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Godspeed You! Black Emperor: Discografía

Dicen que se separan, aunque luego confirman que llevan en descanso desde 2003 y que, de momento, seguirán así un buen tiempo.

Y para los que les hemos seguido, es una lástima, porque nos tenemos que conformar con aventuras paralelas o grupos afines, pero no con ellos. Godspeed You Black Emperor! han vuelto a estar esta semana de plena actualidad, por una entrevisyta concedida a Drowned In Sound que parecía anunciar el adiós definitivo de la banda (o tan definitivo como pueda ser en estos días un adiós de un grupo de música).

gracias a eso, llevo varios días poniendo continuamente toda la discografía de la banda, que hacía mucho que no escuchaba. Una excusa como otra cualquiera para revisitar sus tres disco y su ep, lo único que dejaron los mejores canadienses que haya dado el Post-Rock.

f#a# infinity (1998)

Tres canciones. O, más bien, temas. Ninguno baja de los 16 minutos y uno casi alcanza los 30. Incluso en 1998, con el Post-Rock en alza, mirar el listado de canciones de un disco sin título claro y con una portada preciosa (y deprimente) suponía una osadía. Lo pones por primera vez y frunces el ceño: una larga intro con un discurso aparentemente sampleado. Violines y lamentos de cámara. Composiciones con movimientos. Aquello olía demasiado a los peores tics del sinfonismo.

“The car is on fire and there is no driver at the wheel… the sewers are all muddy with a thousand lonely suicides”. Así comienza el disco: oscuridad que en manos inapropiadas sería pura pose. Y de repente, 10 minutos después, un tren atraviesa el disco y empieza a iluminarse todo: lo que hasta entonces sólo eran brumas sonoras se transforma en un western crepuscular de tomo y lomo, como si al grandísimo Ennio Morricone le obligasen a poner la banda sonora de “Un plan sencillo”, de Sam Raimi. Y, seis minutos después, cambia de nuevo: una melodía infantil y, a la vez, muy folkie, se apropia del disco, aliviando la tensión. Tú, como oyente, te caes del caballo, porque no te queda otro remedio. Ni con la defensa alta puedes resistirte a esa gran canción que es The Dead Flag Blues.

En los créditos, cuatro nombres difusos y sin apellidos: Thea, Aidan, Efrim, Mauro. Aparentemente, más gente en la comuna. Conforme las primeras informaciones iban desvelando secretos de esos misteriosos Godspeed You Black Emperor!, el grupo iba captando más sentido y, a la vez, más posibilidades de críticas para sus detractores. Declarados casi desde su primera entrevista como un grupo político, los canadienses rompían esquemas: ¿se podía mantener, en 1998, un discurso político consistente en un grupo de música? Y, sobre todo, ¿se podía hacer algo así con un grupo instrumental?

f#a#infinity es menos obtuso en su música que lo que su título aparenta. De hecho, todo fluye con una naturalidad impresionante. Las canciones no suenan forzadas ni caen en la trampa de muchos grupos instrumentales, esos que afirman hacer música para bandas sonoras imaginarias. No, en el primer disco de Godspeed You Black Emperor! las pretensiones se ajustan a los resultados salvo en momentos muy puntuales (hacia la mitad de East Hastings, también en partes de la larga Providence) .

Decía Aidan, en una entrevista a The Independent de 1999, que el grupo era muy superior a las individualidades, que había algo en Godspeed You Black Emperor que simplemente les obligaba a seguir los dictados de la música: “Me dí cuenta nada más empezar a tocar la batería con esta banda que no podía cambiar el tempo”.

En su debut, el grupo suena fresco y aún hoy alejado de todos los tics posibles. Ni abusos de subidas y bajadas, ni contrastes demasiado evidentes entre la calma y la furia, ni un exceso de esteticismo. nada de lo que luego acusaron muchos de los grupos que siguieron su mismo camino, incluso algunos de la comuna Constellation, su lugar de origen. Música para dejarse arrastrar. Un notable.

