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Godflesh — A World Lit Only by Fire

Hemos tocado juntos durante un año y medio antes de que me comenzara a encomendar a lo que había en mi cabeza. De alguna manera fantaseaba sobre hacer este álbum pero no quería que sucediera porque pensaba que me decepcionaría a mí mismo (Justin Broadrick).

Las decepciones eran entendibles con respecto a Decline & Fall (2014, Avalanche) dada la falta de solidez y de contundencia que mostraron Godflesh, aunque quizá los oyentes pecamos a la hora de valorarlo como el regreso con toda las letras de la banda cuando en realidad el EP no tenía mayor trascendencia de la que podía parecer tener. Justin Broadrick sólo buscaba realizar un experimento, probar cosas diferentes para luego poder afrontar con decisión lo que sería el auténtico regreso discográfico con todas las de la ley para su banda.

Tras un divertimento que poca diversión ofreció para muchos, llega la hora de la verdad, la de afrontar un nuevo trabajo con todas las de la ley por parte de Godflesh. Aunque muchos partíamos con miedo de una posible decepción, sobre todo viendo el resultado del mencionado EP, quizá quien más se preocupaba de una posible decepción era Broadrick. Pero no por decepcionarnos a nosotros, sino a él mismo, de que verdaderamente no hubiera merecido la pena aparcar Jesu para encontrarse con el otro extremo de su personalidad y de explotar esos sentimientos de rabia, frustración y mala baba que despertaban en su interior. Esos que reservaba y dejaba estallar en sus discos junto a G.C. Green.

Godflesh volviendo y apisonando con todas las de la ley

Este nuevo material es un regreso a la maquinaria, un regreso a las raices de nuestro sonido. Queríamos regresar a ese desnudo y primario matrimonio entre hombre y máquina. Para regresar a la versión original de Godflesh (Justin Broadrick).

Entre las muchas incertidumbres que surgieron tras el anuncio de A World Lit Only by Fire (2014, Avalanche), una de ellas era qué Godflesh iban a sonar y cómo. ¿Retomarlo donde lo dejaron y diseñar una versión de la banda circa 2014 o volver al sonido de sus inicios? Bueno, pues Broadrick tenía claro que la opción segunda sería la ganadora. Probablemente el que esperaba evolución se va a llevar una posible decepción, pero los que adoran a Godflesh por la fuerza y la garra que mostraban y no por otras ínfulas, encontrarán muchos motivos de alegría aquí.

A pesar de no resultar innovador o pecar de algún momento de autoindulgencia, Godflesh han recuperado la esencia y no solo el sonido de sus comienzos, dándonos una dosis de canciones explosivas y feroces que conforman uno de los discos más sólidos de su carrera

Evidentemente no basta con intentar recuperar el sonido para lograr un resultado aceptable, por eso ambos músicos reconocieron que no sólo pretendían recuperar el sonido de discos como Streetcleaner (1989, Earache), sino también el espíritu, la esencia. Pero no encontramos únicamente la recuperación de riffs machacones e industrializados o de las baterías programadas, sino que también emplean nuevas armas como las guitarras de ocho cuerdas que ha utilizado Broadrick o la experiencia adquirida con el cabo de los años.

Eso se refleja en un trabajo contundente, pesado y lleno de poderosa energía. Los riffs suenan gruesos y directos, afilados como cuchillos y con la fuerza de una locomotora sin frenos. Justin suena igual de cabreado que en sus mejores días y también cuenta con la misma inspiración, lo que nos deja una serie de canciones tremendas capaces de hacer estallar todo con lo que se encuentren, destacando piezas como ‘New Dark Ages’, ‘Shut Me Down’ y ‘Carrion’.

8.2/10

Aun cuenta con algunos pecados, como la tendencia de Godflesh a la autoindulgencia en mayor o menor medida en cada uno de sus discos que hace desconectar en algún punto, pero la realidad es que estos resultan minimizados, dando como resultado uno de los trabajos más sólidos y burros de la carrera de Broadrick y Green. Se va mucho menos por las ramas y va más directo al grano (o hasta la yugular en algunos momentos), desata la energía desgarradora de sus mejores días y nos devuelve la confianza en Justin como compositor tras muchos discos autocomplacientes con su otra banda. En definitiva, A World Lit Only by Fire es todo un regreso más que a la altura que no podemos sino celebrar.

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