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Fuck Buttons — Slow Focus: cuando los drones fluyen en la oscuridad


Hace cinco años que Fuck Buttons irrumpieron en la escena musical, provenientes de la capital del trip hop, pero ataviados con una poderosa atmósfera, tejida a base de drones, reminiscencias post rock y melodías que se expandían en el espacio. Ahora, un lustro después, el dúo edita Slow Focus, su tercer álbum; uno de los regresos más esperados. Es más pesado y tiene un toque apocalíptico que puede dejarte petrificado.

Slow Focus, perforando la luz

Andrew Hung y Benjamin John Power han sido esta vez los encargados de producir su trabajo, a pesar de que siguen en el mismo sello, ATP Recordings. Han configurado un disco más oscuro y personal que de costumbre, pero no sólo eso; es un disco más ‘extraño’, como decía el propio Hung. Ciertamente no han dado un giro radical (radical ya es su propuesta), pues el sonido de Fuck Buttons sigue siendo claramente distintivo, y Slow Focus sigue teniendo esa garra y esas cotas de intensidad y emoción que hemos disfrutado en sus dos álbumes anteriores.

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Slow Focus es una obra de ingeniería electrónica con tempos más pesados, apenas existe esa épica colorida y poliédrica de Tarot Sport. Por supuesto, sigue habiendo momentos de grandilocuencia, puede que más aún, pero Fuck Buttons ya no apuntan al cielo, van más allá. Se adentran a esa parte del cerebro desconocida y al ardiente centro de la Tierra. Como ellos mismos dicen, su música puede llegar a lugares sin letras; a lugares que no es necesario describir con palabras porque son sus propios ritmos y ambientes los que permiten que seas tú quien construya la realidad.

Puede que este cambio no despierte en parte de los seguidores de la formación las simpatías y alabanzas de su predecesor, pero con este largo, los de Bristol siguen avanzando en experimentaciones de otro tipo, más densas y abrasivas. También tiene que ver el camino que han tomado por separado los dos integrantes. Por ejemplo en Blank Mass, el otro proyecto de Benjamin John Power, se percibe ese ambient sin tanta distorsión que se encuentra en los cimientos de Slow Focus. En este sentido, la portada del álbum refleja bien la idea del disco, y contrasta con las de sus predecesores: ya no hay sonidos tan nítidos ni esa geometría electrónica que se expandía a modo de caleidoscopio.

Fuck Buttons han prescindido esta vez de los recursos vocales, dando mayor pábulo a la agresividad y profundidad que emiten sus teclados. Sí, en ocasiones se echan de menos esas progresiones luminosas que tanto sorprendieron hace unos años, pero siguen siendo fieles a los pilares maestros de su paleta sonora y continúan poniendo los pelos de punta en bastantes pasajes de este nuevo viaje cósmico. Respecto al metraje, es algo que no ha variado, un trabajo de siete pistas con sólo dos de ellas superando los diez minutos.

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Más músculo para un viaje cósmico

Slow Focus podría ser una de esas bandas sonoras que suenen en el día del juicio final, con mucho músculo y sonoridad, invadiéndote por los cuatro costados y proyectando imágenes post-apocalípticas mientras ‘Brainfreeze’ empieza a taladrarte la cabeza. Es la apertura del disco y la nueva faceta del dúo: más estridencia, más violencia. Características que se hacen más patentes conforme avanza la canción. Al final queda esa sensación de caer en el vacío, de estar en el ojo del huracán.

El viaje continúa con la progresión líquida y fría de ‘Year Of The Dog’, que parece grabada a bordo de una nave espacial que se embarca hacia una misión sin posibilidad de retorno. En este sentido, recuerda bastante a referencias de electrónica progresiva como los ya desaparecidos Emeralds, con unos sintes en modo bucle que refuerzan esa idea de Fuck Buttons de transportar las mentes ajenas a parajes donde no existe la palabra; sólo páramos y paisajes espectaculares que sólo con este apoyo sonoro nuestra cerebro puede crear.

https://www.youtube.com/embed/OWQPB9Qr0ZA

El álbum es lento, pesado y denso. Lleva en volandas, electrocuta en ‘The Red Wing’ y absorbe en ‘Sentients’, el máximo exponente de esta nueva faceta de Andrew y Benjamin. Empieza con una percusión que poco a poco se va retorciendo al entrar en boga la distorsión a modo de wah wah de la guitarra. A partir de aquí, se suma a la paleta sonora un ambiente demasiado espacial, como si Tangerine Dream estuvieran a bordo de la nave de Horizonte Final. Esta nueva propuesta de Fuck Buttons podrá gustar más o menos, pero a pesar de que han aumentado el poderío y la opresión de sus atmósferas, continúan la épica, las melodías delirantes y líneas ambientales que se expanden en el infinito a modo de space rock.

A la altura de las expectativas

Asimismo, tampoco se puede negar que en este nuevo terreno, siguen sonando espectaculares, como en el caso del final del álbum, donde se dan cita la hipnosis espacial de ‘Stalker’, que acojona con sus desgarradoras ondas sonoras y ‘Hidden Xs’, que inunda de belleza los diez minutos que dura mediante un piano y la percusión que vuelve a arremeter en el último tercio de la canción. El disco empieza de una forma abrasiva, y finaliza con una bonita epopeya cósmica. En medio, un trabajo bastante completo, que a pesar de que al principio puede despistar por esperar otra cosa de Fuck Buttons, crece con las escuchas. Los kilos de psicodelia y el músculo exhibido aumentan al estar construidos sobre ritmos más lentos de lo normal.

Con todo, sí, se echan en falta los drones más coloridos y que no hayan continuado adelante con cierta experimentación que en Tarot Sport se había acercado a recursos propios de otros géneros electrónicos. No obstante, con Slow Focus, el dúo ha demostrado que continúa en plena forma, y aunque haya tenido una concepción diferente de este trabajo, se nota su talento y su forma transgresora de interpretar el ambient y la psicodelia. En este nuevo viaje, Fuck Buttons machacan, se acercan a la electrónica progresiva, y lo hacen con total naturalidad. Sin forzar; siendo ellos mismos.

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8/10

Un álbum que cierra una trilogía que raya a un gran nivel. Sus composiciones, preciso escucharlas con auriculares para disfrutar de los detalles y a todo volumen para sentir cómo te empequeñecen. No siempre pueden salir discos redondos como el anterior a este, pero Slow Focus es un digno y evasivo trabajo en el que vuelven a llegar a realidades que sólo podemos construir con electrónica tan estimulante, compleja y crepuscular como la suya. No es su mejor álbum pero es injusto calificarlo de obra menor, siguen manteniendo sus patrones básicos y con esta nueva concepción han demostrado su versatilidad.

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