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Fucked Up — Glass Boys

Los canadienses Fucked Up siempre han vivido instalados en una permanente esquizofrenia. Les guste o no (nos guste o no), son precisamente sus numerosas dualidades las que les han puesto en el mapa, las que nos han hecho interesarnos por ellos, las que a fin de cuentas les han convertido en un grupo digno de mención y lleno de interés. El juego de equilibrismos en el que se mueve su hardcore gafapasta (sigo sin encontrarles una mejor definición), ése con el que siguen adelante en este Glass Boys, espanta a muchos puristas pero les abre un caladero de votos de centro (seguro que Cronopio llamaría a esto “punk UPyD”) con el que no acaban de sentirse demasiado a gusto pero que es lo que le ha mantenido a flote todo este tiempo.

La bicefalia de Fucked Up

Una jugosa entrevista en Pitchfork publicada hace unas semanas ayudaba a entender muchas cosas y daba bastantes claves de cómo funciona el grupo internamente, con el guitarrista Mike Haliechuk y el cantante Damian Abraham trabajando cada uno por su lado con el resto del grupo actuando como intermediarios y el estudio de grabación haciendo de doctor Frankenstein al unir las partes de uno y otro. Así pues, a las contradicciones del pasado (la lucha entre la melodía y el berrido) se unen las del presente (la dicotomía Abraham-Haliechuk) y se abren ante ellos las del futuro (el primero, partidario de embarcarse en nuevo proyecto complejo; el segundo, convencido de que lo que tocaba era volver a hacer “un disco normal”). Total, un cristo.

Abraham parece incluso contento con estos dilemas (llega a citar a Oasis y a sugerir que la rivalidad interna, cordial pero firme, acabará beneficiando a la banda), pero parece que al final acaba cediendo: Glass Boys es un disco de diez canciones y duración estándar que se aleja de la ambición y la complejidad estructural de su anterior David Comes to Life (Matador, 2011). Lo que no acaba de arrancarse respecto a aquél son unos modos relativamente narrativos: tal vez le quede un poco grande la etiqueta de álbum conceptual, pero sí hay un tema que recorre gran parte de las canciones: la propia banda, su propio momento, su propio ombligo. Quizá es algo inevitable teniendo en cuenta todo lo que están viviendo y su forma de hacer las cosas, pero Fucked Up se pasan el disco discutiendo sobre lo que es y/o debería ser Fucked Up.

Introspección a grito limpio

“I’m the reflection of a dream I had when I was 15”, dicen en la inicial ‘Echo Boomer’; “We all get replaced, retconned, and upstaged”, continúan en ‘Sun Glass’; “We traded our moral high ground so they would sing along / But is it so bad? / Is it as dark as it seems / To trade a little purity to prolong the dream?”, se cuestionan en ‘The Art Of Patrons’. No cabe duda: haberse convertido en la banda de hardcore que gusta a quienes odian el hardcore es difícil de llevar: ¿nos hemos vendido? ¿Actuar en late nights nos permite tocar un poco los cojones o nos hemos acomodado en el sistema? ¿Tiene sentido seguir con todo esto cuando probablemente la banda ya haya dado todo de sí?

De todas las preguntas, probablemente la más relevante sea la última. El monumental esfuerzo que supuso su anterior lanzamiento situó a la banda en un desconcierto que no parece tener fácil salida: quizá Glass Boys sea más digerible que David Comes to Life (no es, de hecho, un mal disco para que empiece con ellos quien no les conozca) pero sí tiene un innegable aire de conformismo, de pasito atrás que no le acaba beneficiando demasiado. Vuelven a facturar un buen single (‘Paper the House’) que abre las puertas a entrar en su mundo y mantienen esa intensidad constante que te hace resoplar casi con alivio cuando termina el último tema, pero también es cierto que les cuesta un poco llegar hasta allí, después de una segunda mitad del disco que afloja un poco el ritmo. O cambian totalmente de tercio (y a ver qué sale de ahí) o dejan que la cuerda se rompa definitivamente: no parece haber más alternativas para Fucked Up a partir aquí. Glass Boys es un disco notable que sin embargo lleva escrito “fin de ciclo” por todas partes.

7,3

Fucked Up — Glass Boys

¿Hasta aquí hemos llegado? Pues si no es así, lo parece. Una banda buscando respuestas a una pregunta que no tiene solución es mala cosa. Por suerte, mientras lo hacen sacando adelante un buen puñado de canciones, lo cual hacen mucho más tolerables sus dramas existenciales.

  • 01. Echo Boomer
  • 02. Touch Stone
  • 03. Sun Glass
  • 04. The Art Of Patrons
  • 05. Warm Change
  • 06. Paper The House
  • 07. DET
  • 08. Led By Hand
  • 09. The Great Divide
  • 10. Glass Boys

Lo mejor

  • Siguen siendo ellos.
  • Pese a todo, no es un disco desorientado: se las apaña para tener claro lo que quiere.
  • ‘Paper the House’ y la aparición de J Mascis en ‘Led By Hand

Lo peor

  • Dan la sensación de que, al menos con su propuesta actual son un grupo ya amortizado.
  • La segunda mitad del disco en líneas generales y esa especie de intermedio que es ‘Warm Change’ no son de lo más afortunado de su repertorio.

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