Escucha | The Dead Flag Blues (Imeem)

Slow Riot for New Zero Kanada (1999)

Bello y poco confortable. Este EP de sólo dos canciones, pero casi 35 minutos, puso a Godspeed You Black Emperor! en el radar de la mayoría de los críticos musicales. En pleno final del milenio, una banda llamaba a la revuelta aparentemente apacible. Lo hacía con un cello cristalino y un violín agreste. Así comenzaba Moya, pero la calma iba a durar poco. Pronto los canadienses llevaban al oyente hacia un clima tormentoso, donde es azotado con furia por guitarras que, curioso, no necesitan de la distorsión para sonar fieras. Después de que Sonic Youth hubiesen instaurado el feedback y las afinaciones disonantes como patrón para los que querían escribir largas canciones-remolino en los 90, al final de la década llegaba una banda que, como Mogwai, preferían la furia rock antes que la opción noise.

De hecho, en la misma entrevista antes citada, Efrim asegura que estaban cansados de las escenas musicales de los últimos años: “Estabas en el hardcore y se convirtió en eso que llamaron grunge y, de repente, cualquier cosa interesante que había estado apartada se recuperó. Pero cuatro meses después ves una horrible banda fingiendo poses y copiando lo que tú hacías en tu sótano. Entonces te sentías como un idiota, porque las auténticas comunidades sólo se forman cuando no están bajo los focos. Si los medios de comunicación le ponen un nombre, se acabó”.

En 1999, lo suyo aún no formaba parte de ninguna escena real, más allá de la obsesión de los críticos musicales por etiquetarlo todo. Slow Riot For New Zero Kanada es un disco dedicado al Mile End, un suburbio de Montreal en el que las fábricas abandonadas y el vacío capitalista son el paisaje principal. Efrim aseguró a The Independent que no querían representar todo el barrio, sino pintar “una noción idealista de varios aspectos del lugar, como la vía del tren que lo atraviesa y que va dejando, a cada lado, fábricas abandonas”.

Puede que el Mile End fuera un paisaje desolado, pero tanto en Moya como en BBF3 se aparece más bien como un sitio emocional, uno de esos paisajes que te obligan, al verlo, a rebelarte contra lo que somos. Lo que no sabían Godspeed You Black Emperor! es que, con sus crescendos eléctricos y sus remansos de paz, estaban plantando la semilla definitiva para algo contra lo que no se podrían rebelar: su propio estilo. Sobresaliente.

Escucha | BBF3 (Imeem)
Escucha | Moya (Imeem)

Lift Your Skinny Fists Like Antennas To Heaven (2000)

Si su ep de un año antes había asentado todas las bases del estilo, el doble cd que GYBE! editaron en 2000 les da el aspecto definitivo. Los momentos de calma son mucho más emotivos, ya no hay espacios muertos y el contraste con las zonas guitarreras se hace aún más evidente.

No voy a hablar mucho sobre él, porque Lift Your Skinny Fists Like Antennas To Heaven siempre me ha sonado a pura emoción y eso es muy complciado de explicar. Más allá de los discursos políticos o de las continúas declaraciones de independencia total de la banda, lo que prevalece después de los 87 minutos que dura el disco es la carne de gallina. Más allá también de las canciones y de lo que duren o a que suenen.

Podía haber sonado efectista, pero el segundo disco largo de GYBE! va más allá de los trucos. Por ejemplo, en Sleep podría verse una canción de cartón piedra, con un discurso sampleado sobre el pasado y cómo la civilización acaba con los paisajes de nuestra infancia, al que siguen un theremin lloroso envuelto en dulces arpegios de guitarras para que, finalmente, éstas se encabriten y cabalguen hacia el infinito. Sí, si lo piensas es casi demasiado fácil. Pero había que hacerlo. Y sólo Godspeed You Black Emperor! consiguieron plasmarlo en una canción sin que ésta sonase afectada ni teatral.

En este disco, el colectivo canadiense usa todos los recursos a su alcance y crea muchos minutos de música espectacular, que te agarra por el cuello y te rita: “mira lo que estás oyendo, contemplalo, recréate”.

