Continúa la remesa de grupos post-post-post-punk a los que echar un ojo este año. Empezamos, entre otros, por Iceage, en unos días estará listo el debut de Savages, y hoy hablamos de los Grave Babies, de los que probertoj nos habló hace unos meses. Los de Seattle son otra formación que no se limita a tirar de bajo a degüello y dejar que las reminiscencias a Joy Division hagan el resto. Crusher, su segundo disco, es una lógica continuación de su debut, Deathface, en el que han limado los pecados de este para después ser más ambiciosos y editar un álbum más largo, apuesta arriesgada sabiendo la amalgama de sonidos que ponen en práctica.

Desperate Ground y el mejunje post-gótico-punk

Grave Babies aparecieron en escena hace unos años para moldear su propio post-punk al margen del revivalismo que estaba de capa caída con grupos tan potentes como Interpol o Editors. Lejos de ese sonido pulcro y acongojante que predominaba en la órbita de dichas bandas, los de Seattle parían un interesantísimo debut como Deathface, donde ahogar la oscuridad entre zarpazos lo-fi, ambientes góticos y mucha distorsión.

Cuatro años después llega Crusher, un álbum en el que ese mezclijo bizarro de ruidos eclécticos tiene una digna continuación, aunque excesivamente larga. Mientras que el debut tenía diez cortes, a Grave Babies se les va la cabeza y añaden seis más, algo innecesario ya que les hubiera favorecido más un disco corto en el que no hubiese necesidad de recurrir al relleno. Si bien en el anterior LP alargaban los temas innecesariamente con grabaciones de radio, ahora recurren a temas que no duran ni un minuto, y que, exceptuando el corte que abre el disco, no tienen justificación; sólo entorpecen la escucha.

Pero a pesar de estas asperezas, Grave Babies es un grupo para aquellos que buscan vida más allá del post-punk tradicional. No dudan en meterse en mil barrizales en los que la frontera entre post-punk, rock gótico y sonido de baja fidelidad es difusa, para demostrar que no se trata de uno de esos grupos trámite que escuchar y darle al botón de NEXT. Su bizarrismo está a mitad de camino entre la época pantanosa de The Cure y el desparrame caótico de distorsiones y teclados de Xiu Xiu, que siendo lo suficientemente ecléctico, unas veces les funciona bastante bien y otras les queda demasiado denso, farragoso y peñazo.

Cuanta más sobrecarga, mejor

Su sello distintivo se basa en forzar su sonido, potenciar esas distorsiones de baja fidelidad que tan bien funcionaron en su debut. Para lo contrario, para diseñar canciones lentas y graves que no llegan a la suela del Disintegration, es mejor que no lo intenten, porque los resultados hasta ahora son de anodinos minutos de densidad. Por tanto, les conviene estar más cerca de Xiu Xiu o Blank Dogs, ya que es cuando discurren por caminos no tan típicos y logran crear atmósferas ininteligibles en la que se den cita la oscura intensidad de ‘Skulls’ o el músculo sonoro de ‘Over and Under Ground’.

Estas piezas las podemos encontrar en el primer tercio del disco, la parte más fuerte de Crusher, que es precisamente donde inyectan más sonidos y efectos chirriantes de sintetizadores en su ambiente de sepelio. Porque ya está bien de que los grupos de post-punk pretendan hundirnos en eternos bucles de melancolía. Grave Babies se dedican a poner banda sonora a cualquier cementerio, sonando contaminados pero no lo suficientemente oscuros como para querer inducirte al cortavenismo; lo hacen en su justa medida, como está bien ejemplificado en ‘Slaughter’, aunque por el nombre el cortavenismo se quedaría corto.

Cuando el grupo cae en las garras de los tópicos del género es cuando podemos pasar de corte: ‘Count Cuts’ es la enésima canción joydivisionista que se escucha en cualquier disco de debutantes del género. Es por eso que para poder diferenciarse del resto de grupos depresivos y brillar con personalidad propia, como hacen en varios pasajes del disco, deberían alejarse de estos territorios para seguir apelando a esa combinación de ambientes góticos y mucho lo-fi pidiendo paso.

Considerable relleno entre tanto minutaje

Después de atravesar el olvidadizo corazón del disco, donde se junta el joydivisionismo, las micro-canciones y alguna caricatura de Robert Smith, en el final de Crusher hay otras canciones rescatables en las que encontrar lo que Grave Babies mejor saben hacer, una vez más: forzar, meterle varios efectos a la paleta sonora y removerla hasta que vomite toda la distorsión que pueda. Así tenemos el aquelarre de ‘Death Match’ y la vibrante ‘Haunted’. Todo lo que ocurre después es una sucesión de los vicios anteriormente mencionados, o bajo minutaje o medios tiempos insulsos.

Crusher es un trabajo irregular, menos efectivo que Deathface porque tiene demasiadas canciones y la sensación del relleno que el álbum contiene no se la quita nadie. Un trabajo más corto hubiese disimulado los vicios de recurrir a los puntos comunes y potenciado el efecto de las canciones en las que imprimen su sello personal. Mientras que tiene un inicio muy aceptable, después da bandazos que se codean entre terrenos indiferentes y otros que caen en los tópicos de siempre.

6,5/10

En resumidas cuentas, Grave Babies tienen unos buenos cimientos creativos, sobradamente demostrados en su debut, y una personalidad que explotar. En el momento en que dejen de mirar por el retrovisor a décadas pasadas, estaremos hablando de un gran grupo. Hasta entonces, disfrutaremos de sus canciones de forma salteada.

Más en Hipersónica | Grave Babies: ¿se van a poner de moda las tumbas de nuevo?

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments