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Flying Lotus — You’re Dead!

La idea original era emplear instrumentos completamente tradicionales, tomando el hard bop como punto de partida. Quería hacer estos breaks de hard bop locos, algo así como treinta minutos de breaks de jazz muy cortos. Esa era la idea original: lograr el disco de jazz más rápido, duro e intenso (enlace).

Estás muerto, así de claro te lo dice Flying Lotus. Además con el pertinente signo de admiración para dejar clara su vehemencia. You’re Dead! (Warp Records, 2014), o al menos lo estás por dentro si no eres capaz de apreciar toda la extensión de lo que el productor angelino ha venido a proponer con su quinto disco de estudio, una auténtica oda al exceso sonoro que sirve para poner definitivamente en su sitio a este artista. Y esa polarización también es válida para sus detractores, que encontrarán aquí las razones definitivas para dilapidarlo.

En mi caso, este trabajo ha sido el que me ha permitido abrazar definitivamente y sin reparos la fórmula de FlyLo, un músico con el que no había conseguido conectar completamente hasta este punto. Pero se hace difícil resistirse a esta forma que ha tenido de tirar abajo de una patada las puertas de las etiquetas, especialmente en esa primera mitad de álbum que supone el soplo de aire (por no decir directamente el vendaval) más fresco que hemos podido escuchar este año. Es ahí donde encontramos al músico en su más evidente estado de gracia, recuperando y expandiendo lo que tan bien se le dio en Cosmogramma (Warp Records, 2010).

Aunque el listado de temas muestra una serie de pistas cortas para abrir boca, los primeros compases del disco están compuestos por una espectacular corriente ininterrumpida de sonido donde el jazz y la electrónica se mezcla como nunca antes habíamos visto, en una comunión casi perfecta de técnica, precisión y explosividad que nos seguirá dejando boquiabiertos cada vez que volvamos a iniciar la reproducción. Poco después, la incorporación de voces con los primeros invitados a la función (Kendrick Lamar, Captain Murphy y Snoop Dogg) pondrá un poco de freno a ese impresionante arranque instrumental y nos dará algo de respiro, aportando la dosis de hip hop a la mezcla sin permitir que se pierda el buen gusto y el atractivo.

Los atrevimientos jazz volverán a hacer acto de presencia tras esta primera irrupción de famosos colaboradores, aunque lamentablemente no con la fuerza desbordada que mostraban los cuatro primeros cortes. Llegado a su ecuador, You’re Dead! se introduce en sendas más oscuras, donde la electrónica ya no está dispuesta a ceder tanto protagonismo a otras etiquetas y donde Flying Lotus se aproxima más a la fórmula de Los Angeles (Warp Records, 2008). La instrumentación hard bop no se llegará a perder por completo, pero ya no demandará de forma tan imperativa nuestra atención y quedará más como un acompañamiento muy agradable.

La recta final del álbum nos mete ya de lleno en sus pasajes más retorcidos y difíciles de asimilar, estableciendo así un estimulante recorrido que va desde la alegre luminosidad de sus inicios hasta la insondable oscuridad en que todo termina. En solo 38 minutos de disco, su creador nos hace atravesar un largo camino donde la atmósfera y las emociones están en constante cambio y degradación, llevándonos desde el éxtasis y las ganas de de vivir, hasta la frustración y el temor a lo desconocido. Cuando todo termina y echamos la vista atrás, se hace difícil creer que hayamos estado escuchando el mismo álbum todo el tiempo, pero así es, y es entonces cuando nos damos cuenta de que Steven ha jugado con nosotros como ha querido.

8.5/10

Al analizarlo en conjunto, lo que el cuerpo nos pide es que el álbum hubiera tenido más de esa brillante locura jazz de sus comienzos, porque es ahí donde nuestros sentidos se muestran más excitados y agradecidos ante lo que nos rodea. Pero del mismo modo que en la vida hay luces y sombras, vida y muerte, Flying Lotus nos lleva de la mano hasta la cara más oscura de la música, consciente de que nos mostraremos reacios a adentrarnos en ella y de que no nos gustará tanto tener que asomarnos a esas tinieblas. Pero no temáis, porque ya os digo yo que merece la pena atreverse a seguir ese camino con él.

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