Hamlet en concierto en Gijón (Semana Negra, 08–07–2014): jugando en desventaja

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Hamlet no es que se prodiguen mucho por mi tierra y menos en conciertos al aire libre como el del pasado martes en Gijón. Los lectores habituales ya sabrán lo que es eso de la Semana Negra, un evento al aire libre con la excusa de fomentar el encuentro entre el público y escritores de novela negra. Pero es mucho más que eso: exposiciones, tenderetes con multitud de puestos de librerías, bisutería, ropa, material vintage, y lo peor de todo, es también hay carpas con variopintos restaurantes y sus respectivos olores, tómbolas, atracciones de feria cada una con su atronador sonido y en medio de todo eso un gran escenario donde cada día hay una actuación a las 22:30 horas.

Hamlet parece que se avergüenzan de su etapa más accesible

Pues en ese entorno tocaron Hamlet un día entre semana, con público variopinto que huía cuando escuchaban lo que se cocía allí y unos cientos de fieles, serían aproximadamente unos seiscientos, que disfrutaron, y es un eufemismo, del show de la banda madrileña.

Pocos sabían que Alberto Seara, uno de los grandes técnicos de este país vinculado a los estudios Cube, estaba en la mesa a cargo de la PA. Le bastó una mesa digital diminuta, como de baby fever para sacar adelante un bolo difícil en el que todo lo que rodeaba el escenario era negativo.

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No fue fácil conseguir que Hamlet le sacara todo el jugo a su actual propuesta. El comienzo con ‘Irracional’ fue un tanto caótico y J. Molly y Luis Tárraga, los capos de la banda, no consiguieron dejarnos con la boca abierta con ese tema, una de las piedras angulares de Sanatorio de muñecos. El disco además lo han remasterizado y cuando se cumple su vigésimo aniversario lo tenemos en todo su esplendor.

Al menos, consiguieron aplacar la contaminación acústica del entorno y fueras donde fueras dentro del recinto se estaba escuchando a Hamlet. No con la crudeza y nivel de presión sonora que se esperaba pero es que tampoco se estaban jugando su reputación, ni era un bolo a taquilla en una sala en el que nadie de los que habían pagado la entrada tenía que salir satisfechos.

En el paraíso natural de todo es gratis, ver a Hamlet en Gijón costó cero euros, y no era cuestión de desaprovechar esa oportunidad. En ‘Egoísmo’, de Revolución 12.111, nos hicieron fruncir el ceño y decir algo así como: ¿pero qué están probando?

Todo era imposible que sonara bien, o buscabas definición y rudeza metálica adelante o visceralidad y unos Hamlet con las guitarras y el bajo aguitarrado dominando y J. Molly intentando con sus idas y venidas por el escenario, sus saltos y gestos, ganarse al público.

A la postre lo consiguió, pero Hamlet parece que se han ido progresivamente olvidando y/o avergonzando de su etapa más amable: la de los discos Syberia y Pura vida, e incluso obviaron La puta y el diablo, su único disco con Roadrunner y a la postre el que peor crítica y reconocimiento tuvo por parte de sus seguidores.

Tiraron de infalibles clásicos de su repertorio más clásico

Tirando de infalibles clásicos del pasado lejano: ‘Habitación 106’, ‘Vivo en él’, ‘Esperaré en el infierno’, ‘Limítate’, ese inmenso corte que habría su álbum negro, ‘Antes y después’, ‘Tu medicina’, ‘Vivir es una ilusión’, de El Inferno, y dos únicas incursiones en Amnesia, su hasta la fecha último disco de estudio, con ‘Deja, vu’ y ‘Un mundo en pausa’.

Hamlet estuvieron rocosos, dieron ocasión al pogo y al wall of death, y nos aseguraron que veinticinco años son toda una vida pero para ellos ha sido un abrir y cerrar de ojos. ‘J.F.’, ese himno cuya letra sigue estando de plena actualidad, fue el único bis de los poco más de ochenta minutos de concierto. ¡Hamlet rules!, y muy pronto tendremos el DVD en directo Vivo en él, fruto del crowfunding, y a finales de año, o quizás a principios de 2015, La ira, ese nuevo elepé que nos han prometido.

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