FIB 2011: el día que nos devoró la fiebre del mono (Crónica del sábado 16 de julio)

Con la resaca de The Strokes y compañía en la boca, el segundo día grande del Festival Internacional de Benicàssim 2011 amaneció todavía más caluroso y más húmedo que el anterior. Así que hemos pasado la mitad del día huyendo del sol y los bichos y la otra mitad buscándolos en los distintos escenarios repartidos por el recinto.

Este sábado ha sido, sin lugar a dudas, el día de correr de un escenario a otro tratando de llegar a todo. Como os podréis imaginar, no hemos logrado estar a todo, pero con un cartel como el que teníamos entre manos, lo mínimo era intentarlo. El plato principal, Arctic Monkeys, se iba a servir frío y a modo de culminación general de este FIB 2011. La desagradable experiencia de Casablancas en lo que a actitud se refiere nos hacía temer que Alex Turner pudiera estar subido al mismo guindo, pero por suerte, nada más lejos de la realidad.

Los Ginkas

Seis y media de la tarde y un calor de justicia. Más que un festival, parecía una corrida de toros. Resguardados en la única sombra que había en la explanada, unas quince personas aguardábamos a que Los Ginkas salieran al escenario. Cuando lo hicieron, la gente se animó a acercarse a la baranda del escenario y así comenzó este sábado, con un pop-rock español muy yeyé, muy ruidoso y muy divertido.

La única pega, aparte de la escasa congregación de feligreses y de lo matador de la temperatura a esa hora — ambas más allá de la mano de la banda — fue el sonido, demasiado cargado en la parte instrumental, que impedía entender tres de cada cuatro palabras que decían las cantantes.

McEnroe

El escenario Maravillas abría su gran noche con presencia española: McEnroe. Los reunidos al efecto se contaban en un número ya nutrido, que dejaba intuir la locura que se terminaría desatando con la llegada de la armada inglesa.

McEnroe pusieron sobre la mesa sus cartas con su tempo habitual, un rango de andante fuera del cual no se salieron, y que por una parte les ayudó a crear el ambiente y a manejarlo, pero por otra me resultaron, por momentos, demasiado uniformes, demasido lineales para un escenario muy grande y en uno de los días magnos del festival. Sin embargo, esto no les impidió ejecutar una actuación inmaculada para deleite tanto de los seguidores de la banda como de los que los descubrían en ese momento.

Tame Impala

La nota psicodélica llegó al sábado del FIB de la mano de Tame Impala, que contaron con el respaldo de un buen número de fans ingleses. Los australianos parecían menudos en el Maravillas, aunque la respuesta a su planteamiento de instrumental poderoso llegó a los congregados de manera lo bastante convincente. Aunque la atmósfera no brilló especialmente ni ellos destacaron más allá de una actuación correcta y efectiva.

Smile

Smile pisaban el escenario del FIB por primera vez con su propuesta de corte acústico folk y con un grupo de asistentes no especialmente nutrido pero lo suficiente para intentarlo. Sonaron correctos sobre las tablas del FiberClub, agradeciendo en todo momento la oportunidad en español y en inglés y tratando de conectar con el público, algo que no siempre consiguieron, quizá por ese intento constante de engancharlos a través de la palabra y de buscar la complicidad en lugar de fomentarla.

Lori Meyers

Aquí pasamos a palabras mayores. La apuesta del FIB por la escena española es de agradecer, pero lo cierto es que Lori Meyers ha clavado su actuación, como nos viene teniendo acostumbrados. Con puntualidad inglesa, los granadinos aparecieron en escena uniformados de traje, como dispuestos a tocar en un garito de Hamburgo en 1958. Poco tardaron en caer las americanas y las apariencias, para desatarse una jornada de la mano de un Noni inspirado hasta lo genial y de una banda potentísima en directo.

Fueron desgranando temas tanto de su primer como de su segundo disco, con igual respuesta por parte de la multitud que acudió a la llamada, sorprendentemente numerosa si tenemos en cuenta el ratio de brit por metro cuatrado. No decepcionaron en ningún momento, aunque se notó un entusiasmo completamente desbordante con dos de sus grandes temas en concreto: ‘Luces de Neón’ y ‘Alta Fidelidad’, que puso una guinda épica a la hora de no parar que nos regalaron.

Y no era para menos. Lori Meyers bordó su actuación en el FIB 2011, subió el listón de la noche al nivel donde debía estar y lo dejó ahí, bien clavado, para que recogiera el testigo la siguiente banda de la noche. Y aunque las comparaciones sean odiosas, es increíble la diferencia que hay entre un grupo que disfruta como auténticos enanos en el escenario y transmiten precisamente esa diversión a cuantos quieren entrar en su juego, y otro que parece que está subido a las tablas por el ayuntamiento.

Mumford & Sons

Mi caballo favorito de la noche, y si me atrevo a decirlo, de todo el FIB. A pesar de que ya estuvieron en la pasada edición, Mumford & Sons han sido un florecimiento tardío para mí, aunque he de decir que he recuperado con creces el tiempo perdido. La banda inglesa, aupada por la crítica y el público, se subió al escenario Maravillas ante una entrada descomunal para lo que habíamos intentado presuponer. Lo equivocados que estábamos lo supimos cuando aparecieron las banderas galesas entre el público.

