Foo Fighters — Wasting Light: me encanta que los planes salgan bien

Diecisiete años de carrera y siete discos de estudio ya es tiempo más que suficiente para agotar hasta la fórmula más efectiva, pero el tiempo parece decidido a ser generoso con Foo Fighters. La llegada de Wasting Light era una de las más esperadas del panorama internacional en este cargado 2011, y ahora que ya lo tenemos unos días entre nosotros podemos afirmar que no ha defraudado.

Las guitarras que abren el disco con ‘Bridge Burning’ son toda una declaración de intenciones ante lo que está por venir. Puro y simple rock, el más efectivo y directo. El más divertido, en resumen. A partir de aquí la banda se dedica hacer lo que mejor sabe durante once canciones capaces de mantener el listón mínimo siempre bastante alto, reduciendo al máximo las complicaciones y los artificios.

Esta intención de ir directamente al espíritu de la canción, de los riffs que no piden nada a cambio y los estribillos pensados para cantar hasta desgañitarse, ha sido vista por muchos como un deliberado regreso a las raíces de la banda. Es cierto que Wasting Light (RCA, 2011) puede sonar menos rico que algunos de sus últimos esfuerzos, pero no veo en ello una premeditada marcha atrás, sino el simple deseo de Grohl y compañía de grabar lo que les venga en gana, como si no hubiera un mañana.

Es sólo rock and roll, y por eso me gusta

Nos engañaron vilmente cuando publicado ‘White Limo’ como adelanto, pues nos hicieron creer que éste sería un disco de desmelene total, un tributo a la litrona de cerveza y la verruga de Lemmy. Hay que reconocer que la idea hubiera tenido su gracia, pero no habría sido un disco de Foo Fighters como tal. Al final, dicho tema queda como la excepción dentro de un repertorio de melodías más clásicas y amables.

Si el quinteto fichó al productor Butch Vig para que consiguiera sacar la parte más pura de su sonido, y darle de paso una capa de músculo, deberían pagarle el doble de lo acordado porque el trabajo en este sentido es perfecto. Cortes como ‘Rope’ o ‘These Days’ podrían servir perfectamente como ejemplos de lo que es una canción tipo de Foo Fighters, pero sonando como nunca lo habían hecho.

Aunque el eje principal del disco es el rock efectivo y cañero, la banda se permite también algún momento de épica comedida como el de ‘Walk’, tema que se me antoja ideal para cerrar un buen concierto por todo lo alto. Mención aparte merece también la emocionante ‘I Should Have Known’, que junto al tema anteriormente mencionado y ‘Miss the Misery’ forman una terna espectacular para despedir el álbum, e invitarnos a escucharlo de nuevo desde el principio.

8/10

Podemos decir por tanto que el plan les ha salido a pedir de boca, pues han conseguido estar a la altura de las expectativas en un año donde muchos de los grandes deseados están siendo ligeramente decepcionantes. Sin complicarse demasiado la existencia, sin mirar al pasado ni al futuro, sino simplemente a lo que tienes ante ti en este momento, que es hacer buena música con lo mejor que honestamente hay en ti. Wasting Light no aspira a convertirse en la mejor referencia de su discografía, pero demuestra que la banda se conoce perfectamente, y sabe lo que ha de hacer para que todo pite como es debido.

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