Slack es un lugar donde las personas racionales dilapidan su productividad en aras de, ocasionalmente, llegar a ideas brillantes espantosas. Ayer, Hipersónica tuvo uno de esos raros momentos, los planetas alineados, en los que una conversación delirante terminó en un post. El post es este: he repasado Un día en el mundo (Pequeño Salto Mortal, 2008) a ver qué tal. Un día en el mundo, el debut en largo de Vetusta Morla. En 2015. Con un par de huevos.

Lo primero, ¿Vetusta Morla? Sí, amigos, hubo un tiempo no lejano en el que mis 18 años abrazaron sin demasiado rubor las doce canciones de Un día en el mundo, quizá la piedra fundacional del Indietex, de los festivales de carteles clónicos y de la Dominación Cultural del blanquito de clase media acomodada. En su día, me resultó un disco importante. Hoy ya no lo es, pero su memoria ha pervivido con cierta comodidad en los rincones de mi cerebro, juzgándolo de forma benevolente e incluso positiva pese al inexorable transcurrir del tiempo, de otros grupos que se parecían a Vetusta Morla y que no me importaban, de otros discos de Vetusta Morla que no me interesaban, y de otros grupos a los que imitaba Vetusta Morla a los que tampoco prestaba mayor atención — hola, Radiohead — .

Precipitada conclusión: madurar es pasar de Thom Yorke.

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Y en fin, Un día en el mundo protagonizó en su día algunas de las discusiones más fantasiosas que jamás hayan albergado los comentarios de Hipersónica — recordamos: ningún editor de entre todos los presentes en 2009 tuvo a bien a considerarlo entre los 50 mejores debuts nacionales de la pasada década — . Se da la graciosa circunstancia que varios de los editores que posteriormente entraron en Hipersónica criticaron aquella decisión, de modo que, ¿cuál es nuestra posición oficial ahora mismo? Dada la lejanía del disco — y su irrelevancia, no nos engañaremos — , sería como preguntarnos por nuestra agria polémica con Iñaki Gabilondo. A no ser que lo escucháramos de nuevo, claro, en cuyo caso podríamos emitir un juicio #sincriterioalguno.

Y en esas he desperdiciado casi una hora de mi martes noche.

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La primera sensación que me invade al escuchar ‘Autocrítica’ es una absoluta y honda decepción. El disco ha envejecido con sorprendente soltura, y sigue en el mismo punto exacto que permanecía a finales de la década pasada: un híbrido discreto entre el pop de orientación mayoritaria y guiños más o menos evidentes a grupos de corte independiente. Un día en el mundo es el término medio inofensivo que alcanzó un estatus de clavo ardiendo para unos y recipiente-de-todo-el-mal-que-alberga-el-mundo para otros, en un desarrollo de los acontecimientos alternativo y paralelo a la esmerada producción, inocua lírica y amigable instrumentación que define el sonido del disco.

Un artefacto ambiguo, bien hecho y ganador

Quizá esa posición algo ambigua — aunque sin duda pocos detractores se la concederán — le colocó entre dos tierras, entre dos mundos, condenados a no comunicarse. Respirando de forma algo profunda y observando la trayectoria previa del grupo, larga y reducida a la autoproducción, Un día en el mundo conserva un puñado de canciones bastante apañadas. ‘Copenhague’ ha sido explotada hasta la extenuación — un saludo, Patxi López y Eduardo Madina — , pero contiene la dosis adecuada de vaguedad conceptual y melancolía sonora para no caer ni en la pornografía emocional ni en la inaccesibilidad retórica. Resultado: sí, una canción que casi cualquier persona, sea cual sea su filiación sonora, puede disfrutar sin reparos.

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Funciona de forma parecida ‘Sálvese quien pueda’, aunque aquí los trucos se aprecian a kilómetros y las costuras se han resquebrajado con el paso de los años, quizá por haber asentado un canon al que un sinfín de grupos clónicos se subieron más tarde. Pero, en fin, la historia le ha sentado fatal, y sí termina resultando cargante y molesta.

