Ghost Culture — Ghost Culture

Algunos pensaréis que la mejor forma de empezar el viernes es una buena resaca, o energía positiva para que la jornada laboral o de estudio pase rápido. Pero os equivocáis. Lo mejor es empezar planificando el fin de semana, y si puede ser calentando en motor para la noche, pues fetén, que después hypeamos synth pop por encima de nuestras posibilidades. Porque sí, de lo que hoy venimos a hablar es de (buen) synth pop, el de Ghost Culture, alias bajo el que se esconde el londinense James Greenwood. Con un debut de homónimo título, el inglés ofrece una fórmula bastante rica en matices, una de las principales virtudes de las que adolecen muchos de estos discos, que a veces tiran por unos patrones demasiado trillados y carentes de chispa. Simplemente dirigidos hacia el éxito y tan simples como el mecanismo de un botijo. Ghost Culture (Phantasy, 2015), combina los necesarios teclados que en mayor o menor medida se enfocan a la pista de baile, con adornos cercanos a sonidos más propios de electro y derivados, generando un equilibrio compatible no solo con el meneo, también con la escucha reposada.

De hecho, es quizá en ese aspecto donde más luce. De las diez canciones, tiene cuatro o cinco que piden a gritos un bucle hasta la sordera. Será un trabajo que no tenga una especial querencia por el pop y los ambientes iluminados -en general-, pero esa parte más apagada y opaca es la que le hace un álbum más interesante y no tan común. Ya en ‘Mouth’, el tema encargado de abrir el debut, percibimos esos ambientes cargados de pequeños detalles (que por cierto, recuerdan a Caribou), poco frecuentes en un género donde los loops de teclado son los que mandan. Y no son pocas las reminiscencias que ofrece el disco, en ‘Giudecca’, el segundo corte, evocan a los Death In Vegas de su último disco, atmósferas profundas que te sumergen en un onírico lodazal. Aunque estas son algunas de las más destacables, el trabajo en su conjunto tiene un notable rendimiento, pues prácticamente en cada canción está ese pequeño recurso o diseño que lo hace atractivo. Por nombrar otro, en ‘Glass’ vemos las dos caras que puede ofrecer el productor anglosajón. Por una parte, esa vertiente más introspectiva y sombría que vertebra el disco, y por otra, esa -algo- más bailable y colorida con un sutil cambio de ritmo en la parte final. Repleta de detalles, por supuesto.

7.4/10

Acabamos de empezar el año y encontrarse con un disco de synth tan bien acabado, que no inventa nada pero que tiene tan claro por dónde tirar para no aburrir, es de agradecer. De hecho es de los que más he escuchado en lo poco que llevamos de 2015. Un disco tan accesible para los no experimentados con el asunto, como disfrutable para los que son más frecuentes por estos territorios. No se trata de un pepinazo, pero tiene esa chispa de intensidad, esmero y equilibrio suficientes como para empezar a enmarcarlo entre los mejores debuts del año. Si no estás de acuerdo, quizá deberías escuchar más atentamente ‘Lucky’ y sus filtros vocales, el magnetismo de su melodía y por supuesto ese ritmo que tontea con un tech-house moderado. En definitiva, un notable debut y uno de los discos de synth a tener en cuenta este año.

Anuncios