No entré a Hipersónica a tiempo para poner a H (Origami, 2012) en su debido lugar, bastante alejado de la valoración de mi compañero Ajjulia en su momento. Decía a raíz del disco que lo más peligroso para una banda era que te recordara más a otros que a ellos mismos. Claramente lo veo bastante irónico dicho sobre el disco que más refleja lo que son Havalina en cuanto a sonido, sin esconder demasiado sus referentes pero plasmando casi mejor que nunca su personalidad.

No obstante, había también cierto grado de acomodo y de conformismo en ese disco, nada grave pero quedaba ese aura propia de lo que denominamos como disco menor. Ofrecía justo lo esperado de ellos, y quizá es justo lo más achacable a un disco que no ofrecía tanta sorpresa como sus dos estupendos predecesores, pero sus buenas canciones ayudaron a hacer de él un disco más notable. La cuestión es cómo atajar el siguiente disco, tras ofrecer no tu mejor disco sino uno de los que mejor te definen.

Havalina, buceando más profundo

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Quizás la mejor jugada que podía ejecutar el trío madrileño sea, justamente, apostar por seguir redimensionando su sonido, jugar más allá de sus cuatro esquinas tan bien definidas, y eso lo plasman en Islas de Cemento (Origami, 2015), su octavo disco de estudio. Tardé un poco en darle una oportunidad a dicho disco, a pesar de que el cañonazo post-punk del adelanto ‘Un reloj de pulsera con la esfera rota’ me resultó bastante convincente. Reconozco que los primeros acercamientos me resultaron algo inestables y no terminaba de conectar con lo que Havalina estaban intentando diseñar.

Cabe aplaudir la valentía del grupo para atreverse a llevar más lejos los límites de su propio sonido y conseguir seguir sorprendiéndonos a éstas alturas

Sin embargo, a medida que se iban sucediendo las escuchas iba poco a poco desmenuzando las barreras y las feas aristas para apreciar el trabajo en toda su esencia. El grupo ha llevado al máximo algunas de sus influencias y en ocasiones llega a retorcerlas para sacarles más jugo. Podríamos estar perfectamente ante uno de sus discos más oscuros en cuanto a sonido pero también de los más complejos, de ahí que resulte difícil de asimilar en un primer contacto. Influye también el hecho de tener pepinazos directos de la talla de ‘Viaje al Sol’ o ‘Desierto’, aunque bien podríamos afirmar que no los necesita teniendo en cuenta que los objetivos parecen ser otros.

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Y es que el concepto “directo” no parece tener cabida en un disco que con 11 canciones se te va casi hasta la hora de duración, sacando temas de 6, 7 y 8 minutos casi sin despeinarse. Ahí llega a notarse bastante la influencia de The Cure en una banda como ésta, llegando a emularla con bastante soltura y más músculo en varios puntos, por ejemplo ‘El olmo centenario’. Tema que, además, marca el inicio donde el álbum crece y se vuelve más interesante, no tanto porque la segunda mitad sea mejor que la primera sino más bien debido a que es un disco que sabe ir desarrollándose e ir de menos a más.

7.8/10

Cabe aplaudir la valentía del grupo para atreverse a llevar más lejos los límites de su propio sonido y conseguir seguir sorprendiéndonos a éstas alturas. El toque tan Doom Metal de ‘Cementerio de coches’ sencillamente me deja sin habla, y el combo que forma con ‘Lluvia en el cementerio de coches’ es espectacular, formando una magnífica recta final con el broche de ‘Ulmo’. No podemos decir que Havalina nos lo haya puesto fácil esta vez, pero está claro que merece la pena explorar estas Islas de Cemento porque han conseguido superarse a sí mismos, aunque sin llegar a la cima de Las Flores Secas (Origami, 2010).

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