“Axl Rose haciéndose un Lemmy” src=”http://img.hipersonica.com/2012/07/gnr3.jpg» class=”centro” />

Supongo que esta será de las pocas veces que mi seudónimo sea relativamente congruente con los grupos de los que hable, así que aprovechemos para comentar una de esas ocasiones en que la nostalgia, las giras de reunión, el paso del tiempo y los líderes de banda que se apropian del nombre de la banda para, con otros músicos, sanear su cuenta bancaria y especular con su legado. Y no, en esta ocasión no hablaremos de los Smashing Pumpkins. En Palma se cerraba la gira de Guns N’ Roses, y contaban como teloneros a los también reunidos y ¿recuperados para la causa? The Darkness.

Cuando la actitud compensa una creatividad esquiva

The Darkness, tras los problemas entre los hermanos Hawkins, el intento de carrera en solitario de Justin incluyendo su participación en la preselección de la canción de Eurovisión de su país y más problemas con las drogas, se han reunido para volver a girar y lanzar un nuevo disco, Hot Cakes, que saldrá a la venta el próximo 20 de agosto. En febrero Visnuh nos adelantaba ‘Nothing’s gonna stop us’, y durante el concierto dejaron caer otros nuevos temas, como ‘Everybody have a good time’ o ‘Every inch of you’, que si bien no desentonaron demasiado en el repertorio, sí dejaron claro que están bastante lejos de la pegada del infravalorado One way ticket to hell… and back y del debut Permission to land, que llevó el protagonismo del concierto.

De manera lógica, la cuota del nuevo disco (únicamente tocaron aquellas canciones que ya han sido promocionadas como single) entra dentro de lo aceptable en un show de 1h15min, pero que la única concesión a su segundo disco fuese ‘One way ticket’ deja a uno con la mosca detrás de la oreja. Principalmente, porque era un disco más que disfrutable y, segundo, porque si la tendencia es esa, la dependencia de su primer álbum se irá incrementando si, como se intuye, el nuevo disco no remonta el vuelo en su trayectoria.

En cuanto al show, la verdad es que muy poco se puede recriminar al grupo. Lo pusieron todo para llevarse de calle a la media entrada que ya estaba en el recinto cuando empezaron a tocar, y que poco se fue llenando hasta su despedida. Actitud, sonido, ambición para mover al público y la vanidad necesaria para que un grupo de hard rock convenza a su audiencia. Si a eso le sumamos el punto paródico de un grupo divertido, el carisma de su histriónico vocalista, y las referencias a los grupos en los que se inspiran, conformamos un espectáculo tremendo, que supo aprovecharse de la afluencia británica al concierto para dejar más que un buen sabor de boca entre los asistentes. Hasta el garbeo entre el público de Justin mientras tocaban la final ‘Love on the rocks with no ice’ quedó “justificado” dentro de su actitud de “devoradores de estadios”. Puede que su nuevo material, por lo que hemos podido escuchar, sea (bastante) inferior a lo que habían hecho hasta ahora, pero en directo pocas bandas resultarán tan divertidas y, a la vez, tan consistentes.

“Axl “burbujita de Freixenet” Rose” src=”http://img.hipersonica.com/2012/07/gnr2.jpg» class=”centro” />

Guns n’ Roses: pésima estrategia, regulares resultados

Sin embargo, con estos reformados Guns n’ Roses, la sensación no fue tan gratificante. Ni siquiera obviando los 50 minutos de retraso con la que salieron al escenario, ni las 3 horas de concierto, ni los varios highlights de su actuación (porque haber, los hubo) podremos concluir que el concierto valió para algo más que para tachar un grupo más de la lista de conciertos de bandas clásicas pendientes. Y es que, lamentablemente, su concierto tenía las suficientes grietas como para que un transatlántico como el suyo coquetease con el naufragio en varias ocasiones de la actuación.