Como suele ser su costumbre, Mumford & Sons abrieron su concierto con ‘Sigh No More’, uno de los mejores temas de su redondísimo disco homónimo. Tan sólo tenían una hora para llegar, ver y conquistar, pero les sobraron cincuenta minutos. Con ‘Little Lion Man’, la segunda de la noche, ya estábamos en pleno éxtasis acompañados por un banjo corveante y un teclista en trance.

La experiencia de ver a esta banda en directo es algo que no debería perderse nadie que se haya enamorado de su debut. Además de visitar su tracklist, nos regalaron dos de los temas que aparecerán en su segundo disco, cuyo lanzamiento está previsto para este verano: ‘Hopeless Wanderer’ y ‘Lover Of The Light’. También las tocaron en Glastonbury, por si os quedáis con las ganas de buscarlas por ahí en buena calidad.

Lo malo es que dejaron fuera de su setlist la que para mí es la mejor canción de Sigh No More. ‘Dust Bowl Dance’ no contó con un hueco en el concierto, y muchos nos quedamos con las ganas de ver este temazo en directo. Por lo general, suele ser el tema elegido para cerrar, aunque en esta ocasión le tocó el turno a ‘The Cave’, que no desmereció en absoluto en su tarea. El único consuelo, saber que si hubieran tenido algo más de la hora de rigor, habría sido la primera de la lista para entrar al lío.

Beirut

Tema espinoso de la noche. Mumford & Sons acabaron a las 12, y a la carrera llegamos a ver el concierto de Beirut, que había empezado hacía apenas unos minutos. Se trataba de otro de los grupos que más ganas tenía de ver en este FIB 2011, así que como es fácil deducir, mis expectativas estaban bastante altas. Máxime cuando había escuchado varios directos del grupo y la experiencia había sido altamente gratificante.

He de ser yo. Porque me he aburrido soberanamente y a la sexta canción he desistido de pasármelo mínimamente bien. No han tocado mal, ni siquiera ha habido frialdad por su parte, ni por la del público. La conjunción era la correcta, los ingredientes los apropiados. Pero ahí estaba yo, sintiéndome como un auténtico hongo ante el arte de Zach Condon y sus compañeros de viento metal. Será que tardaron demasiado en aparecer sus mejores temas en un setlist plagado de temas de su nuevo álbum, será la sobresaturación de música de estos dos días, será la luna o qué sé yo. Beirut ha sido mi particular decepción este FIB, aunque ya os aviso de que posiblemente, la responsabilidad en esto sea únicamente mía.

Arctic Monkeys

Y llegó la locura. Alex Turner es uno de los músicos más privilegiados y con más instinto de su generación. Posiblemente también sea uno de los que menos talla de vaquero calce, aunque eso ya son percepciones personales. Compararlo en este sentido con Julian Casablancas es fácil, aunque ambos se encuentran en polos opuestos en lo que a relación con sus respectivos grupos se refiere y, por qué no decirlo, a talento.

Arctic Monkeys han tenido la entrada más numerosa de lo que va de festival, y tratar de encontrar un hueco desde el que poder escucharlos se ha convertido en toda una odisea. Se intuía la tragedia de la primera fila, una vez más, y más aún después de la que se lió la noche anterior con The Strokes. Sin embargo, no sé muy bien por qué, la gente ha estado más comedida con los monos árticos. Y ellos han estado pletóricos.

Arctic Monkeys se condensan en la figura de Turner como un engranaje bien engrasado. Todo funciona en su persona como gran sacerdote, y él juega a ser rockero, frunce los labios, deja caer la mirada, apaga el cigarrillo con un gesto duro. Sin embargo, le traiciona una sonrisa y una posterior carcajada cuando en ‘When The Sun Goes Down’ la gente se enerva y él aguanta la siguiente frase de la primera estrofa, subiendo la tensión del personal antes de darles lo que piden. El primer final llegó de la mano de ‘When The Sun Goes Down’ para delirio del personal, y ahí fue donde debieron retirarse definitivamente. Sin embargo, llegaron los bises de ‘Suck It And See’, ‘505’ y ‘Fluorescent Adolescent’, que rebajaron en buena medida el subidón recién producido, y que no compusieron un final a la altura del concierto.

Su concierto de hora y media ha visitado sus cuatro álbumes, si mal no recuerdo, aunque la mayor aclamación ha sido para los pelotazos, algo lejanos ya pero en ningún caso desactualizados, de su gran Whatever People Say I Am… Y no es de extrañar. Tanto el ya mencionado como ‘I Bet That You Look Good On The Dance Floor’ desataron la locura y la gente se subió a lomos del caballo enjaezado por Turner y espoleado con maestría por su joven mano. Uno de esos directos que hay que ver una vez en la vida, aunque sólo sea por hablar con conocimiento de causa.

El segundo día grande del FIB 2011 ha sido agotador, cargado de citas ineludibles y coincidentes que sólo podrían haberse resuelto recurriendo al don de la ubicuidad, algo que intentaré perfeccionar de cara a la próxima edición. Sin embargo, la fiebre del mono nos ha devorado a todos, prensa, aficionados y hasta grupos que ya habían actuado en días anteriores y que vieron el concierto desde la sala VIP. Qué difícil es resistirse a estos primates.

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