Con la distancia que otorga el tiempo, Vetusta Morla lo hicieron aquí mucho mejor, con más finura y sentido, que todos los grupos que se apuntaron a su estela

Por ahí sigue funcionando mucho mejor ‘Valiente’, que además sirve de contrapunto excelente al punto florido de ‘Copenhague’: es el corte más dinámico del disco, y un terreno, no upbeat pero sí acelerado, en el que el resto de grupos de su generación ha patinado de formas extravagantes y vergonzosas. Bien por ellos entonces, bien por ellos hoy. Lo mismo para ‘Un día en el mundo’, donde el grRadiohead… Perdón, donde el grupo opta pRadiohead… Ejem, donde el grupo opta por un medio tiThe Bends… Esto, donde comprobamos una vez más que The Bends (Parlophone, 1995) es posiblemente el único disco donde Radiohead acertaron al apostar por las canciones, y nada más que las canciones, y no tanto por las ínfulas temáticas y conceptuales.

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Llegado a ‘Pequeño Desastre Animal’, lo siento, he de rendirme a nostalgia. No a la de Un día en el mundo — pasado, por cierto, y en consecuencia carne de mitología — , sino a la mía misma, a mis días entre 2008 y 2010, e incluso más allá, en 2011, cuando les vi dos veces en directo, una de ellas irreprochable. El verano es 2009, y el disco es un cúmulo de canciones de sonido acolchado, sin aristas, redondo y suave, un recipiente transparente y bien hecho en el que caben todas las emociones y recuerdos que yo desee depositar — todos melodramáticos — . Pop radiable y orientado, clásico pero renovador, que cada uno moldea a su antojo, sabedor de que al jugar con él no puede hacerse más daño del que desee infligirse a sí mismo.

Casi ocho años después, el incontestable éxito de Vetusta Morla es lógico. Desconozco qué ha sido de ellos después de este disco, pero aquí tenían un artefacto triunfal, ganador.

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En este viaje hacia mi yo del pasado que ha resultado ser Un día en el mundo en pleno 2015 me quedo con la misma canción que hubiera elegido en 2009: ‘Rey Sol’. Sigo creyendo que la densa nebulosa — impostada pero efectiva — en la que se introducen de forma deliberada es su mejor momento, el mejor aval de un disco que, ponderado con justicia desde su inicio hasta su final, no merece reproche alguno. A mí, para mi sorpresa tanto tiempo, tantos otros discos y tantas otras personas después, ‘Rey Sol’ ha conseguido volver a ponerme en guardia, especialmente en esa arrebatada recta final donde la frontera entre lo meditado y lo visceral se funden, por primera y puede que por última vez, en Vetusta Morla. Desconozco si es la canción o si es lo que asocié a esa canción, pero sea como fuere, funciona, evoca, prende. Y eso es un éxito.

En ‘Rey sol’, desconozco si es la canción o si es lo que asocié a esa canción, pero sea como fuere, funciona, evoca, prende. Y eso, al margen de la naturaleza de la canción, es un éxito

‘La cuadratura del círculo’ puede seguir siendo ese indefinido cúmulo de agresividad ficticia ideal para blandir contra quienes acusan a Vetusta Morla de radio-friendly; ‘Año Nuevo’ es todo lo contrario, y el momento pornográfico de Un día en el mundo; ‘Saharabbey Road’ es, fue la canción que todo programa televisivo buenrollista utilizó para montajes näive; ‘Al respirar’ es, con toda probabilidad, el funesto camino gris, mucho menos atractivo al que Vetusta Morla se dirigían tras un debut así. La senda para conquistar estadios, supongo. Quemado este cartucho, aquel era el camino: una serie nacional de Antena 3, un cierre del Telediario el viernes noche.

https://www.youtube.com/embed/24JO_j5oVCc

“He repasado Un día en el mundo a ver qué tal”. Y bien, la verdad, mejor de lo que creía recordar. Sigo pensando que se necesitan demasiadas energías para detestar a Vetusta Morla, que es un grupo que no da para tanto. Un día en el mundo es un legado respetable y reivindicable.

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