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Gruff Rhys — American Interior

Hay muchas formas de llegar a las cosas. Habitualmente, dicen, la más simple es la correcta. Está claro que no siempre es así, pero no está el mundo actual como para ponerse a dar interminables vueltas, como para dotar de mayor protagonismo a los actores secundarios. Y eso está mal. Lo miréis por donde lo miréis. Para una pragmática vida diaria puede tener una razón de ser, pero para cuando nos evadimos, y encontramos un rato en el que disfrutar del paisaje, podremos ver que el mérito de que vuestro río favorito baje tan bien vestido es, al final, de ese magnífico afluente que lo abrazó ladera arriba. El Missouri dando el empujón definitivo al Mississippi tras recorrer en soledad siete estados americanos. Dibujado por primera vez por John Evans, explorador galés al que su compatriota Gruff Rhys ha dedicado este disco, el cuarto en solitario, tras una carrera plagada de éxitos al frente de los grandiosos Super Furry Animals.

American Interior: un comienzo plagado de efervescencia

Y es que por muy de Gales que sea uno, American Interior no podría haber resultado mejor título para este trabajo, lleno de country y aroma a rancho y folklore norteamericano. Dicho sea esto con el margen que Gruff Rhys deja a la locura, a la psicodelia y a la enajenación que busca escaparse de etiquetas. Esa locura marca de la casa de este hombre socarrón y de gran cabeza que, de nuevo, ha conseguido divertirnos durante un buen rato con temas que mejoran el humor de cualquiera. Principalmente en un comienzo en el que ese punto psicodélico parece que pasa a mejor vida, dejando a un lado esa intro que lleva por nombre ‘American Exterior’, y un mundo de pop sosegado parece adueñarse del destino del disco desde que apenas empieza. Y que lo hace de la mano (insisto, obviando la intro), de un tema luminoso y fantástico, que además da nombre al disco. Disfrutando de la catástrofe, de lo poco acogedor que resulta el corazón de un país que termina siendo un continente entero. Gran forma de empezar, la de Gruff.

Aunque esta cara inocente de Gruff Rhys es, en realidad, mentira. Aquí nos ha podido siempre el cachondeo, incluso cuando queremos currarnos un álbum de aire conceptual. Alegría, emoción, donación de aire puro, insuflado directamente a los pulmones sin tener que pararse en ningún peaje previamente. Entrando directamente en la energía de ‘100 Unread Messages’ y que no cede un ápice con ‘The Whether (Or Not), a ritmo frenético, llevando la locura al volante de American Interior, en lo que apenas son sus primeros instantes. Fantástico inicio corriendo como pollo sin cabeza, como cuando huyes de Satanás. Aunque si me preguntáis a mí, personalmente a mí, cuál es el terreno en el que el vocalista de Super Furry Animals se desenvuelmente con más soltura, ese sería la delicadeza de medios tiempos como ‘The Last Conquistador’. Los mejores diamantes que ha tallado nunca Gruff Rhys, aquellos al estilo de ‘Juxtapozed with U’, maravillas domésticas que firma como si nada, como sin darse la importancia que temas tan redondos merecen.

La locura transitoria de Gruff Rhys

American Interior no está exento de terrenos arenosos. Antes de adentrarse en lugares de los que uno no sabe si podrá salir con vida, ‘Liberty (Is Where We’ll Be)’ es uno de los últimos cortes sencillos que echarnos a la boca, de nuevo más pausado e idénticamente evocador. Pero si hay algo que ha marcado la carrera, en cualquiera de sus momentos o formaciones, de Gruff Rhys, es la locura transitoria. El llevar en un momento determinado sus composiciones a un número de vueltas de tuerca que amenace (e incluso a veces consiga) con pasarse de rosca. No hay miedo, hace ya mucho que podemos hacer lo que nos venga en gana. Porque nuestra carrera ya está lo suficientemente consolidada para permitirnos enajenaciones como ‘Allweddellau Allweddol’ y porque, además, ésas son otras de nuestras señales identitarias. El sobresaliente inicio pierde algo de fulgor cuando avanzamos hacia el final. ‘The Swamp’, efectivamente, acaba ahogándose a sí misma, aunque paranoias como ‘Iolo’ vuelvan a subirnos las expectativas.

7.4/10

Además, por mucho que sea cierto que parte de la magia se vaya diluyendo, no hay un sólo tema de American Interior que no tenga una buena roca a la que agarrarse, con la que coger el impulso suficiente para afrontar el siguiente paso en nuestra escalada. Ese pedal-steel de ‘Year of the Dog’, por ejemplo, enriquece cualquier corte del mundo, fusionándose con ‘Tiger’s Tale’, a modo de celebración final, hasta con un toque gospel (o al menos, yo se lo doy). Ciertas dudas, muy pocas pero alguna, que no enturbian el resultado de un disco que alcanza una nota final fantástica. Seguramente, por encima de la media que Gruff Rhys nos ha ido aportando con sus trabajos en solitario. Una pieza de suave textura, que asienta muy bien en paladar y asegura una digestión fantástica. Porque a veces la forma más simple de llegar a las cosas no es siempre la correcta. En ocasiones el afluente aporta muchas más respuestas que el río principal, por mucho que éste último se lleve la fama.

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