“GN” src=”http://img.hipersonica.com/2013/03/Girls Names — The New Life.jpg” class=”centro” />La temática tétrica había contado siempre con una posición preponderante dentro de la música de Girls Names, pese a que su debut en largo, Dead to Me (Tough Love, 2011), fuera esencialmente un conjunto de canciones jangle-surf-pop de lo más disfrutable. Nada especialmente llamativo, pero lo suficientemente vitalista como para pasar en él algunas cuantas tardes de verano. Pese a ello, se colaba ya en Dead to Me cierta atmósfera oscura, que empañaba a ratos lo que, en teoría, debería haber sido un disco garagero sin mayores pretensiones. El resultado caminó entre lo aceptable y lo notable, y por eso ahora no sorprende tanto que Girls Names hayan tomado la vía del post-punk sin disimulo alguno.

The New Life: en busca del post-punk perdido

Al parecer, The New Life (Tough Love, 2013) surge como resultado de los traumas vitales del líder del grupo, Cathal Cully, quien ha decidido volcar todas sus frustraciones en diez canciones para no volver a ellas nunca más. Como siempre, hay que ser escéptico ante esta clase de rimbombantes declaraciones, pero es cierto que en The New Life Girls Names han dejado de ser un grupo a mitad de camino entre el surf y el garage para centrarse en un muy explícito homenaje a The Cure. Y a The Church. Y no les sienta del todo mal, pero en general el disco se hace muy monótono y apenas cuenta con momentos de excitante inspiración.

Pese al cliché (grupo que repentinamente descubre el sentido trágico de su existencia y decide marcarse el disco post-punk de su carrera), la nueva propuesta de Girls Names merece cierta atención desde el momento en que rompen con su evolución natural y se alejan del camino, digamos, accesible. Además, The New Life se aleja de caminos propuestos con anterioridad en la nueva ola de jangle pop que coquetea sin ambages con el tradicional post-punk (véase la mayor parte del catálogo de Captured Tracks). No es el de Girls Names un horrendo ejercicio de revisionismo ochentero que se acerca a la New Wave y se empeña en desarrollar atmósferas oníricas de lo más inocuas.

The New Life conjuga con mayor maestría que otro compañeros de generación (véase Ducktails o Beach Fossils este mismo año) las brillantes guitarras de Echo and The Bunnymen y el histrionismo trágico de Joy Division (referencia ineludible para las nuevas bandas indie pop que se quieren acercar al post-punk, porque el aire punk de Holograms o Iceage les queda demasiado lejos y no digamos ya los coqueteos synth punk que ejercitan sabiamente The Soft Moon). Girls Names aciertan entrelazando sus guitarras y sosteniendo la mayor parte de las canciones gracias a, por momentos, inspiradores teclados. Es un ejercicio de estilo corriente, a ratos disfrutable, pero no pasa de ahí. Eso sí: si es vuestro estilo, adelante.

Al menos no es artificioso

En fin, basta acudir a los punteos finales de ‘Pittura Infamante’ para observar que, en efecto, Girls Names han hecho del post-punk su vehículo artístico porque les ha salido del alma, y no por una pose prefabricada en aras de un mayor reconocimiento de público y crítica. Las canciones de Girls Names fluyen con naturalidad: no podemos acusar a The New Life de ser un disco pretencioso o artificial. Girls Names han vertido lo mejor que han podido en un recipiente de desazón y amargura sus guitarras jangle pop. El resultado no es el más brillante, pero se le puede mirar de frente sin pasmarse de vergüenza. Algunas canciones, además, están muy bien: ‘Occultation’, ‘Notion’ o ‘The Olympia’.

“6” src=”http://img.hipersonica.com/2013/03/6.jpg" class=”derecha” />La austeridad instrumental y la discreta elegancia del grupo juegan a favor de The New Life y, quién sabe, del futuro de Girls Names. ¿Tomará Cathal Cully en sus próximos trabajos la vía post-punk? Si Girls Names quieren pasar a la historia por algo, deberán esforzarse más. Hay elementos positivos suficientes como para aventurar el talento y las ideas, pero las canciones que salgan de la mente de Cully tendrán que resultar más atractivas que la roma ‘Hypnotic Regression’ o la muy aburrida ‘The New Life’. Por lo demás, lo más sorprendente de este disco es que no haya sido editado por Captured Tracks. Quién sabe, puede que eso le libre de la quema.

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