Siempre me han dado miedo los discos instrumentales, porque suelo acabar reduciendo sus escuchas a hilo musical y no hay nada que más odie en este mundo que el muzak. Por eso recuerdo bien cuándo descubrí lo mucho que me gustaba y que me había llegado este Lift Your Skinny Fists… El disco estaba sonando mientras yo estaba enganchadísimo en una partida de PS2, pero el crescendo majestuoso de cuerdas, vientos, teclados y guitarras que es Storm me obligó a parar el juego y sentir los 20 minutos de esa canción, la mejor de su carrera y la que hace buena, por sí misma y sin las demás, toda la existencia de Godspeed You Black Emperor!.

Matrícula de honor.

Yanqui UXO (2002)

Vapuleado en su día por la prensa especializada, Yanqui UXO sufrió, por un lado, el problema de suceder a un disco enorme sin ser también incontestable y, por otro, el hartazgo de gran parte de los mismos medios que les habían encumbrado hacia un estilo, el post-rock, abandonado por nuevas tendencias. Asumámoslo: es la propia idiosincrasia de la prensa musical.

Pero ¿realmente había para soliviantarse tanto? Se les acusó de desnudar demasiado su música (cuando ya en su primer disco sonaban como en Yanqui UXO), de iniciar canciones pero no saber acabarlas (algo en lo que ya habían caído también), de ser más efectistas que efectivos. Defectos todos ellos achacables desde el primer disco y la primera canción que editaron GYBE!. O antes no eran tan bueno o ahora no serían tan malos, pero yo no me creo la teoría del derrumbamiento del grupo.

Hay dos problemas principales para disfrutar plenamente de Yanqui UXO. Uno de ellos es que el discurso político es ya consciente: la banda se encargó de hablar de qué (o contra qué) iban cada una de las canciones del disco. Y, aprovechando que los canadienses habían sido tan específicos y que su música era instrumental, algunos les acusaron de ambiguos, de que sus canciones lo mismo valían para un roto (para denunciar los ataques de Israel contra Palestina) que para un descosido (para galerías de arte y ambientes chic). Puede ser un argumento, pero me convence bastante poco: cuando un grupo político es explícito, se le trata de panfletario; cuando no cierra puertas a una de las características principales de la música (sí, es ambigua, porque no depende de lo que el creador haga, sino de lo que el oyente perciba y eso es diferente en cada escucha), se le acusa de lo contrario.

El segundo problema con Yanqui UXO es que ya no hay elemento sorpresa. Todos sabemos de qué va su música y cuáles son las característica de su estilo. Lo comentaba antes, a la altura de Slow Riot…, GYBE! nunca se podrían liberar de sí mismos, de su dinámica como banda. Así que tenemos un disco que no es tan emotivo como el anterior ni se mueve demasiado del sitio donde el grupo ya estaba. Si se suma todo, el veredicto de los medios fue claro: fiasco.

Yo lo matizo. Yanqui UXO puede que sea su peor disco y, posiblemente, la banda, con el gesto de su silencio posterior, lo admitió inconscientemente. Es más, este último álbum tiene mucho de callejón sin salida. Pero aún hay razones para seguir confiando en GYBE!. Por ejemplo, Rockets Fall on Rocket Falls.

A esta altura, las canciones de la comuna canadiense están más centradas, no tienen tantos requiebros y eso puede agudizar la sensación de aburrimiento. Pero en casi todas ellas hay movimiento interno. Como ocurre con Elephant, la película de Gus Van Sant, o con muchos relatos de Raymond Carver, en Yanqui UXO las cosas no explotan, sino que se quedan ahí, inconclusas, al borde del abismo. Y Steve Albini, productor del disco, hace lo justo para que todo suene así.

Allelujah! Don’t Bend! Ascend! (2012)

Volver cuando se está tan fuera de sitio que queda claro que eres de otra época es algo que encaja bien en cómo ha sido la filosofía como grupo de GY!BE. Hacerlo con varias de las canciones que se quedaron grabadas de la época post-Yanqui UXO, no tanto. Y conseguir que su regreso suene, de puro continuista, demasiado poco vibrante, tampoco.

Discografía de Godspeed You! Black Emperor

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