un discreto segundo plano, y ni siquiera en los solos de guitarra se permitía a nadie hacer sombra a Flowers, quien, eso es indiscutible, es una auténtica bestia vocalmente hablando. Lo demostró desde que comenzó con ‘Welcome to Fabulous Las Vegas‘, haciendo toda una exhibición de su poderío pulmonar y de su magnífica voz. Al César, lo que es del César.

Elbow

Mi mejor momento de este viernes ha tenido lugar cuando he entrado a la zona de prensa y VIP y me he encontrado en la terraza con los chicos de Elbow al completo, dándole a la Heineken sin piedad, como quien se sienta con los colegas a tomar una caña. Y como tal ha sido el concierto, con un Guy Garvey campechano y divertido que entró a escena con un cachi de cerveza a medio terminar en una mano, un piti en la otra y una sonrisa en la cara. Enorme.

La aglomeración de personal ya era considerable a estas alturas, y con el calor y la humedad que estamos padeciendo en Benicàssim, os podéis imaginar el hervidero que era la zona central de las primeras filas. En todo momento, Garvey se preocupó de que la gente estuviera hidratada y dejara de empujar hacia adelante. He perdido la cuenta de las veces que se ha preocupado por su público.

Tenía unas ganas descomunales de ver a Elbow en directo. Y no me han decepcionado ni un instante. Su sonido está tan trabajado, tan calculado y tan pulido que es perceptible desde el primer minuto. Son lo que son, está claro que no iban a destrozar al personal a base de singles arrolladores, pero han sabido transmitir su estilo, su apuesta, a la perfección. Con su tempo lento, con un Garvey que predica a sus feligreses con convicción y paciencia, Elbow han clavado la noche. Su versión en directo de ‘Neat Little Rows‘ gana enteros a manos llenas sólo con la adición de una guitarra eléctrica de fondo y unas cuantas luces rojas para dar ambiente. Pero no creáis que se han complicado a la hora de la puesta en escena. Los indispensables focos, eso sí, y poco más. Y es que este tipo de grupos no requieren de nada más que de sí mismos y de alguien que quiera escucharlos para triunfar. Qué grandes son.

The Strokes

La vorágine se desató en el momento en que The Strokes salieron a escena. Julian Casablancas, uno de los cantantes que más he visto esforzarse por tener un carisma del que, por desgracia, carece a raudales en directo, se calzó unas gafas de sol que no se quitó más que un segundo con el típico gesto de divinidad chulesca. Sin soltar el pie del micro y confundiéndose en la letra de ‘Under Control’, teniendo que volver a empezar, el cantante de The Strokes no hizo una sola canción sin su habitual filtro de voz.

Gestos impropios aparte, The Strokes contaban con un público dispuesto a pasárselo bien a pesar de que ellos no pusieran nada de su parte. La actitud del grupo parecía de mero trámite, casi de obligación indeseada. Pero las decenas de miles de personas que tenían ante sí saltaron, gritaron, se empujaron y perdieron la cabeza en una primera mitad del concierto con un setlist acertadísimo, en el que se combinaron seguidas ‘Reptilia‘ y, para mí, la mejor canción de su nuevo disco, Angles, ‘Machu Picchu’. La segunda mitad fue, para mí, bastante menos emocionante, y el final llegó casi de manera imprevista cuando la banda abandonó el escenario sin más despedida que dejar una guitarra en el suelo y desaparecer camino de su autocar.

Personalmente, no entiendo la actitud de este tipo de grupos, capaces de congregar a tal cantidad de gente a los pies de su escenario, y que hacen su trabajo como quien se sienta en una oficina día, tras día, tras día, hastiado de ser desgraciado. Era imposible no vibrar con la gente y no vibrar con sus mejores temas, por mucho que Casablancas se empeñara en parecer una burda copia de un rockero ancestral.

Friendly Fires

Friendly Fires han sido un broche final perfecto. Al que todavía le quedaban ganas — y voluntad — para seguir pegando botes, se ha podido pegar un buen empacho de la mano de los chicos de Hertfordshire. Frescura a raudales para una noche que había terminado algo viciada después de las poses de sus predecesores en el escenario Maravillas, donde le pegaron un buen repaso a los temas de su primer álbum homónimo para delicia de los incondicionales que se resistían a abandonarlos.

En definitiva, este viernes de FIB 2011 ha sido intenso, largo, sin tiempo para abarcar todos los escenarios y con coincidencias imposibles que no te permiten disfrutar de todo a gusto para poder contároslo como me gustaría. El sábado será el peor día en este sentido: Mumford & Sons a las 11, Beirut a las 12 y Arctic Monkeys a las 12.30. Que Dios nos pille confesados. 

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