En primer lugar: ¿merece Chinese Democracy el mismo trato que Appetite for Destruction? Por mucho que fuese su último disco (¡pero que ha sido publicado hace 4 años!), uno de los más esperados de la historia (más por duración del hiato que por esperanzas) y porque, básicamente, es el grabado con su nueva formación, 7 canciones para él se antojan excesivas teniendo en cuenta que ya ha comprobado cómo son recibidas en los conciertos, con una mezcla de desdén, distancia y hasta desconfianza. Axl, no te lo tomes a mal, pero todo el esfuerzo y dedicación que has puesto en ese disco no lo apreciamos con la misma intensidad que tú. Es un disco pasable, incluso bueno, pero fuera del contexto espacio-temporal que merecía. Pero eh, también es lo que le pasó al Second Coming de los Stone Roses, lo que probablemente le pase a ese disco que nunca sale de My Bloody Valentine, y que, por ejemplo, solo una joya como Third pudo salvar de la quema a Portishead. Sonaron impresionantes ‘Better’ o ‘This I love’, incluso la inicial y rabiosa ‘Chinese Democracy’, pero en el cómputo global, cada canción de este álbum suponía una interrupción al ritmo del concierto, una pequeña arenilla en el zapato. Pero no eran las únicas esquirlas de la actuación.

https://www.youtube.com/embed/LybP_FYfOU8

Asimismo, el exagerado número de versiones para un grupo de su calibre, con un repertorio que podría ser planteable como un “grandes éxitos”, transmite desconfianza y falta de autoestima. ‘Knocking on heaven’s door’ y ‘Live and let die’ entraban en las quinielas, pero recurrir (y precisamente en los bises) al ‘Whole lotta Rosie’ de AC/DC y a ‘Dead flowers’ de los Stones, así como los interludios previos acaparados por ‘Baba O’Riley’ y ‘Another brick in the wall’ no creo que fuese pertinente.

“Guitarras que echan humo” src=”http://img.hipersonica.com/2012/07/gnr1.jpg» class=”centro” />

¿Hay alguna otra traba importante que condicionase el concierto? Sin duda, la relación recíproca de causalidad entre un sonido irregular, incluso deficiente por momentos, en las partes más rutinarias de las canciones, con el majestuoso y efectista sonido en los estribillos y en los mastodónticos solos de guitarra era más digno de unos trileros del rock, o de una orquesta bizarra, que de unos dinosaurios como ellos. Vamos, que se les veía tanto las costuras al espectáculo que te sentías incómodo, como cuando una chica que te impresionaba de madrugada se desmaquilla y se quita los tacones, la bragafaja y el sujetador con relleno. Si esos decibelios de más, y alguna que otra explosión y llamarada en algunas canciones, junto con unas proyecciones demasiado tópicas (y marcadamente más elaboradas para las canciones de Chinese Democracy) son la Viagra que necesita un cincuentón como Axl Rose; adelante, pero que eso no nos impida ver la realidad: los momentos brillantes de Axl Rose son cada vez menos numerosos y más fugaces. Su voz se resiente y ya no es que no brille como antaño; es que durante bastante parte del concierto parece que la necesite forzar para no desentonar demasiado.

¿A pesar de esto ha merecido la pena? Pues, a pesar de todos estos pesares, los momentos destacados eran prácticamente un suspiro generalizado, un momento a guardar en el disco duro. La majestuosa ‘November Rain’, una rabiosa y ruda ‘Welcome to the jungle’, una intensa ‘Civil War’… hasta una (demasiado) contenida ‘Don’t cry’ merecían el aplauso sin concesiones. Aún así, prácticamente palidecieron al lado del broche del concierto con una absolutamente soberbia ‘Paradise city’, que ni el colplayano confeti pudo estropear, mientras todos guardábamos su recuerdo en nuestras retinas. Pero ay, esa última hora de concierto, con bastante gente abandonando el concierto (que el lunes había que madrugar), y con la otra tanto bufando por lenta agonía que suponía una nueva jam y otro cambio de vestuario de Axl. Ay de ese repertorio descompensado, de ese sonido irregular y henchido, de ese recelo por satisfacer simplemente la nostalgia ajena cuando el indefinido presente no es gratificante. Ay, Axl, qué pena que tú mismo mines tu espectáculo.

Imágenes | Web oficial de Guns n’ Roses
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