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Graveyard en concierto en Gijón (Sala Acapulco, 17–05–2013): fabuloso hard & blues

“Graveyard — Gijón by Juan Tomé” src=”http://img.hipersonica.com/2013/05/Graveyard-Gijon-2.jpg» class=”centro” />

Que Graveyard estuviera en Gijón era suficiente aliciente como para acercarse a la Sala Acapulco para disfrutar de esta excelente banda de rock duro con raíces sententeras y el blues como principal argamasa. Competían con la final de la Copa del Rey de Fútbol y con la primera jornada del Gijón Sound Festival, pero que hubiera una más que notable entrada fue algo verdaderamente sorprendente.

Algo tendría que ver la fama que le precedía a este cuarteto sueco que para nada parece estar anclado en aquella década que tan buena música nos dejó. Cuatro barbudos comandados por un Odín de melena rubia, Joakim Nilsson, que en vez de usar los tradicionales amplificadores Marshall venían provistos de unos coquetos Orange, con el mismo rendimiento.

No vi reverencia alguna en su puesta en vivo a los clásicos. Quizás lo único negativo que se podría apuntar en su impecable tarjeta fue el excesivo estatismo que mostraron encima del escenario.

Porque el resto fue una auténtica exhibición de hard & blues servida en una dosis de ochenta minutos con un sonido bastante bueno y un programa de luces muy bien diseñado. Sobra decir que con técnicos propios se marca la diferencia entre un concierto del montón y uno bueno, y en la Acapulco rara vez aparece un técnico de luces con una banda.

En esa hora y veinte, Graveyard presentaron Lights Out, uno de los mejores discos en su estilo publicados en 2012. La banda sonó totalmente compenetrada desde los primeros minutos y ‘An Industry Of Murder’ puso inicio a un recital que creo que colmó las expectativas de todos. A los que mostraban caras de bien pero podrían haber estado más entregados habría que decirles: es que son suecos.

Cayeron todos los hallazgos de su última entrega, que hicieron casi al completo: pildorazos como ‘Slow Motion Countdown’, ‘Seven Seven’ o ‘Goliath’, la última antes de irse a camerinos, y momentos más reposados y disfrutando del blues como ‘Hard Time Lovin’. De otros discos sonaron ‘Hisingen Blues’, de su segundo álbum, o la pesadísima ‘Buying Truth (Tack & Förlåt)’. El bis fue inapelable: ‘Endless Night’ y ‘Evil Ways’ dejaron el listón lo suficientemente alto como para desear volver a verlos.

Fotografía | Juan Tomé
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