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Gingerpig — Ghost on the Highway

Sin suponer un petardazo de grandes dimensiones, los holandeses Gingerpig lograron captar bien nuestra atención con su disco Hidden from View (Suburban, 2013), que no ocultaba su enorme deuda con grupos setenteros como Deep Purple pero lo compensaban con una buena y solvente colección de cañonazos rockeros y también por la labor de sus instrumentistas, destacando a su vocalista y al tremendo buen gusto a la hora de usar los teclados. Casi por sorpresa es como he terminado descubriendo que ya tenían en el mercado su continuación, y por lo que se ve con unos cuantos cambios por el camino.

En Ghost on the Highway (Suburban, 2015) se han decantado por seguir homenajeando a los setenta, pero cambiando los referentes y también la base de su sonido. El toque Hammond de los teclados ha desaparecido por completo apostando por un sonido más hard y directo, formato clásico de guitarra-bajo-batería. No negaré que una de las cosas que más me hechizaron de su anterior referencia fueron precisamente esos teclados que daban ese toque casi psicodélico/progresivo tan bueno, pero tampoco negaré que los referentes que emplean ahora también me gustan.

Sin embargo, algo no termina de cuajar en Ghost on the Highway. Quién sabe si no han terminado de amoldarse del todo al nuevo formato más directo o sencillamente han perdido bastante punch en el proceso, pero el caso es que el disco resulta no uno, sino varios escalones por debajo de su anterior disco en muchos aspectos. El principal está en su conjunto, y más concretamente en sus canciones, muchas carentes de ese toque capaz de dejarnos impresionados o que nos haga hacer air guitar con desenfreno y sin complejos.

5.5/10

No obstante, romperé una lanza a favor de los dos últimos temas del disco, una ‘A Lifetime of Murder’ que podría firmar perfectamente unos Graveyard en alza y una ‘The Dog at the Gate’ que nos rememora a unos Soundgarden circa Badmotorfinger. Pepinazos ambos que ayudan a cerrar con dignidad pero que no logran que la sensación de disco plano y decepcionante que transmite Ghost on the Highway. A pesar de tener muchas cosas en su sitio y que Boudewijn Bonebakker está estupendo a la voz (hay momentos en los que parece Chris Cornell), parece que Gingerpig han perdido ese toque mágico y chispeante y su versión actual se asemeja bastante a una bebida gaseosa que ha perdido casi todo el gas. Confiemos en que se trate de un mero bache.

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