Hard-Fi tuvieron la tremenda suerte de ser los padres de Stars of CCTV, aquel cúmulo de placeres que han aguantado impertérritos el paso del tiempo que los colocó en un lugar privilegiado en la plana musical inglesa, siempre ávida de comparaciones con sus dinosaurios que no todos aguantan. Los de Surrey, sin embargo, no mantuvieron sus buenas gracias entre los acólitos de la crítica con su segundo álbum.

Killing Sounds es ese escurridizo tercer disco que, tras un resbalón, tiene sobre sus espaldas la complicada tarea de salvarlos de la quema o tirar la primera cerilla al barril de gasolina. Lejos de adentrarse en el planteamiento que los llevó a ser considerados una de las bandas más interesantes que había salido en los últimos años de la pérfida Albión, han buscado la receta del éxito buceando entre los estilos que copan el panorama actual y les han dado un sutil barniz de propiedad que, sí, cuela. Y mucho.

Sorteando los peligros del maisntream sin renunciar a él

Hard-Fi ya no son una banda de rock indie. Es una de las conclusiones más rápidas que se extrae de las escuchas repetidas de Killer Sounds. Se han despojado de los atavíos que los llevaron al éxito y han apostado por acercarse a las líneas de la música comercial. No, no han vendido su alma al diablo ni han hecho un cambio de acera radical a lo Bon Jovi, así que sus tradicionales seguidores pueden permanecer como tal. Sin embargo, es obvio que han aprendido un par de cosas de Once Upon a Time in the West.

Han traspasado la delgada línea que separa el rock del pop de guitarra y se han instalado en este último cómodamente. A la receta le han añadido cuantas influencias les han caído encima a lo largo de los años, desde The Smiths o Clash hasta arreglos de corte hindi, sitar incluído. Todo vale cuando te atreves descaradamente a salir de entre las sombras y a reclamar una portada en cualquier seminario mainstream.

La mezcla les ha dado resultado. Killer Sounds es ese cóctel que sobre el papel parece insalubre como la lejía, pero que bebes sin pensar en las consecuencias del día después. Combinar electrónica, ir de la mano de Stuart Price y no prescindir de los arreglos más extravagantes, a día de hoy, suele ser sinónimo de monotonía, ordinariez y ausencia de creatividad. Creo que todos conocemos los ejemplos más cercanos de cuantos se han pasado a la seudo-electrónica en un afán de protagonismo que, al final del día, ninguno consigue.

El tracklist exuda autoconfianza, y por momentos nos lo llegamos a creer. Nos creemos que ‘Good For Nothing’, el corte que lo abre, es un auténtico himno. Quizá porque viene respaldado por un segundo corte que sí hace todo lo que tiene que hacer, y que ya ha sido single, ‘Fire In The House’. Nos creemos la ironía de ‘Killer Sounds’, los consejos estúpidos que nadie necesita y que enervan más que tranquilizar. Nos creemos a Hard-Fi porque queremos, porque el giro que han dado no ha sido tan radical y está lo bastante bien camuflado como para que lo compremos. Porque entre los acordes de los pianos se intuyen los de aquel lejano ‘Hard To Beat’ o ‘Better Do Better’. Nos los creemos porque, por lo menos, no nos están llamando gilipollas a la cara.

 

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