Leyendo uno de los periódicos regionales sobre el concierto de Fito & Fitipaldis en Gijón no pude más que sonreírme cuando me encontré con una perla del calibre de “la voz cazallera de Fito en plena expansión”. Y pensé: ¿estuve en otro concierto? ¿se habrá equivocado este hombre de persona?

La verdad es que no. No sé si en otras comunidades autónomas sucede lo mismo con la prensa local pero aquí casi todas las semanas nos levantamos con tropelías de estas dimensiones y no dejo de pensar si tal desinformación obedece a que lo que importa es llenar la página, sin tener en cuenta la veracidad de lo que se escribe.

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El sonido fue atroz y te pusieras donde te pusieras lo que se escuchaba era una pelota que zumbaba, reverberaba o, peor aún, rebotaba en el graderío de un pabellón que no está acondicionado para este tipo de eventos. Eso impidió que pudiéramos disfrutar del órgano Hammond de Joserra Senperena.

A la peña le dio igual. Uno que tiene bastantes tablas siempre pide algo más y eso no ocurrió en este recital que abrió el Lichis y su voz cazallera, ésta sí, al frente de La Cabra Mecánica, al que Fito le ha concedido el honor de despedirse ante audiencias multitudinarias.

No me encontré con ninguno de los compañeros de la prensa regional para echar unas risas y hacer menos aburrido una actuación que Fito & Fitipaldis hicieron por el libro. Sí que me gustó la presentación del grupo, que antes de salir a escena nos apareció encarnado en una película de dibujo animado muy simpática.

Comentaba con mi acompañante lo que son las cosas. Que a Fito y sus Fitipaldis les vi en la primera gira, la de A puerta cerrada, recién salido su debut, en un local de Oviedo, La Santa Sebe, que la corporación se encargó hace años de prohibirle organizar conciertos.

Allí estábamos no más de cien personas, algunos incondicionales de Platero y Tú, esperando que el bilbaíno interpretara algunos clásicos, pero la mayoría éramos amantes del rock & roll. Y con él ya estaba Javier Alzola, el único Fitipaldi superviviente de la primera formación.

Quién lo ha visto y quién lo ve. Fito Cabrales es una gran estrella del rock patrio desde hace más de un lustro. Con Antes de que cuente diez lleva camino de repetir el éxito discográfico de Por la boca vive el pez.

Su fórmula, patentada y diseñada hace tiempo, no ha variado; ¿para qué sí le ha funcionado desde que la cosa explotó con ‘Soldadito marinero’? Esta ominosa balada no faltó en su concierto gijonés, ni otros grandes éxitos: ‘La casa por el tejado’, ‘Un buen castigo’, ‘Por la boca vive el pez’, ‘Como pollo sin cabeza’, ‘Viene y va’ o las recientes ‘Antes de que cuente diez’ o ‘Los huesos de los besos’, su último sencillo.

Fito invitó a Lichis a cantar la primeriza ‘Barra americana’ y antes con sus Fitipaldis había hecho ‘Quiero beber hasta perder el control’, su versión rockabilly del éxito de Los Secretos, que hicieron con el instrumental ‘La cuisine de Bernard’, en clave semiacústica, con Carlos Raya, demostrando una vez más que es más de la mitad de la banda que acompaña al del Bocho.

Sitio oficial | Fito & Fitipaldis
Vídeo | YouTube
Foto | El Muntanyeret

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