Golpéame con el ritmo, Billy Griffin

Golpéame con el ritmo, pero golpéame mientras le metes un poco de toque latino a esa base. Hazlo bien que es el turno de levantar por un día una carrera a trompicones. ¿Dónde calienta hoy el fuego? ¿En el Disco? Ahí estaba Billy Griffin en los 80. La intención era quitarse la etiqueta de one hit wonder un año de estos, labor complicada para alguien que había entrado en Motown al final y por la puerta de atrás.

No es fácil sustituir a un hombre que ha logrado vender un millón de copias cantando: “Yo no te gusto, pero te quiero”. Quizá Billy Griffin tuviese ese verso en bucle en su cabeza martilleando todo el rato desde que Smokey Robinson dejó The Miracles y él entró a sustituirlo. “Baby, I don’t want you, but I need you”, qué listo era. Todo con una voz dulce y calmada, de artista del romance fácil, si es que hubiese alguno así.

A The Miracles les había pasado como a muchos de la generación de las boy bands acarameladas de la Motown con el cambio de la década: que el Funk les barrió, tocaba un cambio de sonido entre tanta protesta. Sus odas amorosas precisaban de un bajo gordo calcado del Soul de Chicago de Curtis Mayfield que posteriormente evolucionaría en música Disco. Ahí apareció Renaissance (1973, Tamla), el inesperado levantamiento de un grupo llamado a desaparecer. Billy Griffin aportaba un timbre afinadísimo en unos agudos que parecían quebrarse al menor instante tras mantenerse en el alambre más fino. Una mezcla entre Curtis Mayfield y Sly Stone, pero con la versión amable de Tamla.

Antes de probar suerte en solitario en la década de los 80, Billy Griffin logró dos singles de éxito con su grupo. Ahora él le decía a su chica que viniese y pasase la noche, en un bucle sexual tan bien aprendido de Isaac Hayes y el riff del Blaxploitation. ‘Do It Baby’ no se andaba con rodeos y las listas lo recibieron como se merecía: puesto 4 en la de R&B y 13 en la general de los Estados Unidos como single, el mejor dato en cuatro años para ellos; el LP también entró al cuarto lugar de la lista de R&B y al 41 de la general, logrando casi el segundo mejor registro de la historia del grupo (fue en 1966 con su segundo álbum: Away We a Go-Go, con un puesto 3 y 41, respectivamente).

El gran acierto de Billy Griffin fue ‘Love Machine (Pt. 1)’, esta vez como responsable de la autoría junto al bajista del grupo, Warren “Pete” Moore. Un single que fue directo al número 1 de la lista general de los Estados Unidos y al tercer puesto de la británica. El éxito del tema con la línea marcada del bajo propició que el álbum en el que estaba incluido, City of Angels (1975, Tamla), sí llegase más alto en las ventas generales, hasta la posición 33. El Disco ya iba haciéndose su sitio gracias a George McCrae, Love Unlimited Orchestra, KC and The Sunshine Band, Labelle o Donna Summer, entre otros.

En 1983 Billy Griffin ya volaba solo. Se había ido de The Miracles, pero aprovechó su cambio de sello en 1976 para seguir con Columbia y publicar con ellos sus tres primeros álbumes entre 1982 y 1985. Con el Disco original extinto y más que explotado él llegó a tiempo de dejar otro single de éxito con ‘Hold Me Tighter In The Rain’, una horterada que conquistó Gran Bretaña en el top 20. Lo bueno vendría un año más tarde con su segundo trabajo: Respect.

Era el momento de aprovechar el repunte del Italo-Disco, pero manteniendo las líneas de bajos que en su día le habían funcionado en ‘Do It Baby’. ‘Hit Me With the Beat’ se recrea en lo oscuro, sin dejar que el tema rompa por más que amague, para de repente meter una línea de saxo después de haber creado todo el ambiente, con un final de percusión latina que un año más tarde triunfaría junto a Miami Sound Machine en ‘Dr. Beat’.

El álbum comienza con él pidiendo su novia respecto, para luego dárselas de intensito entre baladas a fuego lento y sintetizadores. Billy Griffin pudo llegar tarde a todos los sitios, haber pillado la escena con retraso, pero lo compensó años después al firmar, junto a Ian Levine, el tema ‘I Found Heaven’ para Take That, escogido como el quinto single de su debut, demostrando que seguía obsesionado por sus percusiones y pianitos, los cuales esta vez le hicieron ver un buen beneficio al alcanzar el millón de copias vendidas. Esta vez, Smokey Robinson sonaría de nuevo en su cabeza, pero con otro mensaje distinto: “Don’t wanna kiss you, but I need to“.

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