Gary Clark Jr. — The Story of Sonny Boy Slim

De jóvenes prometedores que se echan a perder está llena la historia de la música. Jóvenes con todo de su lado: condiciones, actitud, imagen. Jóvenes con talento, con apoyo de una gran compañía discográfica, con seguidores hambrientos y con ganas de convertirles en la nueva esperanza del Rock. Jóvenes en esta situación y que han mandado su carrera a zurrir mierdas con un látigo hay a cascoporro, sí, pero pocos casos hay tan dolorosos como el de Gary Clark Jr, el tipo que pudiendo ser el nuevo Jimi Hendrix ha decidido convertirse en el hermano tonto de Lenny Kravitz (tonto por desgraciar su carrera mucho más pronto que él).

Y es que lo de este muchacho, siendoos sincero, no tiene nombre. Después de lanzar varios EPs con los que nos dejó con la boca abierta, el iluminado decide estrenarse con un largo en el que lo mejor de sus minilanzamientos aparece empequeñecido entre cortes en los que cambia la guitarra por la estupidez y se parapeta en el mundo del R’N’B a golpe de verso facilón y pose enamoraquinceañeras. En 2013 fue doloroso defenestrarlo, pero el tiempo nos ha acabado dando la razón.

The Story of Sonny Boy Slim: el desprecio por el género y el talento propios

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En este lapso que media entre el lanzamiento del infame Black and Blu (Warner, 2012) y el del inenarrable The Story of Sonny Boy Slim (Warner, 2015), Gary Clark Jr. ha jugado al despiste con nosotros. Sus apariciones en películas ataviado con su guitarra, su participación estelar en el entretenido Sonic Highways de Foo Fighters. Todo parecía apuntar a que lo del primer largo fue un desliz, fue una (imposión)proposición que no pudo rechazar.

Gary Clark Jr está más interesado en no ser nadie en el mundo mainstream a ser alguien en el solitario Blues. Allá él

Recobrar la esperanza fue sencillo pues era lógico tener ganas de ver a un tipo de su impronta triunfar como una estrella coherente, como una estrella diferente en un mar de medianías. Sin embargo él mismo se ha encargado de demostrar que bana es la esperanza que se basa únicamente en el deseo propio. A Gary Clark Jr. le es indiferente el Rock y que el mismo no tenga un solo referente de raza negra desde hace ni se sabe. Lo suyo es amasar billetes y vivir rodeado de montañas de polvos mágicos. Bueno, lo suyo es intentarlo, porque visto lo visto me extraña mucho que lo consiga.

Más de uno podrá pensar que escribo esto desde el rencor por no encontrar nada de Rock en este The Story of Sonny Boy Slim, y se estará equivocando de pleno. Sí, en el segundo largo de este tipejo no hay Rock, pero es que tampoco hay blues, ni hay talento, ni hay actitud, ni hay cojones. En lo nuevo de Gary Clark Jr. no hay absolutamente nada. Por no haber, no hay ni una pose negrata que uno pueda llegar a creerse, ya que esos “hah” con los que nuestro amigo abre ‘The Healing’ más que respeto infunden ganas de exterminar su descendencia.

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No quiero decir con esto que el disco sea malo por tocar los palos que toca, es que denota una falta de energía entristecedora, es como decir “esto es una mierda” cuando tu corazón te llama a que añadas calificativos como “puta”, “maldita” o al menos un “gran” si no quieres ser tachado de chabacano. The The Story of Sonny Boy Slim es como si Prince se hubiese quedado sin gónadas de tanto usar tangas apretados, es como si Stevie Wonder en vez de ser ciego hubiese sido sordo.

El disco transita por medios tiempos que no conducen a ningún lado, que parecen articulados única y exclusivamente para que Gary Clark Jr. juegue con su falsete cuando el que lo escucha no hace sino mirar el reloj esperando la llegada del primer berrido. No hay en el disco ni un solo riff reseñable, ni un solo ritmo que nos mueva a mover el esqueleto, ni una sola línea vocal que se salga de lo políticamente correcto. The Story of Sonny Boy Slim es al Blues lo que los primeros discos de Taylor Swift fueron al Country. No es que sea una falta de respeto, es una deformación tal que trasciende el ámbito de la referencia para encerrarse en el campo de la sangrante parodia.

Esos hah con los que nuestro amigo abre ‘The Healing’ más que respeto infunden ganas de exterminar su descencencia

Mentiría si dijese que no he deseado que lo nuevo de Gary Clark Jr. fuese un gran álbum, que hiciese justicia a un género necesitado de estrellas de esa raza que permitieron que echase a andar. Desgraciadamente la realidad es tozuda y la avaricia terca, y la que podría haber sido una carrera plagada de éxitos desde la coherencia va a acabar siendo una plagada de fracasos desde el ansia de protagonismo.

1.7/10

Este es el problema de elegir a Alicia Keys como compañera de paseo en vez de fijarte en la brillantez de los últimos estertores de gente de la talla de Buddy Guy. ‘Born to Play Guitar’ se dedica a sí mismo el astro en su último disco, al imbécil de Gary Clark Jr. le tatuaría la letra del himno a modo de repudia, de castigo del que pudo y no quiso porque le faltaba lo más importante: alguien al volante de la nave. “Una y no más Santo Tomás” reza el dicho.

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