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Ghost Wave — Ages: tengo un pisito, aquí, en la estratosfera

Ghost Wave vienen de Nueva Zelanda, pero no de la clase de Nueva Zelanda de la que os hemos estado hablando durante los últimos días. Les edita Flying Nun Records, pero eso no tiene nada que ver con lo que Flying Nun Records ha editado históricamente. Ages, su primer disco, ha sido mezclado en Dunedin, pero eso no significa que Ages se parezca lo más mínimo al Dunedin Sound. Ghost Wave, en definitiva, son y no son de Nueva Zelanda, porque Nueva Zelandas hay muchas y muy distintas entre sí, tantas como guitarras se superponen en las diez canciones que dan forma, redonda, al debut de Ghost Wave. Tan redonda que torna en esfera: dispuesta a rodar y rodar hasta que no haya más superficie sobre la que sostenerse.

Ghost Wave y el globo de helio

En un mundo dominado por las apariencias, las presentaciones lo son todo. Ellos han decidido dirigirse al mundo del siguiente modo:

Ghost Wave are a four-piece rock band from Auckland, NZ with a sound that finds itself somewhere between the Flying Nun bands of the ’80s, the British explosion of the ’60s, and the wayfaring dubs of Lee ‘Scratch’ Perry.

¿Cuánto hay de cierto en todo ello? Tras diez canciones y una gigantesca bola de ruido y psicodelia, Ghost Wave son unos maestros del engaño. Su presentación es un ardid, uno más para la colección, dado que ellos se refieren a Flying Nun Records y los años dorados de la discográfica, a la invasión de las bandas británicas del próspero Estados Unidos de los años sesenta y a Lee ‘Scratch’ Perry, nada menos. Sin embargo, lo que esconde Ages, lo que ya escondían las canciones de su primer EP, publicado el año pasado, es un respeto reverencial por la psicodelia espacial hinchada a base de distorsiones y pedales. Ages no es un ligero ejercicio pop: es un balón de helio que se sube a la cabeza como un colocón glorioso.

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Ghost Wave han construido un piso en la estratosfera y a él se elevan en cada canción, progresivamente, dignificando cada escala y sin bombona de oxígeno. Todas y cada una de las veces que he reproducido Ages lo he hecho en busca del trance al que me transportan sus canciones. Esto es un subidón sideral, que quizá tenga su punto culminante en el motorik krautrockiano de ‘Arkestra’. Una motocicleta propulsada por Neu! que se recrea en The Soft Boys y que traza círculos viciosos que se necesitan los unos a los otros, que saltan de los auriculares y tejen un ovillo invisible alrededor del oyente. Ghost Wave diseñan balancines de colores en nuestra propia habitación.

Ages: el brillo melódico de Gran Bretaña

Ages no es sólo el resultado de los desvaríos psicodélicos de Ghost Wave, sino también la consecuencia de cruzar, en algún punto indeterminado y probablemente surrealista de la galaxia en la que han edificado este disco, el sentido melódico de The Kinks, The Stone Roses y Oasis. Por eso las canciones tienen gancho. Ghost Wave podrían pasar por otro mero remedo del ruido y de la psicodelia, más o menos deudores de los sospechosos habituales y con su punto krautrock de rigor en los tiempos que corren, pero no se conforman con eso. Deciden obviar en gran medida los sintetizadores y se ponen a construir sus canciones a partir de los mimbres básicos del pop: batería, bajo, dos guitarras que se multiplican por doquier y que parecen un montón y armonías vocales.

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‘Here She Comes’ es esencialmente eso: afrontar la psicodelia desde el pop/rock. No es demasiado común, pese a que parezca lo contrario. Aquí se obvia completamente la visceralidad radical del nuevo garage rock y se pasa por encima de los cauces experimentales de Lumerians. Tampoco existe el sentido artístico y brillantísimo de Bradford Cox y seguidores. Lo que Ghost Wave han hecho es algo que a mí me recuerda a lo que en su día hicieron los miembros de The Beta Band cuando decidieron suprimirse a sí mismos para renacer de sus propias cenizas y formar The Aliens: un manejo clásico de las guitarras y a partir de ahí conducirse a caminos más lisérgicos. Y les ha quedado igual de bien.

7.67/10

A las muchas virtudes que presentan Ghost Wave en su disco debut podemos añadir unos cuantos defectos. El más evidente es su nula innovación, incluso dentro del propio contexto del álbum. El bucle galáctico en el que Ghost Wave se sumergen en cada canción les lleva a otra canción que repite los mismos patrones: sección rítmica a todo trapo, una guitarra lleva el ritmo y otra se dedica a introducir ácidos y ácidos a la canción. ¿Es esto suficiente para echar por tierra Ages? En absoluto. Incluso se agradece que dejen tanto margen de mejora. Pensemos en lo mucho que pueden crecer bombazos como ‘Mountain’ y relamámonos del gusto.

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